¡Eureka!

"La educación tiene que cambiar: los profesores enseñan hoy igual que hace un siglo"

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Álvaro Sanmartín lanzó con sus socios Floqq el día de la huelga de marzo de 2012. Hoy es la mayor plataforma online de cursos de formación en español y trata de posicionarse como alternativa a la educación tradicional en tiempos de crisis.

 

Por EDUARDO ORTEGA / Fotos: JAIRO VARGAS

"¿Por qué no el día de la huelga?", se preguntaron dos semanas antes de aquel 29 de marzo de 2012. Habían estado debatiendo varias jornadas y, aunque en principio descartaron esa fecha, finalmente se decidieron por ella. "Tenía mucho sentido hacerlo ese día, porque se trataba de una propuesta de un modelo diferente en un momento en que la formación, como industria, no funcionaba. Los profesores estaban en las calles y cada vez había peores sueldos. Estaba todo muy estancado", afirma Álvaro Sanmartín, cofundador de Floqq, la mayor plataforma online de cursos de formación en español. Presentaron la empresa al público esa jornada de paro en todo el país. Toda una declaración de intenciones de lo que pretendían. "Nos parecía un buen símbolo, de una propuesta de alternativa a lo que estaba ocurriendo, al cabreo que había en la calle".

Lo que podía haber resultado un fracaso, un vacío en la sala por el paro en los transportes y la dificultad, en definitiva, para asistir al espacio que reservó la compañía para la ocasión, fue todo lo contrario: un éxito. Un lleno. "Ahí se notó que la gente quiere oír alternativas, no sólo quejas sobre lo que hay. Y creo que nosotros, para bien o para mal, siempre hemos estado ofreciendo alternativas y soluciones".

-¿El objetivo era aprovechar ese contexto?

Yo creo que siempre hay un momento en el que el sistema deja de funcionar. Hay varios años en los que hay pruebas y, de repente, una de esas pruebas funciona y todo se reorienta hacia esa nueva forma de hacer las cosas. Eso ocurre con todo: con la música, con Über en los taxis, con AirBnB... Cuando estamos en crisis y la gente no se puede permitir lo que pagaba antes por una habitación de hotel, es lógico que aparezcan soluciones low cost. Es la solución a un sistema que se ha quedado obsoleto.

Y yo creo que con la formación va a pasar algo parecido. Si hay algo en lo que coincidimos el 90% de los españoles es en que la educación en este país ha dejado de funcionar. Antes si conseguías un título en una formación superior, conseguías un trabajo en el que podías desarrollarte. En la actualidad, por muchos motivos, los que logran ese título se encuentran con que eso ya no garantiza el empleo.

-¿Y eso ocurre por la crisis o es un problema de modelo?

Es un problema global, en el que tienen que ver muchas cosas. Hoy en día, por ejemplo, es más fácil encontrar a gente con talento. Entras en LinkedIn y se te presentan opciones a patadas, según el perfil que busques. Es más fácil competir globalmente por un puesto de trabajo, lo que hace que haya más demanda. Cuando eso sucede, la empresa no quiere ver sólo que una persona tenga un título, sino que le demuestre que tiene la habilidad que está buscando.

Además, en un mundo que tiende hacia la mayor eficiencia y competitividad, no se necesita sólo gente con títulos, sino una serie de habilidades que no son las que se están enseñando en el sistema educativo. Actualmente, en España los profesores tienen un temario, unas respuestas correctas y miden las respuestas correctas y erróneas. Y eso es lo que cuenta al fin y al cabo. Y ahí entramos nosotros: enseñamos lo que se demanda ahora.

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Álvaro Sanmartín (Madrid, 1986) estudió Ingeniería de Telecomunicaciones y realizó estudios de management en Harvard y Berkeley. Fue en 2011, mientras se formaba en la universidad californiana, cuando nació la idea de Floqq. Él y uno de los cofundadores, Carlos González de Villaumbrosia, discutieron por vez primera el tema en una habitación de hotel en San Francisco y poco después lo concretaron a través de Skype con los otros dos cofundadores. Regresaron a Madrid y se comprometieron firmando un posavasos en un bar.

