Bocacalle

Los comunicadores del odio ideológico

Tengan por seguro que si utilizo el término comunicadores y no otro para referirme a ellos, lo hago sobre todo por calificar de algún modo a quienes, siendo o no periodistas, han conseguido un papel mediático inmerecido por sus desmesuras pero, por eso mismo, muy substancioso para las empresas que les pagan, las cuales no tienen empacho en comercializar el odio ideológico si con ello obtienen más audiencia o venden más periódicos. El odio no debería ser comunicable.

Hubo un tiempo en que ese género lo ejercía en la emisora de la obispalía un tal Losantos, al que los respetables monseñores acabaron por poner en la calle presionados por sus jefes en El Vaticano. Como la cadena COPE se resintió con su ausencia, pues decreció sensiblemente el número de oyentes, otros medios afines con la derecha más pura y dura se aprestaron a servir ese mismo mensaje y aprovecharse del mercado abierto.

Del magisterio de Losantos derivan las tertulias sobre la actualidad política que se dan en varios canales de televisión privados que antes de la TDT no teníamos el disgusto de conocer. Les aseguro que sólo por la novedad y la tentación profesional de comprobar el contenido de esos programas, más de una vez he intentado predisponerme a la escucha con la máxima calma, tratando de evitar que las manifestaciones de la mayoría de los contertulios no me alterasen hasta el punto en que siempre han conseguido hacerlo.

La última tertulia a la que presté unos minutos creo que fue en Veo7, la tele vinculada con el diario El Mundo, y en la que un solitario y asediado Marco Schwartz, jefe de Opinión del diario Público, trataba inútilmente de hacer entrar en razón al resto de contertulios identificados con el Partido Popular. Para éstos, el ataque sufrido por un joven en el Metro de Madrid hace unos días venía a ser una consecuencia del odio ideológico que la Ley de Memoria Histórica y las campañas de solidaridad a favor del juez Garzón, pues según el PP tanto la una como las otras sólo contribuyen a reabrir las heridas del pasado.

Es muy peligroso que un partido político democrático, llamado a gobernar el país, haya difundido ese mensaje sobre buena parte de la población en lugar de condenar al régimen que dio origen a esas heridas. Eso ha puesto en marcha una campaña mediática, reforzada por una lechigada de historiadores neofranquistas, que pretende interpretar el derecho de las víctimas de la dictadura a reparar la memoria de sus muertos como un mero afán de odio y venganza. Si esa es la mentalidad de quienes dirigen el principal partido de la oposición, hará bien la ciudadanía en no confiar en ellos cuando los votos decidan el Gobierno de España.

Dado que nuestro país asumió hace más de treinta años un régimen democrático, no se puede admitir que un partido, además de no condenar en el Parlamento de Europa el franquismo, conceptúe como odio ideológico las razones de una ley y la solidaridad con un juez que han pretendido aplicar en España los principios de los Derechos Humanos contra los delitos de la dictadura. La reparación de esos delitos, que sí se basaron en el odio ideológico, no puede conceptuarse como tal a menos que ese mismo odio ideológico perdure en quienes rechazan tal reparación.

+@Diario del Aire