Tinta Mintenig

¿Igualdad?


Se habla mucho del tema de la igualdad a raíz del parto de Carme Chacón; que si debe o no agotar la baja de maternidad o compartirla con su marido; que si es un ejemplo para futuras madres, etc.

Pues yo no quiero hablar de Carme Chacón, que es, a todas luces, un caso excepcional y, como tal, no sirve para ilustrar el tema.

Lo que quiero es hablar de las madres sin pareja. Antes se las llamaba madres solteras, y ese simple calificativo las descalificaba de forma brutal. Por suerte esos tiempos han pasado, y ahora son sólo mujeres que han decidido tener y criar a sus hijos en solitario, sin la ayuda (mayormente escasa) del personaje masculino.

Entre mis amistades cuento con dos tipos de madres sin pareja. Una se quedó embarazada en un viaje exótico a Brasil y decidió que, por edad y por garantía emocional, debía tener a su hijo. Una decisión muy respetable. La otra ya tiene un hijo, y ahora desea tener otro mediante fecundación artificial, a poder ser utilizando esperma y óvulos de donantes. Cuando me lo contó me pareció, en principio, una idea descabellada, pero, reflexionando, no me parece tan mal. Estas dos mujeres son jóvenes y viven en el mundo en que viven, nuestro mundo, que cambia a la velocidad del rayo. ¿Por qué no aceptar estas situaciones? Vale que el concepto madre-padre-niños es seguramente una garantía de estabilidad si la cosa funciona (y, de hecho, las encuestas sociológicas muestran que la gente valora enormemente el hecho de tener una familia, digamos, "al uso"). Pero lo que sucede es que el concepto de "normalidad" está cambiando también, y no debemos rasgarnos las vestiduras, sino adaptarnos al cambio. Quien no se adapte, morirá. Así ha ocurrido siempre en la historia de la evolución.
Me he ido por las ramas: lo que quería decir es que a estas jóvenes madres sin pareja les trae al pairo la dichosa cuestión de la igualdad. Lo que quieren ellas son más ayudas para salir adelante sin hombres que velen por su estabilidad/ayuda económica/estatus social. Quieren tener preferencia a la hora de obtener plaza en la guardería, ayudas en los comedores escolares, descuentos en los recibos de los suministros básicos, flexibilidad horaria en sus puestos de trabajo. Lo demás, ya lo harán ellas. Que para eso son mujeres arrojadas que se han metido en este fregado.