Tierra de nadie

La sustituta Margarita Robles

De los creadores de la gran coalición, un clásico de la política ficción, y más recientemente del gobierno de concentración, llega ahora el episodio piloto de una nueva serie trufada de chismorreos de bar y conspiraciones imposibles que tiene como protagonista a la ministra de Defensa, Margarita Robles, a la que se concede el papel de protagonista estelar en La sustituta, un thriller que va, como es habitual, de cómo liquidar a Pedro Sánchez y sustituirlo por alguien con sentido de Estado y con una aversión epidérmica a Podemos. La mentada ha rechazado el papel alegando lealtad inquebrantable. "No me gusta que me llamen la sustituta", ha proclamado fingidamente molesta.

A Robles se le viene haciendo campaña en algunos tugurios de la derecha, especialmente desde su sentido discurso en la morgue del Palacio de Hielo tras el que la iluminada Díaz Ayuso la bautizó como la nueva Manuela Malasaña, una heroína que, a falta de gabachos y a la cabeza de las Fuerzas Armadas, está haciendo frente a la invasión del coronavirus con fumigaciones marciales. Su selección para el casting viene avalada por algunas encuestas de encargo en las que sobresale por su valoración entre la ciudadanía o, sencillamente, arrasa, como en la publicada por el maestro de guionistas Pedro J., que ya la ve en algún momento como la octava pasajera en la nave de líderes mundiales mujeres que surca el firmamento geopolítico.

Los destinatarios de este nuevo delirio son probablemente algunos baroncitos socialistas, los mismos que llevan años queriendo dar matarile a Sánchez cada vez más frustrados porque no para de resucitar el jodío, y que, ni ante la pandemia que asola el país, han escatimado las críticas a la gestión del Ejecutivo ni han ocultado su deseo de verle desfilar a hombros con los pies por delante. Se les ofrece así el elemento imprescindible de cualquier conspiración que se precie, la persona tras las cortinas a la que hacer emperatriz tras el magnicidio, como hicieron los pretorianos con Claudio.

No es imaginable que Robles participe de esta intriga pero, conociendo su ego desbordante,ha de estar saboreando el caramelo que le ha llovido del cielo hasta la boca porque jamás se ha visto en otra semejante. "No es serio", ha remachado la ministra con más razón que una santa, que es también como se le ha bautizado: "Santa Margarita". ¿Thriller? Bueno, más bien comedia de enredo de baja estofa y con risas enlatadas.

Las conjuras, imaginarias o imposibles, son un clásico del país, una tradición que compite con la siesta o la tortilla de patatas. Ya con Rajoy hicieron fortuna desde la Operación Menina, que debía llevar a Soraya Sáenz de Santamaría a la presidencia, a la Operación Monti, otra de romanos en la que el dúo De Guindos y Soria, cloneéste último de Aznar y amante de los paraísos fiscales, se harían con las riendas del Gobierno y del PP. La más divertida tuvo protagonista a García Margallo, que se creyó el rumor -que puede que él mismo extendiera- de que era el tapado para relevar a Rajoy si fracasaba en su investidura y hacía falta un hombre preparado, con idiomas y monárquico a  carta cabal para salvar a España del desgobierno.

Robles conjuga una indiscutible honestidad personal con un incontenible afán de protagonismo, lo que siempre le ha hecho cultivar con mimo su propia imagen entre cierto periodismo predispuesto a comprar cualquiera de sus mercancías. Ese ansia por marcar territorio le ha costado algunos tropiezos sonados, como cuando ya en el Ministerio protagonizó una cruzada contra las bombas láser que se vendían a Arabia Saudí antes de ir a implorar perdón en actitud genuflexa al embajador de los del Golfo para que le perdonara la niñería y mantuviera esos odiosos contratos de corbetas, metros y alta velocidad de unos cuantos miles de millones de euros.

Santa Margarita debe de ser consciente, porque de tonta no tiene un pelo, de que es el enésimo instrumento de quienes han encontrado en un virus la munición necesaria para el acoso y derribo a la coalición de izquierdas. No es previsible que intente saltar más allá de su sombra pero está encantada de conocerse. Así es el nuevo icono de la derecha en la última de sus películas sobre la unidad nacional. Las críticas son buenísimas aunque nunca se estrene en cines.