Tierra de nadie

Cayetana en el jardín

La marquesa de Casa Fuerte, Cayetana Álvarez de Toledo para los amigos, siempre ha tenido caballeros medievales en algunos medios dispuestos a poner a su servicio su pluma o su micrófono, y a extender a su paso capas de armiño para que al ciclón rubio del PP no se le tragara el barro en sus continuos taconeados en el charco. La dama podía emprenderla contra cualquiera y encontrar en sus galantes defensores aplausos enfervorecidos, especialmente si llamaba mujer florero a Irene Montero, senil a Manuela Carmena, traidor a Pedro Sánchez o se burlaba del feminismo y del sí es sí hasta el final en el Código Penal. Y si no ovaciones cerradas, sí al menos comprensión y aliento cuando el objeto de sus invectivas estaban según se mira a la derecha, ya fuera Feijóo y su ‘nacionalismo lingüístico, o esos populares vascos y catalanes tan blanditos con el independentismo. La portavoz de Casado siempre ha contado con el vasallaje de cruzados del periodismo más cañí, autoproclamados apóstoles de la libertad de expresión, y con el recelo y hasta la inquina de algunos de sus compañeros reacios a tragar con su fulgurante carrera a la sombra del bigotudo aznarismo.

El Perú se le jodió este lunes cuando a Álvarez de Toledo le hirvió la boca en una entrevista en Onda Cero y proclamó que La Sexta hace negocio con la erosión de la democracia y de sus valores, una afirmación que rebatió primero Alsina por eso que a la fuerza ahorcan y que ha desencadenado rayos y truenos con el singular Antonio Ferreras en el epicentro de la borrasca, cuan hidra despeinada. Conviene en este momento recordar que la roja Sexta es propiedad de Atresmedia, de la que forman parte también Antena 3, Neox, Nova, Mega, la propia Onda Cero y Europa FM, entre otros que no se cita por si resulta excesivo, y que el grupo está controlado por Planeta, propietaria de un sinfín de editoriales y del diario La Razón, que ya le ha dedicado la portada a doña Cayetana y le ha puesto la cruz como un problema de primer orden para Pablo Casado, al que aconsejan por el bien de todos que se libere de ese lastre con melena.

Como uno de los argumentos del citado Ferreras para defender como correcta la línea de su medio fue comparar el desafecto de Álvarez de Toledo hacia La Sexta con el de Jaume Roures, es obligado citar el supuesto conflicto de intereses del que escribe, ya que, como colaborador de Público, uno cobra facturas del empresario, aunque el montante de las mismas reduce dicho conflicto a conflictito por hacer honor a la verdad.

Dicho lo anterior, cabe decir de las palabras de Álvarez de Toledo que la democracia española no se erosiona porque La Sexta dé voz al independentismo a un nivel que para algunos puede resultar estruendoso y para otros un simple murmullo. Lo que erosiona la democracia es la escandalosa concentración de medios que los dos grandes partidos han propiciado hasta llegar al duopolio en el que nos encontramos. Eso sí que representa un auténtico peligro por mucho que los actores de este mercado jueguen a dos barajas con sus terminales para satisfacer a diestros y siniestros mientras se reparten el grueso de la publicidad, algo de lo que la portavoz del PP algo sabe aunque sólo sea por su pasado como editorialista de El Mundo.

La Sexta, por tanto, no erosiona nada sino que se limita a cumplir con el papel que se le asigna. Lo que sí llama la atención de esta pretendida lija de la democracia en opinión de la marquesa, es la piel tan fina que tienen sus estrellas, una dermis delicadísima a la que provoca urticaria cualquier crítica. Es razonable esta alergia porque es sabido que el periodismo no existía hasta que no lo patentó Ferreras cuando dejó de ser empleado de Florentino Pérez, y, por supuesto, Ana Pastor, inventora de la famosa repregunta que antes era desconocida en estos predios.

De la extremada sensibilidad de sus santones podría dar cuenta el hoy vicepresidente Pablo Iglesias, que casi tuvo que salir escoltado de la cadena por atreverse a cuestionar el duopolio televisivo y mencionar que las cloacas del Estado usaban a sus terminales mediáticas para difundir noticias falsas sobre él y su partido dentro de una campaña de desprestigio que incluía falsos informes policiales y hasta el robo de información personal. Aquello era más de lo que Pastor, que era su entrevistadora, podía soportar, teniendo en cuenta de que se hablaba de Eduardo Inda y ello ponía en cuestión la acrisolada independencia de La Sexta para seleccionar a sus colaboradores, aunque se tratara de personajes indeseables pero bendecidos por las cuotas de audiencia.

A tenor de las reacciones suscitadas, puede afirmarse que Álvarez de Toledo no se ha metido esta vez en un charco sino en un selvático jardín del que, por fuerza, saldrá con más arañazos que la mesa del G-8 cuando invitaban a Aznar para que se doctorara en estadismo. Queriendo atacar al diabólico rojerío no ha reparado en que el duopolio hace a todo, a pelo y a pluma, a izquierda y derecha, porque ese, precisamente, es su negocio. Y que Roures, que ya no es accionista de Atresmedia a Dios gracias, me perdone si le he ofendido.