Tierra de nadie

La increíble carrera de Ángel Carromero

Dicen que el que tiene padrino se bautiza, pero en el caso de Ángel Carromero hay riesgo de que se nos ahogue la criatura con tanto bienhechor que le rodea con ánimo de sumergirle en la pila. A punto de cumplir los 34, el meritorio de Esperanza Aguirre, considerado el hombre más peligroso para la disidencia cubana después de Fidel Castro, es el nuevo vicesecretario electoral del PP de Madrid y, lo que es más importante, ha sido nombrado director general de Coordinación de la Alcaldía de Madrid, a razón de 90.000 euros de vellón al año. Jamás hubo en España un chico de los recados tan bien pagado.

Forzosamente, Carromero ha de inspirar cariño, y entre esa empatía que le adorna y la disposición natural del PP a ayudar a los suyos como lo haría una gran familia trufada de afectos se encuentran las razones de la prosperidad del muchacho, que en su día se licenció en Derecho y al que no se le conoce actividad laboral alguna más allá de un efímero paso por El Corte Inglés cuando tenía 20 años, posiblemente como vendedor de motos o de mantas.

En el PP fue donde encontró su verdadera vocación a una edad temprana. Desde los 23 años se aficionó a la mamandurria de la asesoría, que es la manera más rápida y rentable de triunfar en la vida a costa del contribuyente. Fue asignado a la concejala Begoña Larraínzar, y con el paraguas de 50.000 euros al año con el que protegerse de las inclemencias de la vida, comenzó su labor de brega. Si había que colocar sillas en un acto del partido, allí estaba Angelito; si se trataba de dar unas voces ante la embajada de Siria, allí volvía a estar Carromero megáfono en mano. El mundo de la asesoría es bello pero ingrato.

Así de prometedora se presentaba su carrera política cuando fue enviado en misión especial a Cuba para llevar suministros a la oposición castrista siguiendo los pasos de Pablo Casado, cuyos relatos de su paso en su día por la isla no desmerecen a los del mismísimo Le Carré. Quiso allí la mala fortuna que se estampara contra un tamarindo y se llevara por delante a Oswaldo Payá y Harold Cepero, que de haber sabido que al chaval le habían retirado el permiso de conducir quizás habrían optado por el autobús de línea. Condenado a cuatro años, y tras una breve estancia en una cárcel caribeña, pudo ser repatriado para cumplir aquí el resto de la pena, que el PP nunca deja atrás a sus soldados caídos en combate.

Carromero estaba llamado a ser el sustituto de Casado en Nuevas Generaciones, pero se ve que lo de la pulsera telemática que tenía que llevar puesta daba mala imagen porque pitaba en los aeropuertos y se tuvo que conformar con la secretaría general, que era un cargo que vestía algo menos por mucho que la percha fuera de bandera. Eso sí, conservó el cargo en el Ayuntamiento y el sueldo, porque en casos de este tipo de accidentes in itinere el PP es muy socialdemócrata y siempre garantiza la reserva de plaza.

A partir de aquí no cesaron sus asesorías, primero con Ana Botella y después, ya en la oposición municipal, con Esperanza Aguirre, que si era una madre para sus ranas más aún para sus aprendices de brujo, y más tarde con Martínez Almeida, compaginando sus desvelos por los madrileños con trabajitos diversos para Casado, que se disponía entonces a dar un triple salto con tirabuzón a la presidencia del PP con tal destreza que cayó de pie.

Es ahora, tras dejar atrás los sinsabores, cuando el peón se dispone a ser alfil y puede poner a disposición de la ciudadanía todos los conocimientos acumulados desde su recién estrenado cargo público, mucho mejor pagado que el de presidente de Gobierno y por algo será. Asistimos a la conversión en estrella de un simple meteorito o, mejor dicho, de un meteorito bastante simple. Nadie pondrá objeción alguna a que, en este caso, se proporcione a este valeroso servidor público chófer y coche oficial. Nos sentiríamos todos mucho más tranquilos aunque nos cueste un poco más.