Opinion · Espejos extraños

Finalmente se mueve

Ha sido demasiado fácil ser político de izquierdas en nuestro país, pero los tiempos están cambiando. La izquierda portuguesa da señales de que finalmente tiene que rendir cuentas a un país sufrido que incesantemente vota mayoritariamente a la izquierda para después verse gobernado por la derecha. Será difícil después de años de inmovilismo y de falta de entrenamiento político, pues nuestros políticos, tanto a la izquierda como a la derecha, se han habituado a ser gobernados por Bruselas. Pero las dificultades derivan también de la propia naturaleza de los partidos. Hace cien años, un sociólogo muy conservador pero muy lúcido, Robert Michels, definió los partidos como organizaciones consagradas a defender a los políticos de las presiones de su electorado para que puedan servirse de la política para materializar sus intereses particulares. Le llamó la “ley de hierro” de los partidos: la tendencia ineluctable a transformarse en estructuras oligárquicas dominadas por aparatos que sólo piensan en su reproducción.

El Partido Socialista (PS) vive un proceso crucial de confirmación o no del principio de la ley de hierro. Los portugueses, sobre todo los que simpatizan con el PS, aguardan ansiosamente el desenlace. Ansiosamente, por dos razones. Por un lado, el PS es un partido crucial de la democracia pos-25 de Abril y, por ello, lo que le ocurra tiene consecuencias importantes para el país. Por otro lado, temen que la ley de hierro se confirme. Temen que el aparato no vea lo que todos los portugueses ven: el secretario general, António José Seguro, perdió la confianza de los portugueses antes de ganarla. Justa o injusta, ésta es la decisión de los portugueses. Y como en política la rehabilitación de los líderes pasa obligatoriamente por la travesía en el desierto, un lujo que el PS no puede permitirse hoy, Seguro debe ser sustituido rápidamente si el PS quiere volver a gobernar el país. ¿Estará el PS a la altura del momento? Por las señales que nos van llegando, si Seguro fuese sustituido, no será pronto. Siendo un mal menor, puede ser devastador para el futuro de la izquierda portuguesa. La primera fase del proceso de lucha interna fue dominada por el aparato, como era de esperar. Seguro tiene a su favor no sólo la ley de hierro sino también intereses internacionales y think tanks que apuestan por seguir desarrollando políticas neoliberales. Los mismos intereses que apoyaron la creación de la UGT con el objetivo de dividir al movimiento sindical, por lo que no llamaría la atención que, en un momento dramático de destrucción de la negociación colectiva, la UGT revele su verdadera cara. No me sorprendería si el alcalde de Lisboa, António Costa, tuviese que redactar una carta de intenciones para no ser neutralizado antes de que sea tarde.

El Bloque de Izquierda (BI) también da señales de renovación en el único sentido posible: retomar en la práctica su idea fundadora de contribuir a la unidad de las izquierdas. Hasta ahora no hizo nada en ese sentido y lo que hizo acabó yendo en sentido contrario. De otra manera no se entiende cómo votó la caída del Gobierno socialista o permitió que surgiese el “caso” Rui Tavares [exeuroparlamentario independiente que dejó el BI para fundar el partido Livre]. Un político talentoso inducido, contrariamente a lo que siempre defendió, a contribuir objetivamente a dividir todavía más a la izquierda, como sucedió en las últimas elecciones. También aquí las señales son mixtas. La ley de hierro no tiene preferencia por los partidos grandes y hasta puede reforzarse en un partido pequeño al borde del colapso. El BI tiene a las dos líderes políticas más brillantes de su generación: Ana Drago y Marisa Matias. Esta última impidió casi solita que el desaire electoral reciente no fuese aún más devastador. Si se uniesen y tuviesen éxito interno, el partido puede volver a ser el bloque de la esperanza, como quería el nostálgico Miguel Portas.

¿Y el Partido Comunista Portugués? El PCP tiene el estatuto de monumento nacional, la réplica portuguesa del patrimonio mundial del comunismo. Digo esto sin cualquier ironía porque considero preferible ser monumento que ser ruina, como sucede con el PS actual en relación al socialismo europeo. El PCP ha influenciado con excesivo sectarismo la corriente dominante de la Confederación General de los Trabajadores Portugueses, pero ha sido la voz más audible contra la austeridad, ha estado en el origen de los gobiernos autárquicos que honran la democracia y contribuyó decisivamente a impedir que la extrema derecha tenga voz entre nosotros. ¿Qué más se puede exigir de un monumento?