Tierra de nadie

Sapos y culebras

Con las dietas no se puede ser estricto porque pueden terminar representando una obsesión para quien las sigue y las padece. Está demostrado que en algunos casos acaban siendo adictivas. Uno, por ejemplo, se acostumbra a tragarse sapos mañana, tarde y noche con la nariz tapada y es entrar al bar y pedir una ración de ancas de rana para acompañar a la cerveza. Lo que le ha pasado a Unidas Podemos al oponerse en la junta de portavoces del Congreso a hacer público el historial del torturador Billy el Niño y adherir su voto al de PSOE, PP, Vox y Ciudadanos indica que estar a dieta de sapos acaba por engancharte.

Se entiende el lío que se ha montado, toda vez que la exigencia de actuar contra el policía franquista figuraba en el programa electoral de los de Iglesias y fue incluida, a iniciativa de Unidas Podemos, en el acuerdo de coalición con el PSOE como un compromiso genérico de estudiar las vías legales para retirar condecoraciones, simbólicas y pensionadas, a quienes protagonizaron actos criminales no juzgados en el franquismo; es decir a Don Billy y a otros represores de su calaña.

El sapo, por tanto, era intragable desde cualquier punto de vista. Y de ahí la apresurada rectificación del portavoz Pablo Echenique, que intentó primero justificarse con las supuestas dudas jurídicas que, a juicio de los letrados de la Cámara, planteaba la publicación de la hoja de servicios, y después se postró virtualmente de hinojos implorando perdón, más si cabe cuando el propio vicepresidente del Gobierno reconocía el error, presentaba avergonzadas disculpas y prometía a las víctimas del torturador no volver a fallarles.

Nada hubiera cambiado si los morados hubieran secundado la petición de EH Bildu, porque habría decaído igualmente en la junta de portavoces, y nunca es tarde para corregir el dislate. Sin embargo, el episodio permite extraer varias conclusiones, empezando por la conveniencia de no traspasar los límites del seguidismo ciego para apuntalar la coalición de Gobierno y demostrar que Unidas Podemos es un socio fiable. Es muy loable comerse con patatas la designación de Dolores Delgado como fiscal general o aplaudir al Rey desde el banco azul con más o menos fervor, pero en algún momento hay que rechazar otra ración del guiso aunque solo sea para dejar sitio al postre.

Se aprecia, de entrada, la falta de coordinación entre el grupo parlamentario y su representación en el Gobierno, que en casos como este ni siquiera tendría que ser necesaria si funcionaran los automatismos, esos que impiden que un partido arríe a lo tonto una de sus principales banderas. Hay situaciones en las que el portavoz parlamentario está obligado a acertar sin preguntar a las instancias superiores. Y si falla o ha de preguntar siempre es lógico que se dude de su capacidad para el puesto.

Esto lleva a una segunda cuestión que tiene nombre y apellidos. La fidelidad de Pablo Echenique al líder es incuestionable y eso es algo con lo que en política se gana el cielo y hasta un apartamento en Torrevieja. Otro cantar es si al mentado le quedan grandes las responsabilidades que se le asignan o si estas le son concedidas exclusivamente por la lealtad que se le supone.

Tras sus vacilaciones iniciales y una vez situado en el lado correcto de la historia, Echenique demostró como secretario de Organización que Podemos podía sobrevivir sin organización alguna, tal fue el desastre de su gestión al frente de las estructuras internas y territoriales del partido. Tampoco cabe afirmar que su papel como negociador del acuerdo con el PSOE fuera excelso, al punto de que condujo a unas nuevas elecciones que quizás se hubiera evitado si hubiera leído los mensajes de whatsapp que se le enviaban, aunque en su descargo haya que decir que la presencia de Carmen Calvo como contraparte en aquel ajo no auguraba nada bueno. El éxito de crítica y público en su estreno como portavoz parlamentario completa el círculo de sus virtudes.

Constatar que Echenique ha sido un desorganizador admirable, un negociador capaz de provocar una guerra mundial en un partido de solteros contra casados o un adicto a los sapos no empece su reconocimiento como acreditado tuitero de lengua bífida, y por ahí, quizás, tendría que enfocarse en el futuro. Quede ahí el consejo.