Opinion · Tierra de nadie

La reina de las ranas también criaba cuervos

Como en esto de la corrupción del PP diluvia sobre mojado, que el juez haya decidido imputar a Esperanza Aguirre y considerarla indiciariamente el cerebro de la caja B con la que financiaba sus propias campañas electorales entra dentro de la lógica más aplastante, ya que lo inexplicable habría sido que consejeros, altos funcionarios, empresarios y hasta el gerente del partido en Madrid se hubieran confabulado para regar con fondos públicos sus derroches electorales con la principal beneficiaria instalada en la inopia del no me consta. No hay pues sorpresa alguna en que la última rana de esa inmensa charca de batracios que regentaba la señora sea la propia Aguirre, y que, finalmente, se haya puesto todo negro sobre blanco porque hasta la habilidad de flotar en la mierda tiene sus límites temporales.

Lo que vuelve a ser llamativo en este y en otros casos similares que afectan a los populares es la desfachatez con la que su dirigencia encaja los golpes, como si el asunto de esa condesa consorte de la que usted me habla no fuera con ellos y repararan de repente en que en algún momento del pasado hubo una presidenta de la Comunidad de Madrid que era rubia y se lo hacía, aunque les cuesta recordar su nombre así de primeras sin que nadie se lo deletree.

Empecemos por Pablo Casado, el ojito derecho de Aguirre, aupado por la lideresa a la presidencia de Nuevas Generaciones mientras le tenía de chico de los recados para que viajara a Cuba y visitara a la disidencia sin causar bajas en sus filas, algo de lo que no todos de sus enviados a la isla podían presumir. ¿Que qué ha dicho Casado o su entorno de la imputación de su madrina? Pues que desde que él está al frente el PP es “sinónimo de defensa de la regeneración y lucha contra la corrupción”, así de seguido y sin soltar la risita correspondiente. Es evidente que Casado ha cursado en la Rey Juan Carlos un máster en desahogo o se lo está sacando.

Alumna destacada de este mismo curso debe de ser Isabel Díaz Ayuso, una de las beneficiarias de las mamandurrias de Aguirre y cuya gratitud se resume en esta frase: “Estos son temas de hace más de dos legislaturas”. Ha sido lo único que ha podido articular tras trece años viviendo a expensas de la charca, primero como asesora a dedo de la Comunidad, luego en ese chiringuito ‘made in Aguirre’ que era Madrid Network a razón de 4.200 euros al mes, más tarde como diputada regional, y siempre de machaca de doña Esperanza, a la que llevaba su cuenta de Twitter y la de Pecas, su perro. Con semejante currículo a sus espaldas, a la actual presidenta de Madrid sólo se le ocurre decir que dedica todo su tiempo a afrontar el Brexit o la recesión en ciernes. Enorme cuajo el de Ayuso, que demuestra que Aguirre no sólo criaba ranas sino también cuervos.

Obviamente, faltaba el pronunciamiento del socio preferente del PP por boca de uno de sus superhéroes con capa naranja, que había llegado para salvarnos de su corrupción y reciclar la basura, como si un solomillo putrefacto pudiera aprovecharse en forma de carne mechada. Procedente de la colección Marvel de Rivera, Ignacio Aguado, quien durante cuatro años ejerció de mamporrero a tiempo completo de Cristina Cifuentes, también imputada, y que ahora pisa moqueta y está encantado de conocerse, ha explicado que nada de lo conocido –y nada de lo que se conozca, le faltó añadir- puede afectar a su coalición con el PP. ¿Cuál es la razón de semejante convencimiento? La mera presencia de Ciudadanos en el Gobierno que, de facto, supone “un punto y final a la corrupción en la Comunidad de Madrid”. Cosas de Don Limpio.

Se calificaba antes de desfachatez la reacción que la imputación de Aguirre había causado entre sus propios y en algunos extraños muy cercanos. Pero es algo más: es impudicia, es absoluta desvergüenza. La lideresa, consumada cazatalentos, eligió bien a sus colaboradores. Como ella hasta este mismo lunes, han perfeccionado el arte de danzar sobre el estercolero sin ensuciarse la ropa, aunque la pestilencia de esa cueva de Alí Babá que ha sido la Comunidad de Madrid no es algo que pueda disimularse con colonia.