Tierra de nadie

Primera semana bolivariana

Ha pasado una semana desde la toma de posesión del nuevo Gobierno, y este lapso de tiempo, que a priori puede parecer poca cosa, ha sido suficiente para que la intelligentsia mediática del país desenmascare sus verdaderos y oscuros propósitos. Podría pensarse que sus juicios son apresurados o que los más afamados forjadores de la opinión pública cojean de la pierna derecha, aunque eso sería negar méritos a la profundidad de su análisis y reflejos a sus autores. La intelligentsia nunca yerra. Para eso es la intelligentsia y no unos simples ganapanes a sueldo.

En sólo siete días, como se decía, y al hilo de las primeras decisiones del gabinete, nuestros más enjundiosos analistas han logrado poner boca arriba las cartas de estos tahúres en un admirable ejercicio de alerta temprana. Nos hallamos, según explican, en los albores de una autocracia posdemocrática, que viene a ser, para los que no lo tienen muy claro, una especie de huevo que Pedro Sánchez y sus socios están incubando a la manera de las gallinas cluecas y de cuyo cascarón emergerá un régimen bolivariano monísimo y autoritario. No traerá una hogaza debajo del ala porque es sabido que lo primero que se echa a faltar en este tipo de regímenes es el pan y el papel higiénico.

Al frente de este conglomerado opaco, que se dispone a asaltar la Constitución pese a sus promesas de acatamiento con un pin rojo, se sitúa el ya citado Sánchez, que en realidad es un Putin del barrio de Tetuán o un zar a la rusa manera, y la prueba es que ha encumbrado a su propio Rasputín, que en esta ocasión no es un monje loco sino un vendedor de crecepelo muy listo. Ambos, señor y valido, ahí donde los ven, planean dar un hachazo a la legalidad o dos si son pequeños, de manera que los justos serán purgados y hasta el rey debería tentarse el armiño porque estos tíos no van de broma ni se paran en barras por muy de Zarzuela que sean los hierros.

Tras las andanadas a la Justicia y a la separación de poderes, los cañones de la Moncloa, que son como los de Navarone y no como los de Gila que llegaron sin agujero, disparan ya contra la familia, negando a los padres la propiedad de sus hijos, el primer paso antes de estatalizar el lavavajillas. Es, o así se resume, la victoria del marxismo cultural, que es una apisonadora el jodío, y pasa por encima de todo lo que se menea y hasta de lo que está quieto. El liberticidio se consuma mientras el trío de Colón se mira el ombligo o tiene que dar cuentas por sus visados de obra en el Colegio de Arquitectos, víctima de una perfecta maniobra de distracción.

Es pronto para saber si hay esperanza aunque es muy probable que la intelligentsia halle un camino el próximo fin de semana, que es cuando más elaborados son sus pastiches. De momento, tendremos que asumir que las reuniones del politburó, antes llamado Consejo de Ministros y ahora Consejo de Ministras y Ministros, se realicen los martes, en lo que, al parecer, es el atentado más grave a la representación popular desde lo de Pavía y su caballo, y eso que ya está demostrado que sólo uno de los dos animales entró al palacio de la Carrera de San Jerónimo.

En lo que sí parece haber consenso es en que el sancherato no será corto, pese a que en un primer momento se le creía a expensas de los designios del malvado independentismo. Ulteriores investigaciones y sesudos análisis han establecido que, en realidad, caminan de la mano en su objetivo de trocear el país a la manera del plato contra el cochinillo recién sacado del horno. Dure mucho o poco, siete días ya han sido bastantes para que los primeros sondeos muestren que los españoles no son fáciles de engañar porque suspenden al Ejecutivo, especialmente a Pablo Iglesias, sin siquiera examinarle. Si la vida es eterna en cinco minutos, que no será una semana.