Tinta Mintenig

La mirada del loco

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El loco Fritzl ha "cantado". Ha confesado todas las atrocidades cometidas en su casa de Amstetten. En una famosa canción cubana, muy salsera, una mujer que se ha hartado de su marido le echa de casa y le dice que, a partir de ese momento, "le cocine su abuela". Pues no sé si podré volver a escuchar esta canción sin amargura, porque en Amstetten tenemos a un abuelo que ha cocinado a su propio hijo, y nieto a la vez, en una caldera. Lo incineró para deshacerse del cadáver.

A mí siempre me han dado miedo las miradas de los locos. Y la de Fritz me aterra. Esta mirada que desde ayer está en todas las portadas, en todas las teles, me provoca un intenso instinto de huída, de salir corriendo para situarme lo más lejos posible de su alcance. Qué no le provocaría, pues, esta mirada a su hija encerrada y violada durante 24 años, forzada a parir 7 hijos de su propio padre. No se puede ni imaginar. ¿Y a su mujer, qué le decían los ojos de Fritzl? Es bien cierto que puedes convivir con una persona durante largos años y no llegarla a conocer. Ésta debe ser la única agarradera, ahora, para esa mujer. Siempre y cuando, claro está, sea cierto que no supiera nada de nada, como apuntan las primeras investigaciones policiales. Ella no sobrevivirá, es imposible sobrevivir a una cosa así. Y no tengo fuerzas para pensar en los hijos/nietos.

Escucho en la radio esta mañana la entrevista que le hacen a una joven catalana que vive en Amstetten, a unos 200 metros de donde vivía el loco Fritzl. Cuando le han preguntado cómo era esa localidad, cómo se vivía allí, ha respondido que era uno de esos lugares provincianos "en los que nunca pasa nada". Ahora, todos sus habitantes están en estado de shock, porque se saben vecinos de la maldad con mayúsculas. Por pura casualidad, discutía yo hace unos días con un amigo sobre la maldad y la bondad innatas de las personas. Él sostenía que nadie es totalmente malvado, y yo sostenía lo contrario. El loco Fritzl, para mí, es un loco y es un malvado. No puede haber otra explicación posible: ya debía ser malo cuando nació. Y, con su maldad, ha creado un entorno de barbarie y de perversidad inimaginable. No lo quiero calificar de horror porque esta palabra, hoy en día, está tan banalizada que no me sirve para este caso. Hoy en día todo es un horror. No tengo plaza en la escuela para mi hijo, qué horror. Falta agua, qué horror. Mi vecino me da la lata con su musica y no puedo dormir los sábados, qué horror.

Lo de Amstetten no es un horror. Es algo más, que me obligrá a buscar otra palabra más potente en el diccionario. Cuando la encuentre, la aplicaré también para describir la muerte de 4 niños de 1, 7, 14 y 16 años, en la localidad de Beit Hanún, Gaza. Ocurrió ayer cuando un proyectil disparado por un tanque israelí impactó en su casa. La madre también murió. ¿Es ésto un horror? No, es mucho peor.