Bocacalle

Gabriel Celaya en El Cairo

Espero que no pase desapercibido, ignorado u olvidado, aunque tengo el presentimiento de que algo así puede ocurrir, pues Gabriel Celaya (1911-1991) nació hace un siglo en el mes de marzo y no tengo hasta ahora noticia de que ese hecho vaya a contar con algún tipo de conmemoración oficial que recuerde el valor literario y cívico de su obra.

Sería lamentable para nuestra cultura en general y para nuestra cultura democrática en particular. Gabriel Celaya fue el poeta vivo más cantado y comprometido con la lucha por la democracia en España en los años previos a la muerte de Franco y durante la Transición. Nadie que haya vivido y perseguido la meta de la libertad en este país puede ignorar el valor que tuvieron los poemas de Celaya, cantados o recitados durante la clandestinidad o en aquellas entusiastas circunstancias, llenas de expectativas liberadoras, que siguieron al final biológico del dictador.

Tuve el placer de conocer a Gabriel Celaya, a quien visité siendo estudiante en 1973, cuando residía en su modesto piso de un barrio de Madrid. Fue una desapacible tarde de invierno y acompañaba a un amigo que pretendía hacer una tesis sobre la obra del poeta. Me sorprendió Gabriel por la humanidad y la sencillez de su trato, que compartía con su compañera, Amparo Gastón.

Hoy hago memoria de aquella única e inolvidable entrevista y no me resisto a transcribir algunos de los versos de uno de los poemas más conocidos de Celaya, confiando en que no sea ésta la única recordación, pues la poesía sigue siendo un arma cargada de futuro que muy bien podría estar ahora acampada a la intemperie en la Plaza de la Libertad de El Cairo:

"Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos".

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