Tierra de nadie

Teléfono rojo, Arrimadas al aparato

Como sabrán, la última esperanza de impedir la subasta de España, la liquidación de la soberanía nacional, el fin de la igualdad y otras calamidades cósmicas se llama Inés Arrimadas. Tras confirmar que Pedro Sánchez vuela hacia la Moncloa con las bombas atómicas de sus pactos de investidura, la futura lideresa de Ciudadanos ha descolgado el teléfono rojo y a estas horas debe de seguir al aparato. Seis, siete, cero, nueve… ¿Está Emiliano? Que se ponga.

El de Arrimadas es un loable intento de salvar a la patria que no debería caer en saco roto. En vez de crear un grupo de whatsapp, que muchos podrían abandonar al descuido o no leer sus mensajes porque usan Telegram, la dama de los liberales ha preferido el contacto directo con sus interlocutores que, en un primer momento, iban a ser los barones socialistas pero que luego ha ampliado a los dirigentes de partidos regionales que tenía en su agenda. Una llamada puede ser la diferencia entre una nación de ciudadanos libres e iguales y una federación ibérica de naciones o algo peor.

Según cuentan algunas crónicas, lo que pretende Arrimadas desde su call center improvisado es que el viejo PSOE, representado ahora por un puñado de sus más vistosos dinosaurios y por varios líderes territoriales aquejados de urticaria por los acuerdos de investidura, ejecute un tamayazo a lo bestia, de manera que un puñado de diputados del partido con sentido de Estado voten no a la investidura de Sánchez y desbaraten sus planes de trocear España como un roscón de Reyes. Traición contra traición. Esa es la sorpresa del dulce.

Ante lo desesperado de la situación y conocida la querencia sanchista a las felonías para mantenerse en el poder, no acaba de entenderse por qué los propios diputados de Ciudadanos no hacen el sacrificio de votar a favor de la investidura para sortear así la trampa del independentismo y poner a salvo al país y a su vajilla. Eso es justamente lo que le han reprochado por twitter los dirigentes socialistas a los que iba a telefonear y que siguen resignados a que en algún momento entre hoy y el día 7 les suene el móvil y sea el implorante spam de Arrimadas.

O estamos en peligro o no lo estamos, que diría Shakespeare. O no debemos preocuparnos porque, tal y como nos ha explicado Teodoro García Egea muy claramente y sin huesos de aceituna en la boca, no habrá ni referéndum ni independencia porque el PP siempre estará ahí como un muro de contención y no permitirá que se cambie ni una coma de la Constitución, o nos espera un abismo insondable. En este último caso, no cabría mayor gloria que facilitar a Sánchez la formación de un Gobierno que no dependiera de los enemigos declarados de la patria, un sacrificio que, a buen seguro cantarían trovadores y juglares, muy necesitados de nuevas hazañas a las que poner música con sus flautas, címbalos y chirimías.

Tan incomprensible como lo anterior es que, ante la legitimación del separatismo y la consiguiente humillación nacional, que en buena lógica debería haber sido recibida con alborozo al norte del Ebro, el bloque independentista esté a punto de hacerse añicos. Si el pacto entre el PSOE y ERC, con su mesa de Gobiernos y su consulta, rompe España, ¿por qué a Torra le sale humo por las orejas? A ver si Arrimadas hace alguna llamada más y nos lo explica.