Tierra de nadie

Lo que suena no es Rosalía sino las trompetas del Apocalipsis

Se tiene la idea de que en los albores del final de los tiempos el cielo debe oscurecerse y eso, posiblemente, fue lo que confundió al gentío. El día era tan luminoso que no se podía presagiar lo que ya estaban anunciando algunos heraldos de la imprenta en sus versiones digitales. El Gobierno en funciones había quemado su última etapa y a la vuelta de las uvas se atisbaba ya el cataclismo más siniestro de unos años 20 que, lejos de ser felices como en el siglo pasado, causarán llanto y crujir de dientes.

Ajenos al informe claudicante de la Abogacía sobre Oriol Junqueras, al premeditado cambio de las estructuras del Estado para convertir en naciones a Euskadi y Cataluña, a la expulsión de la Guardia Civil de Navarra y a la firma del futuro programa de acción del Frente Popular guerracivilista que nos dejará insomnes, el personal apuraba sus compras de fin de año. Nadie parecía ser consciente de que España se había vendido al separatismo y a los populistas por una investidura y que Sánchez había claudicado como estaba previsto a la espera de que ERC le diera su bendición definitiva. Con tanto compatriota en la inopia tirando de visa en la pescadería puede ocurrirnos cualquier cosa.

En su descargo hay que decir que los indicios no eran muy claros y habían despistado mucho algunos reportajes sobre la celebración navideña de la familia Abascal en la que podía verse al Cid de la ultraderecha feliz como una perdiz de blanco impoluto, a sus pequeños representando en casa un Belén viviente vestidos de María y de José y a su señora confesando que se había saltado su dieta espartana y, tras un "súper entrenamiento", se había tomado unos huevos benedictinos con guacamole y granada, acompañados de gofres y nata montada que quitaban el hipo y el sentido. ¿Quién se toma unos huevos así en vísperas del Armagedón?

De hecho, para confirmar que lo que sonaba no era Rosalía sino las trompetas del Apocalipsis, Abascal tuvo que hacerse presente en Twitter con dos mensajes en los que alertaba de que Sánchez había usado las vacaciones navideñas para pisotear el Estado de Derecho, que existía la posibilidad de que Junqueras huyera a Europa y, finalmente, anticipaba un Gobierno de socialistas y comunistas sostenido por proetarras y separatistas- "Os prometemos que no dejaremos de perseguir a este Gobierno traidor hasta vencerlo. Animamos a todos los españoles a la movilización permanente. España prevalecerá", auguraba sin confirmar si él mismo interrumpiría sus vacaciones para iniciar la persecución a caballo del nuevo Ejecutivo.

¿Que qué había pasado mientras buena parte de España, ajena a todo, se hacía con las bolsas de confeti y matasuegras para el cotillón? Lo inconcebible. Sánchez e Iglesias rubricaban un pacto de Gobierno que subirá los impuestos a los ricos y a las grandes empresas, derogará buena parte de la reforma laboral del PP, limitará los precios del alquiler, dará banda ancha a la España vacía, elaborará una ley de cambio climático, regulará la eutanasia y tratará de bajar el precio del recibo de la luz, entre otras cosas de rojos y populistas.

No contento con eso, a cambio de su voto afirmativo, el del PSOE firmaba un acuerdo con el PNV en el que se acepta transferir a Euskadi las competencias pendientes y a Navarra las de Tráfico, además de comprometerse a impulsar modificaciones legales para el reconocimiento de la distintas identidades territoriales. Y lo que es más grave, consiente en "abrir cauces" que promuevan la representación internacional del País Vasco en el ámbito deportivo, que es como tolerar que, si está de Dios, la selección de fútbol de Euskadi juegue la Eurocopa. Con razón ha dicho Pablo Casado que España va mal e irá a peor, sumida en el paro, la pobreza y la cantonalización.

Paralelamente, ERC avanzaba su disposición a abstenerse en la investidura después de que la Abogacía del Estado confirmará que Junqueras tiene inmunidad, tal y como había fallado el Tribunal Superior de Justicia de la UE. Cuando el acuerdo con los republicanos, tan secreto como el suscrito con Podemos y los nacionalistas vascos, se haga público, se verá qué tipo de mesa de diálogo está prevista entre el Gobierno y la Generalitat. Y ahí, sí que sí, será cuando se oscurecerá el cielo y comenzará a llover granizo envuelto en sangre. Feliz año a todos.