Tierra de nadie

Las poluciones nocturnas de la derecha

Para que no se diga que quiere aprovechar el coronavirus para fumigarse al Gobierno, y como algo así podría interpretarse si la condición para apoyar al Ejecutivo de Pedro Sánchez fuera que el propio Pedro Sánchez hiciera mutis por el foro, la derecha se ha fijado como objetivo servirse para el desayuno la cabeza de Pablo Iglesias en bandeja de plata y a los cereales que les vayan dando. No es una novedad que la caída del vicepresidente monopolice los sueños húmedos de la oposición, pero lo que era un desahogo íntimo es ya una obsesión pública, al punto de que todo pasa por su destitución y su confinamiento perpetuo es esa isla de Santa Elena que es Galapagar.

A ojos de nuestros más diestros caudillos, Iglesias es el Anticristo con coleta al que hay que vencer para evitar que el país se despeñe por la pendiente del totalitarismo bolivariano, sobre todo ahora que el Estado se ha convertido en el único anticuerpo capaz de hacer frente al virus. La imagen que se trasmite es esperpéntica en grado sumo: aprovechando que Sánchez es un tipo sin principios al que sólo le mueve su propia ambición personal, el de Unidas Podemos estaría urdiendo a su antojo un plan para instaurar la República, conceder la independencia a Cataluña, adoctrinar a las nuevas generaciones sobre las bondades del populismo y acabar lógicamente con la propiedad privada, y de ahí sus alusiones al artículo 128 de la Constitución que subordina toda la riqueza del país, sea cual sea su titularidad, al interés general. Todo a la vez o en cómodos plazos, en función de las circunstancias.

Cuán pernicioso para la patria no será el de Unidas Podemos que hasta el líder de la ultraderecha ha llegado a expresar su preocupación por la salud del presidente, no tanto por si el virus le incapacitaba para seguir al frente del país como por la posibilidad de que su lugar fuera ocupado por ese demonio comunista al que una semana a los mandos le bastaría para convertir a España en Venezuela y hasta para descansar el séptimo día tras consumar su diabólica creación. Si la grandeza de los hombres se mide por la dimensión de sus enemigos, la de nuestros prebostes de la derecha ha de ser inconmensurable ante las artes oscuras de semejante antagonista.

El afán de la leal oposición no es, por tanto y aunque pudiera parecerlo, aprovechar que el virus pasa por la Moncloa como el Pisuerga por Valladolid para llevarse por delante al Gobierno que, huelga decirlo, es ilegítimo de cabo a rabo, asumiendo que rabo es lo que, indisimulable para su chaqueta, le asoma al vicepresidente en la espalda. Justamente por lealtad a la patria misma y a contracorriente de otros países donde a nadie se le ocurriría sacar tajada política de la crisis ni mucho menos exigir responsabilidades criminales a las autoridades por los miles de fallecidos, lo que trata de impedir nuestra derecha con el mejor de los propósitos es que Iglesias dé un golpe de Estado a la remanguillé, que es otra amenazante posibilidad que se ha puesto sobre la mesa.

Nada haría más felices a Casado y Abascal que poder remar junto al Gobierno para que España llegue a puerto, porque tanto al PP como a Vox, sobre todo a Vox –basta con ver el porte de Ortega Smith-, les sobran bíceps para convertir la galera en un fuera borda. Es la presencia de Iglesias la que impide considerar siquiera un pacto de reconstrucción nacional, y de ahí que antes de arremangarse exijan un exorcismo a Sánchez, que está poseído por el vicepresidente y la prueba es que, a diferencia de sus antecesores, habla lenguas extrañas.

Es una posibilidad que, como se insiste desde el PP, la propuesta de pacto sea solo un trampantojo que oculte el deseo del Ejecutivo de desactivar cualquier crítica a la gestión de la pandemia. Lo que ni siquiera se trata de camuflar para guardar las formas es la intención de la derecha de eliminar a Sánchez de la ecuación por cualquier medio a su alcance. En eso consiste su exigencia de que Gobierno de coalición se ampute una de sus dos piernas con la promesa de que, si lo hace, evitará que se le pongan zancadillas. Poluciones nocturnas de adolescentes.