Opinion · Tierra de nadie

El podemita Corbyn

Se ve que estos de Podemos han abierto delegación en Londres y en vez de a un tipo con coleta han colocado al frente a un señor que, en ocasiones, calza sandalias y va siempre muy desaliñado. El ‘podemita’ con acento de Oxford se presenta a las elecciones y ha esbozado un programa que hace pasar por centrista al que los de Iglesias presentaron aquí y que tiene al empresariado hispano con el insomnio que antes atenazaba al presidente del Gobierno en funciones. Aunque al británico hace algún tiempo se le tildó de admirador del chavismo y de populista, a nadie se le ha ocurrido de momento llamarle antidemocrático. Ni siquiera antisistema. Será cosa de la flema local.

¿Se imaginan que Unidas Podemos hubiera propuesto renacionalizar parcialmente Telefónica para dar banda ancha gratuita a todos los hogares? ¿O subir más de un 33% el salario mínimo? ¿O reducir en diez años la jornada laboral a 32 horas sin tocar el salario percibido? ¿O ampliar en cuatro el número de festivos? ¿O construir 100.000 viviendas sociales al año? ¿O implantar la gratuidad de las matrículas universitarias? ¿O plantearse un referéndum de independencia de una parte del territorio a partir del 2021? ¿Qué habrían dicho entonces de nuestra mojigata izquierda?

Pues todo esto es lo que ha propuesto el líder de los laboristas, Jeremy Corbyn, al que deben estarle haciendo vudú las compañías eléctricas porque quiere endosarlas una factura de 13.000 millones de euros para abordar las consecuencias del cambio climático. ¿Qué dirían nuestros grandes emprendedores y nuestras multinacionales de cabecera si un partido con aspiraciones de alcanzar el poder propusiera un plan de nacionalizaciones y renacionalizaciones de los servicios públicos que estén en manos privadas? ¿Qué sobrecogimiento les invadiría ante la propuesta de elevarles siete puntos el impuesto de sociedades?

¿Qué agitación habría en el Banco de España, cuya única y obsesiva recomendación es que se meta la tijera a las pensiones, si el representante de ese mismo partido anunciara nuevos impuestos para recaudar 100.000 millones de euros anuales y dedicarlos a hacer carreteras, colegios y hospitales? ¿Qué pensarían estas patronales nuestras tan alteradas por el Gobierno de coalición ante la perspectiva de un Ministerio de Derechos Laborales y un cambio legislativo para reforzar a los sindicatos en la negociación de los convenios?

¿Qué exabruptos y maldiciones lanzarían los institutos de estudios de nuestra banca y esos centros de propaganda de la derecha, tal que FAES, si, además de todo lo anterior, se pusieran sobre la mesa subidas de un 5% para los funcionarios, comedor gratuito para los estudiantes, recursos para acoger a los sin techo y tratamientos dentales en la Seguridad Social? ¿Qué pensarían nuestros ejecutivos mejor pagados ante la promesa de subir el IRPF a los salarios de más de 93.000 euros?

Todo esto y algunas cosas más está en el programa económico de los laboristas, que no son antisistema ni quieren acabar con la democracia, como vociferaría Alfonso Guerra, sino que ofrecen un modelo opuesto al neoliberalismo que ha infectado como un virus a muchos partidos que se decían socialistas.

Es verdad que las encuestas sitúan a Corbyn a más de 10 puntos de los conservadores de Johnson, pero también estaba a 20 puntos de May en 2017 y a punto estuvo entonces de imponerse. Gane o pierda, su discurso es la demostración de que hay una alternativa al pensamiento único y de que a la forzada austeridad que se ha impuesto a la inmensa mayoría de la población se la combate con acciones y no sólo con palabras bonitas. Sánchez e Iglesias ya saben en quién mirarse cuando les exijan ser moderados.