Tierra de nadie

Los 'selfies' de la derecha ante la momia de Franco

Lo más interesante de la sentencia del Supremo sobre la exhumación de Franco no ha sido el fallo en sí, que ya se preveía favorable a las tesis del Gobierno porque ni sus togadas señorías podían permitirse otro episodio de ridículo y descrédito en tan poco tiempo, sino la reacción de las derechas ante el anunciado zarandeo a la momia del dictador, ese antepasado maldito que les transmitió algunos de sus genes y que figura en su álbum familiar como una ominosa y pegajosa presencia.

La mojama que se dispone a abandonar su infame mausoleo es el pecado original de nuestra democrática derecha que, salvo contadas excepciones, no surgió del exilio ni de la lucha antifranquista sino que es fruto, aunque le pese, de ese continuismo que abarcó a la jefatura del Estado, al Ejército, a la Policía, a la Judicatura y a cada uno de los estamentos de poder en el país. De hecho, su resistencia a condenar ese pasado terrible no ha sido para conservar el voto de los nostálgicos del régimen sino para no pisotear su propia historia. Abjurar de ese pasado hubiera sido tanto como renegar de su origen, y de ahí sus apelaciones constantes a no reabrir heridas, cuando lo cierto es que las laceraciones que dejó aquel sádico bajito y de voz atiplada nunca han terminado de cerrarse.

Con el aval del Supremo a la exhumación -una decisión del Ejecutivo confirmada por el Parlamento- la derecha tenía la oportunidad de soltar lastre, enterrar sus fantasmas y, como se ha dicho aquí alguna vez, reconocer que las víctimas de este asesino en serie no eran solo las de un bando y que la memoria colectiva de esos muertos nos pertenece a todos. En definitiva, tenían la ocasión de liberarse de ese yugo y de sus flechas correspondientes.

Poco cabía esperar de Vox, cuyo líder a pie y a caballo ha llegado a definirse como el representante de los que tuvieron padres en el bando nacional y se niegan a condenar lo que hicieron sus familias, y hasta entraba dentro de lo previsto que sus dirigentes hablaran abiertamente de profanación de tumbas. En contra de lo que pueda parecer se trata de un mensaje tranquilizador por lo que implica: mientras Vox mantenga viva la llama del franquismo, sus querencias falangistas, su aroma a naftalina y su nacionalcatolicismo nunca representará un peligro porque carecerá de la base popular que ha afianzado en Europa a sus pares de la ultraderecha.

Bien distinto es el caso de Ciudadanos, que no tenía ninguna necesidad de poner peros a la exhumación por mucho que piense que acabará reportando beneficios electorales al PSOE. Justamente porque la dictadura de Franco acabó hace 44 años no era admisible que siguiera siendo glorificado en su pirámide. Sánchez, según Rivera, lleva un año jugando con sus huesos para dividirnos entre rojos y azules "pero a muchos españoles a estas alturas no nos importan". ¿Les habrá preguntado a los votantes de su partido que tienen enterrados a familiares en la cunetas? ¿Esa es su idea de una democracia, la que se encoge de hombros ante la diaria rendición de honores al responsable del asesinato de decenas de miles de compatriotas?

La gran sorpresa ha estado en la reacción del PP, que se ha limitado a expresar su respeto por la decisión de la Justicia. Forzosamente, alguien tiene que estar asesorando a Pablo Casado en la administración de los silencios, que siempre fue mucho más difícil que el manejo de las palabras. Herederos directos de un partido fundado por antiguos prebostes del franquismo, de labios de sus dirigentes se han escuchado auténticas barbaridades, como la del exministro Mayor Oreja y su definición del franquismo como un período de extraordinaria placidez en la historia de España. Callar es asentir, más si cabe en alguien que no hace mucho afirmaba que no gastaría un euro ni en desenterrar a Franco ni en volver a enterrarlo porque él hacía política para los vivos. Cerrar esa página sería para Casado como poner un pie en la luna: un pequeño paso para el PP, pero un gran salto para una derecha que, si es verdad que quiere -como dice- mirar al futuro, debe sostener primero la vista a su pasado y darle la sepultura que se merece.