Opinión · El desconcierto

TRES EN UNO

Quien lanzara el Espíritu del 12 de Febrero desde RTVE, operación mediática que buscaba revivir el agonizante régimen de Franco, volvía a relanzar el pasado lunes el recambio del no menos agotado régimen de 1978 desde el diario El País. Resumiendo las tesis del entourage de González, Juan Luis Cebríán proponía soluciones extraordinarias para la situación excepcional en la que se encuentra el maltrecho bipartidismo: la sustitución de Rajoy por otro candidato del PP, el fin de los delirios de Sánchez y la intermediación de Rivera como eje de los necesarios pactos entre estas tres fuerzas del IBEX. Artículo importante porque, al margen de la personalidad del firmante, Prisa es hoy la única organización de facto que le queda al PSOE fuera del feudo andaluz. Ya lo era ayer, lo es mucho más desde que Ferraz es una guardería política. Tanto que un día después, los 3 en 1 del IBEX pactan la presidencia del Congreso.
Posada se retira de la presidencia, Sánchez cambia un sillón por control de la Mesa del Congreso y  Rivera articula como correveidile el acuerdo entre el indecente Rajoy y el ruin Sánchez. La figura de López, el único socialista que ha gobernado con el apoyo de los populares, expresa que estamos ante el preludio de esa gran coalición que no acaba de presentarse oficialmente por miedo al propio electorado socialista. Máxime cuando el florero Patxi queda atado de manos y pies por una Mesa en manos del PP y el Cs. Es decir, se entrega toda la coordinación de las tareas legislativas a esas dos siglas conservadoras. Si a ello sumamos que también en el Senado, cámara controlada por el PP, se excluye a Podemos es fácil deducir que todo el control legislativo escapa a los representantes de los sectores sociales ajenos al IBEX. Este candado sobre las comisiones de investigación o las mociones progresistas va a dificultar, cuando no a impedir, la lucha contra la corrupción o la votación de leyes sociales como la de emergencia.
Encauzada la Carrera de San Jerónimo, toca ahora lo más difícil, la Moncloa. Ahí la Prisa del PSOE no es exactamente la prisa del IBEX, aunque tengan un denominador común. El modelo CUP al que son adictos en Ferraz, para vender a su parroquia lo invendible, no es completamente extrapolable a Madrid. Hacerle un Mas a Rajoy, a cambio de entregar un cheque en blanco al PP, como sugiere el presidente de Prisa, puede ser tan posible como improbable. El PP puede recurrir a las urnas, lo que evidentemente no podía Convergència, y salvo una rebelión a bordo en Génova no parece que Rajoy parezca dispuesto a volver a trabajar como registrador de la propiedad. Ni tampoco se ve a Merkel, que nos va a imponer una nueva reducción del gasto público de varias decenas de miles de millones de euros anuales en esta XI Legislatura, apresurada en darle el finiquito. Por lo que esa llamada operación Menina, tan vinculada al propio Cebríán, es tan sólo viable si previamente se optara por no repetir unas elecciones generales que serían favorables al PP.
El ultimátum de Cebrián va más lejos del apremio del IBEX y muchísimo más de la necesidad de la Merkel. Esa gran coalición, que como San Pedro se niega a si misma, puede oficializarse sin que se cumplan todas sus condiciones. Han cumplido la primera parte, el Congreso, sin que hoy por hoy se vean obligados a cumplir la segunda, la Moncloa. No cabe ser a la vez juez y parte. Ya no estamos en los tiempos de la transición en los que no había articulación social alguna. Prisa ya no es aquella Prisa que proponía, disponía y recomponía; en Berlín ya no está el amigo Willy Brandt, González es el retrato de Dorian Gray, el PSOE es sólo latifundio andaluz y la guerra fría es batalla de abueletes que no interesa a unos nietos condenados al paro, precariado e inseguridad social. Su nostalgia de los años de la transición le hace olvidar que cuando se repite, digámoslo parafraseando al clásico, se repite como farsa. Este Cebrián de 2016 es una caricatura de aquel Cebrián de 1974.