Opinión · El desconcierto

La cortina rasgada

Apenas una semana ha durado la excusa del PSOE para negarse a presidir un Gobierno del cambio junto con Podemos e IU. Ha sido el propio Sánchez quien ha rasgado la cortina que tapa el motivo aducido –la defensa del derecho a decidir propuesta por Iglesias– al ceder los suficientes senadores para que los independentistas de derecha e izquierda catalana puedan formar grupo parlamentario en el Senado. Es decir, tras señalar que un referéndum soberanista es un problema para coaligarse con Podemos, no es ningún problema pactar con DiL y ERC, partidarios de romper ya con España. Un referéndum catalán, por lo visto, tiene la entidad para cargarse la posibilidad de un Gobierno de progreso, mientras que la total quiebra del Estado español es pecata minuta a la hora de solicitar el apoyo de la Generalitat para entrar en la Moncloa. Si se añade, además, que el PSOE ha regalado al PNV el puesto que le corresponde a Podemos en la Mesa del Senado, no queda ni un mínimo retal de la cortina con que Ferraz oculta su alergia al cambio.

Tampoco es un obstáculo la política de recortes sociales, por no hablar de la corrupción de Mas, que la derecha catalana aplica con el mismo tesón que la española a la vez que con manifiesto desprecio de la legalidad constitucional. Se margina a Ada Colau por su lucha en defensa de los intereses de la mayoría de la sociedad tanto como se apoya a quienes como Carles Puigdemont recortan todos los gastos sociales. Un partido español como el PSOE contra la izquierda catalana y aliado a la derecha independentista. Estrechos con el PP, anchos con DiL, es la ley del embudo socialista que se explica porque Ferraz estima que la derecha catalana puede llevarle a La Moncloa sin pensar siquiera que, si esa posibilidad existiera, sería para continuar ahondando en los mismos recortes que Merkel está ya exigiendo desde Bruselas. Las malas compañías son siempre amistades peligrosas, lleven estelada o rojigualda. No hay otro camino, para expulsar de La Moncloa a Rajoy o a la menina o menino que le sustituya, que la alternativa de progreso.

Nadie lo sabe mejor que el PSOE. Las  recientes urnas no deparan más que dos posibles gobiernos. O bien con el PP o bien con Podemos. Sánchez quiere ir con Iglesias, pero no puede porque no le dejan; puede marchar con Rajoy, pero no quiere. Esta es la parálisis socialista que se reproduce en el escenario político. No le queda otro camino al aún secretario general que esa fuga hacia adelante concretada en el cálculo de la lechera del cuento. PSOE, más Ciudadanos, más los independentistas, serían la llave política que le permitiría ocupar La Moncloa. Muy en breve, tropezará con la piedra de la realidad y ese cántaro quedará hecho pedazos. Hay que sufrir la grave enfermedad del cretinismo parlamentario –creer que la política se limita sólo al juego en las instituciones– para calcular que C’s, que acaba de presentar una iniciativa sobre la unidad de España, vaya a sumarse con todos los independentistas catalanes que combate desde hace más de una década. Por no mencionar al PSOE de Sevilla o Mérida, que son el poder fáctico y que no están dispuestos a pagar el precio electoral en sus territorios.

No es casual que ayer mismo PRISA haya enviado a Sánchez un aviso en forma de encuesta, según la cual el sorpasso de Podemos sería una realidad si se tuviesen que convocar nuevas elecciones en la primavera. La conclusión parece muy clara. Apoyar al PP, no a Rajoy, significa hundirse ante su electorado, pero abrir las urnas equivale a morir como fuerza política relevante. Por eso, quienes de verdad mandan en el PSOE, expertos en la vieja política, trabajan por concluir un acuerdo con el PP basado en una legislatura de excepción de dos años de duración con un programa pactado basado en la reforma constitucional, política económica y respuesta al reto catalán independentista. Sería un pacto en el último minuto, como ha ocurrido en Catalunya, que se concretaría en la abstención de los socialistas a un Gobierno de la derecha con el apoyo explícito o implícito de Ciudadanos.

Esa es, probablemente, la pizarra del IBEX que sustituye hoy en Ferraz la difuminada pizarra de Suresnes. Un partido tan genéticamente alemán no  puede ignorar que aquella tiza que usara Willy Brandt la maneja hoy Angela Merkel, salvo que Sánchez se enroque en su negativa a aceptar la tutoría de sus mayores en edad, saber y gobierno. Habría que  ver en esa hipótesis cuál sería la reacción del poder real del PSOE y si llegaría a tiempo para impedir la nueva apertura de las urnas.