Estación Término

Una tarea de políticos decentes

Fernando Pedrós
Periodista, filósofo y miembro de Derecho a Morir Dignamente (DMD)

Las palabras ‘decencia’ y ‘decente’ están en boca de muchos esta semana tras el careo preelectoral en que el socialista Pedro Sánchez le echase en cara a Rajoy su falta de decencia siendo presidente del gobierno. No voy a entrar en el debate acerca de la corrupción, el PP, Gürtel, etc. Únicamente desearé con el filósofo Emilio Lledó: "Ojalá este domingo regrese la decencia". El filósofo hace unos meses conversaba con un periodista pues le habían concedido el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. Eran vísperas de las elecciones de finales de mayo pasado y el entrevistado animaba a los conciudadanos a votar para forzar una regeneración moral de la política. Por mi parte, en vísperas de estas elecciones que nos afectan a todos los españoles, me amparo en las palabras de Lledó: "Ojalá este domingo regrese precisamente eso, la decencia. Debemos votar por ello, sería una bendición que nos ayudaría a cortar el paso al engaño, la falsedad, resultaría toda una venganza contra los prepotentes".

Hablando de prepotentes y en el terreno de juego de este blog, hay que recordar que el PSOE llevó en su programa la propuesta de una ley de eutanasia en las elecciones generales de 2004. Pero a lo largo de dos legislaturas siempre se echó atrás cuando grupos minoritarios de izquierda iban presentando en el Congreso propuestas legislativas para dar libertad al ciudadano y poder disponer de su propia vida en circunstancias trágicas de invalideces o grandes sufrimientos. Los socialistas en estos casos, bastante frecuentes, se alinearon con los populares, siempre adictos a las posturas eclesiásticas y a los recortes de la autonomía personal de los ciudadanos en el momento más serio de la vida. Pero parece ser que los tiempos van a rolar a una mayor libertad: ya en las elecciones autonómicas se quebró el poder territorial del PP en el mapa político de España y se fracturaba el bipartidismo. Y esa misma fractura la detectan hoy las encuestas y la avanzan ahora ante las urnas. Para la asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD) esta quiebra política puede ser significativa. Ya no será solo IU-Unidad Popular, heredera de grupos de izquierda que en legislaturas pasadas abogaban por la libertad para disponer de la propia vida, también otros partidos van a estar por la misma labor en estos momentos.

Si revisamos los programas electorales, vemos que el PP guarda como ayer silencio bien por convicción política o por conveniencia en la guerra religiosa de los obispos y asociaciones afines contra la legalización de la libre determinación del enfermo con respecto a su muerte. Es más, DMD le invitó repetidamente a debatir públicamente sobre el tema con otros grupos políticos, mantuvo silencio y no asistió. Podemos, IU-Unidad Popular, Compromis, Equo, UPyD, En Comú Podem, PNV, Geroa Bai lo llevan en sus programas; el PSOE condiciona una ley de muerte digna si hubiere consenso. Ciudadanos, que en el acto público de DMD estaba en la cuerda floja, nada dice de la libre disposición de la propia vida en su programa. Quizás si el tema saltara a debate formal en el Congreso, se le abriera la mente mediante una lectura reflexiva de la encuesta del CIS de 2009 en que puede escuchar la opinión mayoritaria de los españoles y su grito a favor de la legalización de las conductas eutanásicas. Si es un partido de mentalidad joven y abierta, quizás dejen de mantener el tabú mágico de que la vida es intocable para quien la vive. Quién sabe, pues, si en la próxima legislatura se abra un camino que lleve a que los más de cuatrocientos mil ciudadanos que llegan anualmente al límite de su vida puedan tener la libertad ética de autogestionar su propia vida en los momentos finales. Esperemos, pues, que el nuevo sistema de poder democrático sea propenso a que se rompa el tabú de la vida intocable y "ojalá este domingo regrese la decencia".

Hubo un hombre, un ministro (lo denomino ‘decente’), Bernat Soria, que tomó la muerte humana en serio: después de encargar una amplia encuesta al CIS sobre la percepción de las muertes en la población española y de detectar sus opiniones ante las conductas eutanásicas y su legalización anunció la formación de una ‘comisión de sabios’ (expertos) para abrir la reflexión pública sobre la cuestión. Al poco tiempo se retiraba –o le retiraban- de la tarea ministerial y dignamente volvía a su trabajo científico de investigación. La Comisión no se formó, pero el profesor Soria nos dejó en manos de todos los españoles los resultados de una gran encuesta.

Tras las elecciones y la formación del nuevo Congreso de los Diputados queda como asignatura pendiente la cuestión de la libertad del enfermo para decidir sobre su vida y su muerte. Al votante y ciudadano de a pie nos queda esperar la reacción de los nuevos diputados y, sobre todo, el fuerte convencimiento de que abrir el tema, plantearlo en la sociedad y en el Congreso, empatizar con esos enfermos sufrientes invisibles es una tarea para hombres decentes.