"Para mí es como si fuera hace dos vidas. Los emprendedores vivimos la vida con una intensidad fuera de lo normal. Yo he comprobado que cielo e infierno pueden estar juntos el mismo día y te acabas acostumbrando a ello", cuenta. Tras el lanzamiento en 2012 y aquellos primeros meses trabajando en el garaje del padre de uno de los socios, ganaron un concurso del Gobierno chileno y se mudaron seis meses a Santiago. Después, en 2013, llegaría uno de los grandes espaldarazos: fueron seleccionados por 500 start ups, una de las mayores aceleradoras del mundo. Les dio 48 horas para devolver los contratos firmados y diez días para plantarse en Silicon Valley. "Fuimos sin casa ni visado, sólo con una mochila. Ellos asumen que si no eres capaz de estar allí en ese plazo de tiempo es que no mereces estar allí, que no posees el carácter suficiente. Forma parte del proceso de selección".

Su primera página web, con la que trataban de darse a conocer y enganchar, era únicamente una frase que decía: "Algo malo va a pasarle a la titulitis en España". Iba acompañado de un espacio para dejar un correo y tuvieron más de 1.500 registros.

-Tratan de suplir las carencias del actual sistema educativo.

Claro, creo que no podría haber surgido Floqq si no fuera por la crisis y porque la gente ha tenido que reinventarse y buscar otras maneras de formarse. Y eso es lo que suplimos nosotros, sin que sea muy caro. Floqq podría ser un perfecto aliado de una reforma educativa española, como política pública, pero es muy complicado porque hay demasiadas estructuras muy establecidas. Y eso ocurre en todos los ambitos. También en la política. Igual que han aparecido formas diferentes de transportarse, de alojarse o de pedir la comida, surgirán nuevas maneras de gobernar diferentes a las tradicionales. Y seguramente generarán rechazo, como ha ocurrido con Podemos, que de repente ha hecho que todo se tambalee.

Yo siempre pongo con la educación el ejemplo de un cirujano. Un cirujano de hace un siglo no sabría operar hoy en día porque todo ha evolucionado mucho, hay nuevas máquinas y utensilios. Sin embargo, un profesor no ha cambiado absolutamente en nada de hace un siglo a hoy. Se enseña de la misma manera. Creo que el cambio también llegará a la enseñanza, aunque sea más lento.

-Si hipotéticamente se solucionaran los problemas económicos, de paro y de modelo educativo, ¿Floqq tendría sentido entonces? ¿Seguirían teniendo el mismo éxito?

Nosotros también tendríamos que cambiar. En ese hipotético caso que planteas, seguro que Floqq sería mucho más grande de lo que es ahora, tendría mayor impacto e importancia. Y probablemente sería diferente, porque es muy difícil llegar a tantísima gente y seguir siendo igual de rápido. Acabaríamos siendo como un dinosaurio: más grande pero más lento; con sus cosas buenas y sus cosas malas.

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En la actualidad, la firma tiene alrededor de 300.000 usuarios, que son al mismo tiempo profesores y alumnos. "Es nuestra filosofía: estar constantemente aprendiendo cosas". Hace apenas unas semanas que la compañía ya no es española, sino estadounidense, con todo lo que conlleva: los prejuicios por venir de una España en la que campa a sus anchas la corrupción y el paro o los elevados gastos. En Silicon Valley no son "el bicho raro" que supone ser emprendedor en España. Como ejemplo, la breve conversación que mantuvieron cuando trataban de registrar la sucursal en España:

-¿Vosotros que sois? ¿Proveedores de formación?

-No, somos un Market Place de cursos, no somos los que damos la formación.

-Tampoco hacéis libros, ¿no?

-Pues no...

Al final acabaron con una cruz en el epígrafe Otros. "Como el cajón de sastre de cosas que no encajan en ningún lado. Eso en EEUU no sucede", comenta Sanmartín.

