Tierra de nadie

Indultadas las gallinas de los huevos de oro

Se temía que la nueva regulación de la publicidad de los juegos de azar y apuestas on line fuera una matanza de Texas para varias de las gallinas de los huevos oro que vivían felices a costa del sector. Sin embargo, conocidas las líneas maestras del decreto del ministro Alberto Garzón, las aves han sido indultadas para que sigan picoteando alegremente y sus sudorosos propietarios respiran ufanos y tranquilos. Se ha llevado por delante, eso sí, la promesa del pacto de Gobierno de coalición de equiparar la propaganda del juego a la del tabaco y el alcohol, pero es sabido que lo prometido ya no es deuda sino créditos al consumo.

El decreto ministerial tenía a muchos de los nervios, empezando lógicamente por los operadores del juego, que presumían de representar a un sector que mueve al año más de 40.000 millones de euros, da trabajo a casi 90.000 personas y, lo que es más importante, deja más de 1.700 millones de euros –y subiendo- en impuestos. De ahí que Hacienda también estuviera algo alterada, ahora que busca ingresos debajo de las piedras y en los bolsillos de la gabardina de las tecnológicas, antes de que practiquen su magia de hacerlos desaparecer en España y volverlos a materializar en algún paraíso fiscal.

Había algunos clubes dándole a la tila ante la posibilidad de que se les impidiera lucir en sus camisetas el patrocinio de las casas de apuestas, y ya se han pasado al Martini una vez confirmado que sólo se limitará a las equipaciones de tallas pequeñas, esto es, las que vayan destinadas a los menores. Y finalmente, tenía muy preocupados a los medios de comunicación, comprometidísimos por combatir la ludopatía que envenena a jóvenes y viejos pero mucho más por sus menguantes cuentas de resultados, que son las que pagan muy malamente a los juntaletras y bastante mejor a las estrellas televisivas y del micrófono.

Garzón, que será un comunista de tomo y lomo, o así se lo reprocha la derecha, ha conseguido algo parecido a la cuadratura del círculo, un refinadísimo encaje de bolillos del que desistió el Gobierno anterior cuando metió en el cajón una regulación similar y luego olvidó dónde había dejado la llave. Todo  ello se ha alcanzado descafeinando la idea inicial, que es lo mejor para no quitar a nadie el sueño. El insomnio es un temible enemigo, como bien sabe el mismísimo presidente del Gobierno.

Lógicamente, habrá limitaciones horarias a los anuncios de apuestas en radio y televisión pero, lo que iba a ser un menú exclusivo de madrugada, se transformará durante la temporada en merienda-cena. Podrán emitirse a partir de las 20.00 horas siempre que haya acontecimientos deportivos, es decir, a diario, porque siempre habrá un partido de fútbol, de baloncesto o de curling en el que Bet365 y sus colegas se nos hagan presentes.

Dejaremos de ver a Sobera y a los galácticos del balón jugando al póquer porque se prohibirá que el famoseo incite a las apuestas, así como las apelaciones machaconas o los mensajes de que el juego te arregla la vida, que además es falso como cada año demuestran los ganadores del Gordo de la Lotería al reconocer que el premio sólo les servirá para tapar agujeros. Olvidémonos por tanto del ‘¡ay si me toca!’ y de esos sentidos y lacrimógenos anuncios navideños con calvo incluido. ¿Que qué pasa con esos bonos de bienvenida con los que las casas de apuestas enganchan a sus nuevos clientes? Pues que al principio iban a prohibirse y ahora serán bajos en azúcar y se limitarán a 100 euros como máximo. Para el resto de disposiciones, podrán encontrar aquí cumplida información.

Más allá de que se hayan atendido en mayor o menor grado las recomendaciones que en su día formuló el Defensor del Pueblo, el decreto de Garzón, más que a medias, se ha quedado a tres cuartos en un tema que no se circunscribe al consumo sino que tiene importantes implicaciones en la salud pública. Se echa en falta algo más de ambición, aun a costa de perjudicar a los operadores públicos y a la ONCE y a la recaudación tributaria. Don Dinero sigue siendo un caballero muy poderoso.