Opinion · Tierra de nadie

Exhumando a Torquemada

Los expendedores de certificados de españolidad y buenas costumbres han emprendido una cruzadita para que la escritora Cristina Morales, reciente ganadora del Premio Nacional de Narrativa, devuelva los 20.000 euros correspondientes al galardón por entender que sus opiniones son muy radicales y antisistema y, por tanto, incompatibles con percibir dinero del Estado, que es el sistema por excelencia.

Lo que ha alarmado a los supervisores de lo políticamente correcto no es su obra Lectura fácil, que es la que le ha hecho acreedora de este premio y antes del Herralde de novela y que casi con toda seguridad no han tenido tiempo de revisar porque la vigilancia de la moralidad y el patriotismo les ocupa de sol a sol y no les deja ni dormir la siesta. Su exaltación es consecuencia de unas manifestaciones de la escritora en la que se alegraba del fuego en Barcelona como antídoto contra la explotación turística y capitalista de la ciudad y en las que describía a la Policía como un cuerpo violento ante el que sólo cabe el sometimiento o la autodefensa.

Los juicios de Morales son tan personales como otros en los que califica de privilegiados a los “supuestos presos políticos” del independentismo y en los que se refiere al procés y al conflicto catalán como un “contubernio entre élites”. De hecho, como no se debe a nada ni a nadie, es muy libre de opinar lo que le venga en gana y de ejercer una libertad de expresión que, en su auténtica dimensión, es la que cada uno tiene para ofender al resto. De una disidente que se pasa por el forro el poder establecido se espera precisamente eso: que disienta.

A la cabeza de la manifestación contra la joven escritora se ha puesto, como no, Albert Rivera, que ha dicho que esperaba que prendiera fuego al cheque del Gobierno porque no debería querer cobrar dinero del pueblo español al que odia. Debía de tener un buen día el de Ciudadanos ya que, de haberle pillado revirado, hubiera sido capaz de pedir su procesamiento por enaltecimiento del terrorismo. No deja de ser curioso que el tipo que ostenta el récord mundial de cambio de opinión exija a Morales que sea coherente con su pretendida condición de antisistema.

Distraído Jiménez Losantos en atacar la “profanación” de la tumba del caudillo de España por la gracia de Dios, en representación de los apóstoles del periodismo ha tenido que manifestarse en su lugar Carlos Herrera para tildar a la escritora de sujeta, individua, estúpida, violenta y drogata, que el de la COPE siempre argumenta las cosas. Resulta que el “adefesio intelectual” al que se refiere el mago de las ondas es licenciada en Derecho y Ciencias Políticas, especialista en Relaciones Internacionales y, además de con la literatura, que suele obligar a ayunos involuntarios, se ha ganado la vida como intérprete jurídica. Obviamente, a quien retrata con sus insultos es a él mismo.

Lo que vienen a defender nuestros Torquemadas de cabecera es que, pese a la calidad literaria, no se debe premiar desde el poder a quien desprecia el poder, y que hay que hacer oídos sordos a quien eleva la voz desde la marginalidad porque la transgresión no puede sobrepasar ciertos límites, incluido el de poner en cuestión a ese sistema que tan generoso es con sus vigías espirituales. Estos señores tan exquisitos hubieran puesto en la picota al mismísimo Cervantes, que es el gran escritor antisistema de nuestra literatura, capaz de inventarse a un personaje como el Quijote tan anarquista como su autor.

Ha dicho la premiada que con sus estudios aprendió mecanismos institucionales para cambiar las cosas desde dentro y que pensó en hacer la carrera diplomática hasta que se dio cuenta de que ni procedía de una familia con dinero ni militaba en ningún partido. “A fuerza de hostias una se radicaliza y no creo que cambie”, ha explicado. La radical Cristina Morales ha escrito, según ha entendido el jurado, una novela “radicalmente original”, se compartan o no sus opiniones personales. Ojalá que los 20.000 euros le permitan seguir escribiendo y diciendo lo que le plazca. Muchos la escucharemos sin llamar a la Guardia Civil.