-¿Cualquiera puede dar una clase en Floqq? ¿Qué requisitos ha de cumplir?

El requisito es ser bueno, no hay que acreditar nada; quien lo acredita es la gente. Nosotros damos la oportunidad a todo el mundo de subir su contenido y, dependiendo de lo que digan los alumnos en sus valoraciones, lo dejamos o lo quitamos.

Esos primeros contenidos que se suben son de prueba, por lo que son gratuitos. Después, si se queda, el profesor elige cobrar o no. Cada vez estamos subiendo más el listón y hacemos menos cursos gratuitos. Nos estamos centrando en menos docentes, pero que sean espectaculares, y en subir mucho la calidad de la enseñanza.

Queremos que aquí estén los buenos docentes. Da igual de dónde vengan, si poseen un título, si tienen 15 años u 80. Que a la gente le guste y le encante lo que enseñe. Tenemos chavales menores de edad dando clases, salesianos retirados... El colectivo de los jubilados, por ejemplo, es muy interesante porque tienen mucho conocimiento, tiempo y ganas de contarlo.

-¿Cómo se establecen los precios?

Por nuestra experiencia, nosotros aconsejamos, pero ellos deciden si nos hacen caso o no. Influye la oferta y la demanda.

-¿Qué tipo de cursos tienen y cuáles los más solicitados?

Ahora hay alrededor de 2.000 en la plataforma. Los más solicitados son los de tecnología, márketing, ventas y luego ciertos nichos super curiosos que te sorprenden mucho. Hay veces que cuando lanzas uno nunca sabes si te va a funcionar o no. Por ejemplo, uno sobre análisis cuantitativo de trading de divisas. Suena pequeño, pero se vende como churros. En general, todo lo que tenga que ver con tecnología y programación está muy demandado.

-¿Cuál es el negocio?

Nos llevamos entre un 30 y un 40% del porcentaje del precio del curso, dependiendo del tipo que sea. No tenemos publicidad ni hemos querido tenerla. Ahora no sólo tenemos cursos en vídeo, sino también programas más integrales en los cuales, aparte de vídeo, hay un tutor personal, un grupo privado de alumnos y varias semanas en las cuales el profesor te va marcando, te pone ejercicios y retos y compites con los otros alumnos. Todas las tutorías son online, no hay nada presencial. Creo que la experiencia formativa online puede ser mejor que la presencial.

Hay, además, una oportunidad muy grande de enganchar al alumno como si esto fuera un juego. La mejor forma de aprender es jugando y en la enseñanza que hemos recibido hay de todo menos juego; es más de castigo y de miedo, de "hay un examen y lo vas a suspender". Nosotros lo enfocamos como "vas a competir con todo el mundo", y además vas a tener premios e incentivos para que vayas avanzando.

-¿Cómo están las finanzas de Floqq?

Estamos en una etapa complicada, sobre todo por el cambio de país, que ha conllevado unos gastos muy altos. Tenemos oficinas en Madrid, donde somos ocho trabajadores, y luego un espacio en San Francisco, donde hay un socio. Nuestro objetivo es poder contratar más empleados y que todos estuvieran en San Francisco, pero eso ahora mismo para nosotros es inviable.

En el segundo trimestre de este año multiplicamos por cuatro la facturación con respecto al primer trimestre. Estamos en un momento en el que necesitamos vender y llegar a unos objetivos muy ambiciosos. Hemos pasado de una etapa de mucho crecimiento a una de monetización. Por otro lado, hay empresas grandes que nos están pidiendo que creemos un proyecto igual para ellos, una imitación de Floqq, y que los contenidos los pongan ellos. Si saliera todo lo que está abierto, todo lo que nos han pedido, acabaríamos muy bien el año.

Por otra parte, 500 start ups nos ha desembolsado algo de dinero en 2014 y es posible que de aquí a finales de año tengamos algo más de financiación, pero de los inversores que tenemos ahora (dos principales, Cabiedes & Partners y Arturo Guillén; y diez inversores minoritarios, todos relacionados con tecnología o educación).