Opinion · El desconcierto

Quemar las naves

Al quemar las naves del PSOE histórico, en las que intentaban embarcar al PSOE renovado hacia la gran coalición, Iglesias ha convertido a Sánchez en un Hernán Cortés que no tiene retirada posible. Es evidente que cuando el líder morado habla del crucial papel jugado por la sonrisa del destino en la elección del líder socialista como presidente del Gobierno, apunta a la ayuda que Podemos presta a la lucha de los jóvenes renovadores contra la vieja guardia, adicta a las puertas giratorias, que persigue quebrar la soberanía popular y burlar la voluntad de sus militantes. Continuará, es indudable, presionando –se anuncia un inminente artículo de Felipe González en el diario El País–, pero ya no podrá incorporar al PSOE como guinda de la gran operación contra el Gobierno de progreso que cocinan prusianos y financieros.

Ha sido el viernes negro del IBEX. La inteligente iniciativa de Iglesias, al plantear la necesidad de un claro programa progresista a Sánchez, desencuaderna toda la agenda de maniobras de los que buscan la gran coalición, explícita o implícita, del PSOE con el PP. Que uno de sus portavoces, Rubalcaba, haya calificado de insulto al socialismo la propuesta unitaria de Podemos, refleja el gran desconcierto de los que trabajan para impedir atender esta demanda de los electores socialistas según reitera una y otra vez su secretario general. Se han quedado sin tiempo. Cuando creían tenerlo para ir macerando al PSOE, todo se ha venido abajo. En política, como en biología, hay siempre un ritmo. Hay momentos para prepararse y momentos para pasar a la acción; hay épocas para acumular fuerzas sociales y hay épocas para utilizarlas. Distinguirlas define la capacidad de liderazgo y esa distinción ha sido bien percibida por el dirigente morado al captar la contracción repentina del tiempo pasado y futuro en el presente.

Las fechas de la nueva ronda de contactos del rey refleja este desconcierto. Si la primera tuvo lugar de lunes a viernes, ésta arrancará el miércoles hasta primeros de febrero. Las cuarenta y ocho horas de diferencia entre ambas facilitan que no finalice antes de la reunión del Comité Federal del PSOE, a celebrarse el día 30 de enero. Pese a que ya hay un Gobierno posible, o precisamente por ello, se espera a saber si Sánchez defenderá la soberanía popular que exige a gritos un Gobierno de Pedro y Pablo, o se verá él mismo obligado a tener que renunciar al Gobierno de progreso que con tanto tesón ha defendido hasta este momento. No se debe olvidar el papel político clave del principal intermediario del IBEX entre el PP y el PSOE –Albert Rivera– a la hora de tejer lo ya destejido por el indecente Rajoy y el ruin Sánchez. El problema es que la oportuna propuesta de Iglesias ha acortado bruscamente los plazos previstos. Lo que hay que hacer hay que hacerlo, y lo que se haga va a determinar un largo periodo.

Es lo que ha llevado al repliegue de Rajoy. El puntapié de Iglesias a la pizarra del IBEX le reanima, en la misma medida que las maniobras en curso pasaban por hacerle un Mas como paso previo a la santa alianza entre el viejo PSOE y el PP, contra el joven PSOE de Sánchez. No se retira, sino que se aparta en espera de que esta ruptura del calendario desemboque más tarde que pronto en tal caos que obligue a la nueva convocatoria de elecciones. El contraste entre la unidad del PP y la desunión del PSOE, más la inquietud social ante la inestabilidad –sobre todo si desde dentro del mismo socialismo se sabotea el Gobierno de progreso–, alimentan las especulaciones del todavía presidente de Gobierno en funciones. En la misma proporción en que Podemos ha desmontado todos los planes del IBEX, el PP recupera una autonomía que había perdido por completo desde el pasado 20 de diciembre. Porque la política es álgebra, no aritmética. Una sucesión de signos positivos no garantiza un resultado positivo.

Los que asisten a la historia como espectadores repantingados en sus sillones, mal habituados a los círculos del IBEX, son incapaces de dar el paso dado por Iglesias y del que podría dar, este próximo fin de semana, Sánchez. Por ello el retraso en la fecha de la ronda del rey y el repliegue de Rajoy responden al pesimismo sobre la reunión del Comité Federal. Esas campanas que doblan a muerte, doblan antes de tiempo. El fuego contra el cuartel general, desatado desde la PRISA del PSOE junto con Susana Díaz, no es imbatible. Los poderes del secretario general –sustentado sobre los electores de PSOE, Podemos e IU– pueden derrotar a los que le vienen humillando por no plegarse a los objetivos de los que frecuentan las puertas giratorias. La pasokización del PSOE está a la vuelta de la esquina, si los camisas viejas del clan de la tortilla obligan a Sánchez a traicionar al electorado progresista. En política, sobre todo en una crisis como la que vive el socialismo, lo realmente razonable es intentar ir más allá de la irracionalidad; sólo un paso adelante, no más de uno. Una consulta, por ejemplo, a los militantes fortalecería al líder socialista.

Pueden ahormar a Sánchez, pactando su continuidad como secretario general si renuncia al pacto con Iglesias, pero ya no podrán enganchar al PSOE en otra variante de gran coalición. Si Ferraz dice no a Podemos, está obligada a decir no al Partido Popular y a ese PP bis que es Ciudadanos. No cabe aumentar la enorme frustración de su propio electorado sumando el a Rajoy o Rivera con el no a Iglesias. No quedaría otra alternativa que volver a convocar nuevas elecciones pese al muy elevado coste que tendría para el socialismo haber rehusado el Gobierno que le acaban de ofrecer Podemos e IU. Muy bien quemadas las naves de la gran coalición por el órdago de Iglesias, están condenados, volens nolens, a seguir avanzando por la senda progresista o ser pasados por las urnas.