Opinion · ¡Eureka!

El matrimonio español que se hipotecó para salvar al cerebro

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Ana Maiques es la cofundadora de Starlab y Neuroelectrics.

Por EDUARDO ORTEGA

La oportunidad que se les presentó era enorme, casi irrechazable. Un multimillonario belga les contrataba en 2000 para formar parte de un equipo de grandes investigadores en Bélgica. Allí se desplazaron Ana Maiques (Valencia, 1972) y su marido, Giulio Ruffini (Barcelona, 1966), hasta que la burbuja de las puntocom arrampló con la compañía. “Nos encontramos ante la dicotomía de emprender o irnos a casa con el finiquito. En ese momento es cuando yo siempre digo que te vuelves emprendedor, porque decides tomar el camino más arriesgado. No es que un día nos levantásemos y dijéramos: ‘Queremos ser emprendedores’. Sino que de una crisis salió una oportunidad y eso nos hizo emprendedores”, rememora Maiques.

Y así, de las cenizas del proyecto multimillonario, fue como esta economista y su marido, matemático y físico, fundaron Starlab, una empresa puntera española que desarrolla investigaciones de alto nivel y las transforma en productos y servicios en el mercado. El mismo objetivo que tenía aquella compañía belga en la que se originó todo, pero con bastantes menos medios. “Tenían más dinero y un periodo de incubación muy largo. Lo hacían más a lo grande. Allí se comentaba que cien años no son nada, queriendo decir que si haces investigación a largo plazo y tienes fondos para aguantarla, al final generará las tecnologías del futuro”.

En su caso, Ana y Giulio tuvieron que sacar el dinero de debajo de las piedras, casi literalmente. Se hipotecaron para poder sacar adelante la compañía. Un crédito que aún no han devuelto, aunque -confiesa Maiques- “van por buen camino”. “Nosotros no teníamos tantos recursos y tuvimos que ser más creativos a la hora de buscar modelos de negocio que nos permitieran aguantar y financiar la investigación hasta que aparecieran tecnologías”.

Actualmente, el matrimonio posee dos empresas participadas de la misma manera. Por un lado, Starlab, la matriz, que se dedica a proyectos e investigaciones espaciales. Por otro, Neuroelectrics, una spin off enfocada en la neurociencia. La primera, con sedes en Barcelona e Inglaterra y 45 empleados, arribó de la mano de la brillante cabeza de Ruffini y con varios contratos de la Agencia Espacial Europea bajo el brazo. “Pensábamos, y seguimos pensando, que en el espacio hay todavía mucha tecnología por desarrollar. La tecnología satelital aún no tiene un rol muy importante basado en la observación de la Tierra”. Ese hueco que hallaron lo han aprovechado espléndidamente para desarrollar tecnologías que mejoran la gestión del agua y del medio ambiente en el planeta. Como en Chile, donde junto a compañías como Endesa, son capaces de saber con fotos de satélite y unos algoritmos cuánta nieve hay en los Andes y predecir cuánta generación hidroeléctrica va a haber con el deshielo.

Stephen Hawking habla en su programa sobre Neuroelectrics.

Han implantado, asimismo, una tecnología en lugares como Irlanda, Portugal o Barcelona para optimizar el riego. En vez de usar sensores en cada árbol o de emplear a gente observando la humedad del terreno, hacen una foto de toda la ciudad con el satélite y, procesando los datos del color de los árboles, son capaces de inferir si el terreno está seco y necesita más agua. Lo llaman irrigación inteligente.

Mientras, Neuroelectrics, que surgió en 2012 y cuenta con diez empleados y oficinas en Barcelona y Boston, ha desarrollado ya dos importantes tecnologías. Una llamada Enobio, que, mediante un casco inalámbrico, permite dar órdenes mentalmente a un robot y al mismo tiempo servir de encefalograma. La segunda, Starstim, es un neuroestimulador también wifi para mitigar dolencias cerebrales y tratar la rehabilitación tras enfermedades como un ictus. Además, trabajan, gracias a estudios en distintos hospitales, en las aplicaciones que pueden hallar para otras afecciones como el párkinson, la hiperactividad o la epilepsia.

El éxito de Neuroelectrics es tan rotundo que ya han vendido en 35 países y trabajan con organismos como la Universidad de Hardvard, el MIT, la Universidad de California, la NASA, la Universidad de Oxford y varios prestigiosos hospitales de todo el globo. “El campo de la salud y el del cerebro parece que están un poco de moda. Obama está apostando por ella y en Europa también se están llevando a cabo muchos esfuerzos”, concede Maiques, tercer premio a la mujer más innovadora de 2014. Efectivamente, el presidente de EEUU ha impulsado durante su presidencia varios proyectos científicos, como un plan que anunció en 2013 para investigar el cerebro humano o el más reciente para impulsar la medicina de precisión.

Por ello, para poder jugar la liga científica de EEUU, Neuroelectrics plantea abrirse al capital para esquivar las barreras regulatorias del país. Prevén destinar varios cientos de miles de euros de aquí en adelante para que sea certificado por la FDA (la agencia reguladora norteamericana). Hasta ahora, tanto la spin off como Starlab se han sostenido sólo con sus ventas y han ido creciendo (y mucho) en función de lo que han generado. “El mundo de la neurociencia, y quizás también el de la medicina, se están dando cuenta de que hay otras maneras de tratar enfermedades y de que, si el cerebro es eléctrico, puede que también haya maneras de tratarlo con tecnologías innovadoras”.

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