Opinion · El desconcierto

Boabdil el largo

Cuando hoy comience el comité federal del PSOE, Sánchez mirará la Moncloa como Boabdil el chico la Alhambra tras la entrada de los Reyes Católicos en Granada. Llorará como presidente frustrado de un gobierno progresista lo que no supo defender como secretario general socialista. No ha sido necesario esperar este lunes para que fuese asesinado el proyecto de progreso que ansiaban todos los electores socialdemócratas, desde Podemos e Izquierda Unida hasta el mismo PSOE, basado en unos doce millones de votos. No tardarán en pasarle factura por este rechazo a la voluntad popular, aunque cuando llegue el cartero electoral, que también suele llamar dos veces, ya no se encontrará en Ferraz quien hoy recita el catecismo del Ibex contra un gobierno de progreso que  le susurra una Susana Díaz. Este Boabdil el largo, no hace falta añadir que de estatura, no ha podido defender su presidencia in pectore y entona la letanía de quienes por imperativo merkeliano intentan frenar el ascenso del movimiento popular surgido desde el 15-M.

El no a Iglesias, no cabe engañarse, es un sí a Rajoy. No hay equidistancia entre quienes trabajan para los intereses alemanes, tanto el PP como el viejo PSOE, y los que luchan por los intereses de la sociedad española. La coartada catalana ya no funciona. Todo lo contrario. Las recientes urnas han demostrado la falacia de la vieja guardia socialista según la cual no se podía defender el derecho a decidir, porque fuera de Cataluña el PSOE se hundiría. Se ha hundido, justamente, por lo contrario. La amplia mayoría progresista, que supera en dos millones de votos a la derecha, ha señalado el triunfo de quien defiende la unidad de España en la diversidad de los pueblos que la integran y el fracaso de quienes comparten con el PP esa visión centralista de España heredada de José Antonio Primo de Rivera y Franco. Ese pretexto no puede ocultar que el progresivo declive del PSOE se debe, esencialmente, a la reforma del 135 de la Constitución que sirvieron en bandeja a Rajoy para que sacara la navaja de los recortes de derechos sociales.

Estamos pues, ante el inicio de esa gran coalición que González vincula desde hace mucho tiempo a la cuestión catalana. Bien sea concretada por pasiva o por activa, va a ser la respuesta del Ibex al desafío popular emitido en las urnas. Probablemente, con Susana Díaz revestida de Albert Rivera, el viejo PSOE pediría la cabeza de un Rajoy, descalificado hace unos días como un indecente en aras de la polarización que Sánchez buscaba para quebrar el importante debate sobre socialdemocracia o neoliberalismo entre un Rivera e Iglesias. No les va a ser nada fácil y bien pudiera ser que vendan la piel de oso gallego antes de haberlo cazado. No cabe olvidar que el todavía inquilino de la Moncloa dispone de esa gran arma de destrucción masiva que es una nueva convocatoria de elecciones que para nada perjudicaría al PP y volvería a abrir la herida letal del PSOE. ¿Por qué Génova va cortar la cabeza de Rajoy si se puede hundir aún más a Ferraz? Salvo que una Susana Díaz esté dispuesta a casarse en la Zarzuela, en vez de verse a escondidas con Soraya de Santamaría, ninguna cabeza caerá en el PP.

La pusilanimidad de Boabdil el largo, con o sin nuevas elecciones, abre el camino a un bienio negro donde el bipartidismo va a intentar imponer su proyecto de recambio formal. Política, mediática y económicamente, veremos la puesta en marcha de una muy amplia operación cosmética destinada a reformar este sistema que hace aguas por los cuatro costados. Algo así como aquel famoso Espíritu del 12 de Febrero de 1974, con que el agonizante régimen anterior vendía la seudomercancía  de una inexistente democratización. Su principal e irresoluble problema es que, más allá del desprestigio de la partitocracia bipartidista, la clase media, la trabajadora y todos los pueblos que configuran la unidad de España no están por la labor, y el PSOE de ayer  ha perdido hoy toda credibilidad en estos sectores. Máxime cuando Berlín  va a exigir al próximo gobierno bipartidista más reajustes sociales. Así, cuando Merkel y el Ibex instrumentalizan al viejo PSOE para frustrar un gobierno de progreso, no ignoran que el gobierno de la gran coalición, implícita o explícita, difícilmente durará algo mas de un par de años. Pero el cortoplacismo es una seña de identidad neo o socioliberal. Ya es sabido, como decía Keynes, a largo plazo… todos calvos.