Tierra de nadie

La granada

Si fuera cierto aquello de Unamuno de que el fascismo se cura leyendo y el racismo viajando, bastaría con apuntar a Santiago Abascal a uno de los tours africanos de Viajes Halcón con el Quijote en la maleta y confiar en que a su vuelta se hubiera hecho centrista o progre, aunque para esto último se requiriera, probablemente, algo más de un par de vueltas al mundo. Pero con los dirigentes de Vox estos remedios caseros no funcionan y algunas de sus obsesiones, como la que tiene su líder con los menores inmigrantes, pero también con los inmigrantes adultos, los homosexuales, las mujeres, los animalistas, los independentistas y los rojos en general, algún día provocarán una desgracia que lamentaremos.

Obviamente, no es normal –o quizás sí lo sea- que tras la miserable campaña lanzada por el Cid de la ultraderecha contra el Centro de Primera Acogida de Hortaleza, en Madrid, alguien lance una granada al patio, tenga o no carga explosiva. El caso es que hasta Vox se ha sumido en el desconcierto para explicar el suceso. "¿Hemos tirado la granada nosotros?", preguntaba desafiante su secretario general Ortega Smith & Wesson. Nadie lo sabe aún, pero en su partido se han apresurado a señalar culpables. "Ha sido un magrebí que tenía un conflicto con el centro", apuntaba Espinosa de los Monteros. Ante las dudas, tuvo que ser el propio Abascal quien desentrañara el misterio: "Sospechamos que las cloacas del PSOE, salpicadas por el GAL, han colocado la granada en el centro de menas para incitar el odio contra Vox con las declaraciones de sus ministros". Así razona esta gente.

Pues bien, a la espera de que la Policía desentrañe el atentado contra la institución y detenga al culpable, lo que sí existe es un rastro claro de mentiras, odio y racismo aventadas por estos cruzados de pelo en pecho. De entrada, es falso que el de Hortaleza sea un centro de menores extranjeros no acompañados. Hay extranjeros, en efecto, pero también españoles víctimas de abusos o de maltrato, cuya tutela corresponde a la Comunidad de Madrid, a la que debería dar vergüenza de cómo ejerce esta función de acogida.

Ray Sánchez, uno de los colegas que mejor conoce las circunstancias del centro, lo explicaba así en el periódico vecinal de Hortaleza: "La Comunidad de Madrid ha perdido desde 2012 hasta 300 plazas en los recursos específicos a los que se derivaba a los chavales que pasan por Hortaleza. Un recorte que repercute en la situación del centro generando un angustioso embudo. El Centro de Primera Acogida de Menores de Hortaleza, con apenas 35 plazas, llegó a tener el año pasado a 150 jóvenes hacinados y durmiendo en colchonetas por el suelo. Todavía hoy siguen superando el centenar". No es que hayan faltado recursos; es que han faltado hasta colchonetas.

Y sí, como reconocía el propio Sánchez, mucha gente en el barrio tiene miedo a estos jóvenes y evitan pasar por las inmediaciones. Los principales responsables de esta deriva están sentados cómodamente en sus sillones de la Comunidad de Madrid, haciendo caso omiso a las denuncias de los educadores : "No podemos observar, valorar y emitir un informe psicosocial educativo por las circunstancias del centro. Los primeros damnificados son los jóvenes que están en nuestro centro, a la vez que un equipo de profesionales tanto educativos como de otras ramas saturados a niveles de estrés laboral continuado". En esas circunstancias insostenibles han de atender "a jóvenes con diferentes patologías mentales, conductuales, con dependencias a tóxicos y otras problemáticas de riesgo", mientras ex residentes que ya han cumplido la mayoría de edad deambulan por los alrededores porque se les ha dejado tirados en la calle sin ningún otro medio de acogimiento. En definitiva, lo que tenía que ser un recurso de vanguardia en la atención urgente a la infancia en riesgo de exclusión social es hoy un búnker degradado.

¿Que qué han hecho nuestras autoridades para corregir este desastre? Poco o nada. Se habilitaron primero 40 plazas en una de las plantas del Centro de Salud Mental de Hortaleza. La inspección municipal levantó acta de que 48 menores convivían en un espacio sin licencia de funcionamiento con graves deficiencias de evacuación y propuso su clausura. Los menores fueron trasladados a otro lugar. Entre tanto, se rechazó el ofrecimiento del Ayuntamiento de Madrid de acoger a 80 menores en un edificio de su propiedad en Tres Cantos, primero por la oposición del alcalde y luego porque la Comunidad adujo que carecía de condiciones adecuadas. Antes de que la inefable Ayuso aposentara sus reales en la Puerta del Sol el plan era trasladar a 40 de estos menores a la localidad de Somosierra, por ver si con un poco de suerte cruzaban la frontera de la Comunidad y el problema pasaba a ser de Castilla y León.

Esto es lo que Abascal, aliado y sostén del PP en Madrid, no cuenta mientras criminaliza a unos menores que, en su inmensa mayoría, son ajenos a los episodios de delincuencia que se viven en el distrito. No se sabe aún quién lanzó la granada al centro de Hortaleza. A quienes esparcen su odio reconcentrado y piden desgloses "por nacionalidades" de los expedientes abiertos a los residentes del centro de acogida por "conductas contrarias a la convivencia" sí que les tenemos perfectamente localizados.