¡Eureka!

Fernández-Capetillo: "A mi edad ya he desarrollado los anticuerpos para no creerme las promesas de ningún partido político"

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Por Christian González

Con motivo de su 40º aniversario, la revista Cell —una de las publicaciones científicas más prestigiosas del mundo—, ha elaborado un listado con los 40 investigadores jóvenes más relevantes del mundo que aún no han cumplido los 40 años.

En esa lista está el nombre de Óscar Fernández-Capetillo (Bilbao, 1974), un doctor en bioquímica por la Universidad del País Vasco que trabaja en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO).

El único español que figura en un grupo que conforma "la élite de las nuevas generaciones de investigadores internacionales" estudia la relación entre el llamado estrés replicativo celular con el cáncer y el envejecimiento.

Fernández-Capetillo hace extensible este reconocimiento a sus compañeros  hablando siempre en plural de sus logros y destaca que la ciencia no acaba en el laboratorio: "Un científico no sólo es sus publicaciones sino también las conferencias que da, los consorcios de los que forma parte..."

Pese a su juventud ya ha sido reconocido con otros muchos galardones, como el International Early Career Scientists 2011, del Howard Hughes Medical Institute de EEUU, o el Eppendorf Award for Young Investigators. "Parece que la gente del campo nos estima y en este caso los de Cell también", considera humilde mientras charla con Eureka.

Entre sus logros más recientes está su participación en el desarrollo de compuestos con actividad antitumoral, licenciados el año pasado a la compañía farmacéutica Merck. ¿En qué ha consistido?

Una línea de mi laboratorio fue invertir parte de nuestro tiempo en desarrollar compuestos contra el cáncer (quimioterápicos).  Sabíamos que había algunos tumores que tenían mucho daño en su genoma. Suponíamos, por ello, que seguramente necesitaban una actividad muy importante de proteínas reparadoras del genoma para poder sobrevivir. Entonces surgió la idea: si hacemos compuestos que logren inhibir la actividad de proteínas reparadoras, quizá esto sea muy tóxico para un tumor y no tanto para una célula normal.

Con la ayuda de varias personas de mi grupo exploramos esta vía y descubrimos unos inhibidores: una proteína que se llama ATR, que es una proteína reparadora. Después seguimos trabajando con ayuda de el programa de Terapias Experimentales del CNIO y poco a poco hemos ido refinándolas hasta lograr unas moléculas que son capaces de curar un cáncer en un ratón. Llegado a este punto tuvimos que buscar ayuda de una empresa y la alemana Merck nos hizo la propuesta más interesante. Licenciamos estos compuestos, pero no nos hemos desvinculado de ellos. El desarrollo de la biología se sigue haciendo en colaboración con el CNIO.

¿En qué más trabajan en este momento?

Hacemos muchísimas cosas diferentes. Casi todo tiene que ver con la importancia que tienen los mecanismos de reparación del genoma en muchos procesos. Algunos de ellos tienen que ver con cáncer y envejecimiento, ambos influenciados por el daño en nuestro genoma. Pero además de eso también hay enfermedades relacionadas con fallos de reparación. El trabajo de mi laboratorio oscila entre muchas preguntas fundamentales de cómo las células consiguen mantener su genoma intacto y limpio de mutaciones.

¿Qué supone un reconocimiento como este?

Significa mucho, en parte también porque era totalmente inesperado. Es una sorpresa muy agradable que una publicación como esta, acostumbrada a recibir los mejores trabajos científicos del mundo a diario, considere que la ciencia que hacemos nosotros es de la calidad suficiente como para estar ahí. Además, supone un altavoz en los medios. Uno tiene la posibilidad de hablar y no sólo de su trabajo, sino de cosas como la situación de la ciencia en España.

Una ciencia muy reconocida, pero cada vez con menos recursos.

Absolutamente. Entre los años 90 y principios de los 2000 se hizo un esfuerzo importante y se consiguió mucho. Incluso nuestros colegas europeos nos miraban con sorpresa por lo bien que estaban funcionando las cosas. Se hacían bastantes centros y había varios grupos punteros. Incluso se llegó a atraer a científicos extranjeros de primer nivel a España, lo que era un claro cambio de paradigma. Ahora se ha desandado todo. No sólo no conseguimos atraer a los extranjeros sino que muchos de los de aquí se van porque las condiciones han empeorado mucho. Yo he sido un privilegiado pero no soy ajeno a mi entorno.

Este domingo se celebran las elecciones europeas. ¿Qué opina de la política actual?

Aunque me hayan reconocido como científico joven, tengo casi 40 años y supongo que ya he desarrollado los anticuerpos como para no creerme las promesas de ningún partido político en campaña. Más que los partidos, me preocupan las personas que luego toman los puestos de dirección. Y la experiencia me dice que lo que se dice en campaña es irrelevante en todos los sentidos. No creo que las grandes soluciones de este país vayan a venir de la política sino de personas individuales. Ojalá que entre la gente joven salga algún gran empresario. Un Bill Gates o alguien así que consiga darnos un empujón. No tengo confianza ni en las elecciones del domingo ni en las siguientes. No es donde tengo mis pensamientos.

 ¿Qué pediría uno de los mejores investigadores jóvenes españoles a los gobernantes?

Simplemente un poco de confianza. Y que cuando tengan que tomar decisiones científicas traten de asesorarse, no por su conocido de la infancia que resulta que ha estudiado biología, sino por personas de reconocido prestigio científico que les ayuden a tomar decisiones informadas. Hace falta que se rodeen de gente de talento que les ayude a tomar decisiones.

Y sobre todo les pediría confianza en la apuesta por la investigación y el desarrollo. Aquí no se nos ha educado, ni a ellos ni a nosotros, a creer que invertir en investigación puede ser el motor de un país. Y esta gente ha estado educada en otras carreras y otros entornos y no se lo creen. No creen posible que la ciencia pueda ser el motor de un país. Y no hay más que ver a los países nórdicos. A Dinamarca, entre otras cosas, la mueve la patente de la insulina recombinante. Y EEUU va fantásticamente bien porque consigue reclutar a mucha gente muy buena. Pero estos datos al parecer no permean. No desayunan con ellos. Desayunan con las últimas encuestas de estimación de voto.

¿Qué le diría a un joven que le interesa la ciencia, pero que se enfrenta a un presente tan sombrío?

Que si es un científico como yo y tiene poca confianza en la vida después de la muerte, sabrá que sólo tenemos esta oportunidad. Si cree que lo suyo es la ciencia, sólo hay un camino y es hacia adelante. Será difícil. Y su generación lo tendrá más difícil que la mía, que a su vez lo tuvo más difícil que la anterior. Pero hay oportunidades. Le diría que persiga lo que quiere hacer y que apriete. Hay que intentar lo que le llene a cada uno.