Opinion · Tierra de nadie

Díaz Ayuso nos representa

Puede que la presidencia de la Comunidad de Madrid esté maldita o que tengamos muy mala suerte con quienes se encaraman a ella desde las filas del PP, pero lo cierto es que cuando con ellos no llega el escándalo lo que llama a su puerta con los nudillos es una imputación judicial. Para no romper la tradición, que en esto los populares son muy mirados, Isabel Díaz Ayuso ha accedido al cargo con uno de esos asuntos en los que se entremezclan el tráfico de influencias y un presunto alzamiento de bienes con el resultado ya conocido de cientos de miles de euros de dinero público vaporizados.

La historia se remonta a 2011. La familia Ayuso obtuvo de Avalmadrid, un ente semipúblico dependiente de la Administración regional, un aval de 400.000 euros para una de sus empresas, con la única garantía de una nave que incumplía la normativa urbanística y cuyo valor de tasación apenas si superaba la mitad de lo concedido. Para conseguir esta bicoca que hubiera sido inalcanzable ante la ventanilla de una entidad de crédito privada, la hoy presidenta realizó distintas gestiones ante la viceconsejera de Economía de la Comunidad, que fue quien la puso en contacto con un directivo de Avalmadrid.

El crédito se concedió comme il faut y contra el criterio de los encargados de estudiar el expediente. Antes de que se produjeran los primeros impagos del crédito, tanto Ayuso como su hermano aceptaron la donación que les hizo su padre de su patrimonio inmobiliario, de manera que no pudiera ser objeto de embargo por el incumplimiento de sus obligaciones de pago, algo que en la jerga jurídica constituye un alzamiento de bienes de libro. Avalmadrid no llegó a percibir un solo euro de su generosa contribución a esta familia tan emprendedora, los Ayuso conservaron sus propiedades y los contribuyentes pagamos la fiesta a escote que para eso estamos y para menos también.

Acorralada por estas informaciones, la presidenta más liberal que vieron los tiempos, al punto de que su mentora Esperanza Aguirre acabará pasando a su lado por socialdemócrata, ha argumentado que  se trata de un asunto antiguo y personal que ahora se airea con muy mala fe para dañar la reputación empresarial de su difunto padre y su propia proyección política. Ayer mismo, en una entrevista con Telecinco, Ayuso venía a decirnos que hizo lo mismo que hubiera hecho cualquiera para evitar ir a vivir bajo un puente, tan solicitados últimamente por sus vistas y su mampostería de piedra.

Y es en este punto donde se equivoca o donde se hace visible su modestia. Muy pocos tienen la influencia suficiente para que te atienda la número dos de Economía y te facilite el contacto de un directivo de una entidad crediticia pública que, a su vez, se desvela para concederte un aval sin garantías con la oposición de sus técnicos. Muy pocos, salvo si eres del PP de pata negra y estás en el Madrid de la charca de las ranas, son capaces de conseguir por su cara bonita 400.000 euros de los que no devuelven ni un céntimo. Y muy pocos evitan después el embargo de sus bienes con una presunta donación fraudulenta sin que la entidad crediticia inste el embargo o ponga el caso en manos de la Justicia.

Ayuso, por tanto, no es como todos ni ha hecho lo mismo que haría cualquiera en su lugar. Por eso puede ser presidenta de Madrid y los demás no: porque cumple los requisitos del cargo y respeta las tradiciones. Esta mujer nos representa. Viva el vino, que diría Rajoy.