Tierra de nadie

Una palabra pone en peligro la unidad de España

La derecha y sus voceros nos tienen dicho que al conflicto político en Cataluña no se le puede considerar conflicto político por varias razones. La primera es porque ha empezado a hacerlo el PSOE para contentar a ERC, en abierta demostración de que Pedro Sánchez es capaz de cualquier indignidad para mantenerse en el poder, incluso llamar a las cosas por su nombre. Al conflicto no se le puede describir alegremente como conflicto porque, según se nos dice, lo que se libra es una batalla por el relato y usar el ‘lenguaje del enemigo’ para describir la realidad es salir derrotados al campo y con Guardiola en el VAR por si hay polémica.

Esto de la batalla del relato es un concepto que puso de moda Podemos y sus profes de Ciencia Política pero ha calado muy hondo al otro lado del cuadrilátero. Lo importante no es lo que ocurre sino cómo se cuenta, que parece lo mismo pero no es igual. El triunfo está en imponer la visión que uno traslada. No existe, por tanto, una negociación para la investidura sino una claudicación, una capitulación o una infamia, y las concesiones para el acuerdo no son tales sino felonías, traiciones y liquidación programada del orden constitucional.

Pero volvamos a lo del conflicto político, que hemos quedado en que no se debe llamar conflicto político porque eso sería tanto como reconocer que dicho conflicto existe. Lo correcto es hablar de un problema de convivencia, que es obvio que existe también, pero no implica que en su resolución hayan de intervenir dos partes sino sólo una. Lo que pase en Cataluña, como lo que ocurre en Las Vegas, ha de quedarse en Cataluña y han de ser los catalanes quienes lo resuelvan porque a los demás ni nos va ni nos viene. En este sentido, está de más buscar soluciones políticas o encajes territoriales, que, por otra parte, no serían tales sino pura y dura rendición del Estado ante el chantaje de unos golpistas.

Todo se reduce en consecuencia a un problema de convivencia, que se habrá mostrado un año más en las cenas de Nochebuena con los cuñados separatistas, capaces de arruinar el más sentido de los villancicos con gritos de sit and talk. La convivencia tiene un perímetro doméstico. Existe por ejemplo en las parejas, cuando una de ellas, por costumbre, se deja levantada la tapa del váter con todo lo que eso supone. ¿Culparíamos de esta situación al presidente de la comunidad de vecinos? Pues claro que no. Ahora bien, ¿qué hay que hacer cuando dos millones de personas no bajan la tapa elección tras elección, posiblemente abducidos por la inmersión lingüística, y dan mayoría de diputados en el Parlament a los separatistas? ¿Hay problema de convivencia o un conflicto en el retrete?

Los sinónimos posibles tampoco es que ayuden mucho. ¿Cómo describir algo que puede ser más que un problema de convivencia pero que de ninguna manera puede definirse como conflicto político por las razones antes expuestas? ¿Desavenencia? Suena a poco. ¿Combate? Podría ser cuando los CDR entran en liza pero en ese caso lo conveniente es hablar de problema de orden público. ¿Hostilidad? Es que eso sólo describe a un parte de los catalanes pero no a su mayoría silenciosa. ¿Atolladero? Bueno, eso encaja mejor. Lo de Cataluña es un atolladero, un atasco provocado por unos cuantos a los que hay que retirar de la circulación y para eso tenemos a los tribunales, para que manden las grúas. ¿Y qué debemos sentir ante semejante atolladero? Pues lo que nos dijo el Rey antes de que empezáramos a dar cuenta de los langostinos: una "seria preocupación", que ya es bastante.

A partir de estas aclaraciones, cualquier insistencia en el conflicto político sería hacer el juego al independentismo y dar pasos a la carrera hacia el apocalipsis. La unidad de España depende de una palabra, como bien sabe la derecha y algunos baroncitos del PSOE y casi todos sus viejos dinosaurios. Reconocer que hay conflicto es una cesión inaceptable. Así que no fotis tú, o, mejor dicho, no jodamos más, porque dicho en catalán puede ser señal de que asumimos la lengua del enemigo y sacamos bandera blanca en la batalla por el relato. En caso de duda, atolladero.