Bocacalle

¿Obsesión cinegética o mera idiocia?

Cuenta el periodista Abel Hernández en su libro Despídete de tu madre y serás rey de España que cuando a los 18 años Juan Carlos de Borbón hirió mortalmente a su hermano Alfonso de Borbón con un arma de fuego (1956), ese golpe psicológico fue tan duro para Juan Carlos que le afectó para siempre y que su padre, Juan de Borbón, llegó decirle a quien heredaría el trono de España y ante el propio cuerpo sin vida de la víctima: Júrame que no lo has hecho a propósito.

Hace unos días, uno de los nietos del rey, el que responde al múltiple nombre de Felipe Juan Froilán de Todos los Santos, hijo de la infanta Elena y Jaime de Marichalar, sufrió un accidente de caza en la finca que su padre tiene en la localidad soriana de Garray. Según la ley, a un niño de 13 años, como el hijo de los duques de Soria, no le está permitido el uso de armas de fuego, por lo que la ley -que es igual para todos según el monarca- debería aplicar la correspondiente sanción a los padres del infractor.

Consciente de la imprudencia que tal hecho comporta, desde La Moncloa se trató de dar una versión descafeinada del percance, que se habría producido mientras el nieto de Juan Carlos I realizaba prácticas de tiro. De ese modo se excluía la posibilidad de que la opinión pública dedujese o interpretase que un niño de tan corta edad se pudiera estar dedicando a la actividad cinegética, práctica que hasta en el propio monarca está muy mal considerada últimamente.

Sin embargo, ajena posiblemente a la nota de prensa difundida por La Moncloa, la reina Sofía fue mucho más explícita al tratar de conceptuar el accidente como una travesura de niño, pues lo que dijo fue que el pequeño y su padre estaban de caza, según expresión literal. Todo parece indicar, por la naturalidad con que lo expuso doña Sofía, que ese tipo de actividad no debería ser desconocida ni por la madre del menor ni por sus abuelos.

Es de suponer que el accidente sufrido por su nieto le haya hecho recordar al monarca el que protagonizó con una Long Automatic Star del calibre 22 y tuvo como consecuencia la muerte de su hermano Alfonso. Lo que no se entiende es que si tal hecho dejó tanta huella en Juan Carlos I, como señala el libro de Hernández, no solo tengamos a un rey medio sordo por seguir apretando el gatillo, sino a las criaturas más tiernas de su descendencia haciendo lo propio y jugándose la vida, porque el percance pudo haber sido más grave de lo que fue. Prefiero pensar que el hecho se ha producido más por la obsesión cinégetica que los Borbones llevan consigo genéticamente que por mera idiocia, pero tengo mis dudas.