Opinion · El desconcierto

Veto alemán, voto español

Si hasta el primer tercio del pasado siglo XX Francia e Inglaterra intervinieron sucesivamente en España, desde la década de los treinta es Alemania quien ha intervenido e interviene en la política española. Con el apoyo de Adolf Hitler a la sublevación de Franco contra la II República, con la inestimable ayuda de Konrad Adenauer a la dictadura de Franco y la muy decisiva tutela de Willy Brandt durante la transición a la monarquía de los Borbones. No digamos con la intervención constante de los dos Helmut, Schmidt y Khol, en el ingreso en la OTAN y el nefasto Tratado de Maastricht que abrió el camino para la supeditación gradual de la economía española a la alemana. Más de medio siglo que ha desembocado, hasta el momento, en la antisocial reforma del artículo 135 de la Constitución- que ilegaliza a Keynes- impuesta por Angela Merkel. No es una sorpresa, desde luego, que en la víspera de este fin de semana resuene la bota prusiana en los pasillos de Ferraz justo antes de la apertura del comité federal del 30 de enero.
Evaporado el euroilusionismo con el que Alemania ha reconstruido su cuarto imperio europeo, el panorama del Sur de Europa se presenta muy complicado para Berlín. Si a Alexis Tsipras en Atenas se sumaran Antonio Costa en Lisboa, Mateo Renzi en Roma, el sucesor de Francois Hollande en Paris y Pedro-Pablo en Madrid, la resultante sería todo un frente de la Europa del Sur contra la Europa del Norte justo en el momento de la urgente renegociación de la deuda. Ha sido relativamente fácil pegarle un tiro en la nuca económica a los griegos, es posible pegárselo igualmente a los demás pueblos si van de uno en uno al paredón de Schaüble; pero sería muy improbable este tiro de gracia si todas estas naciones coordinaran su lucha contra la prepotencia germana. Nadie mejor lo sabe que la propia Merkel. Luego, la discusión entre el viejo PSOE, promovido desde Berlín, y el joven PSOE, nacido en Madrid, es vital tanto para el Bundesbank como para el Bundestag.
No se han invertido miles de millones de euros en el socialismo español para que ahora venga un tal Sánchez a ciscarse en la estrategia germana. Hay algunos Morenitos de Bonn, como Cuco Cerecedo apodaba a González, que disponen de la inteligencia, experiencia y recursos para imponer el gradual desenganche de Sánchez de Iglesias. A los de Podemos hay que enviarles al gallinero político, como acaban de enviarlos la Mesa del Congreso a la última fila de los escaños parlamentarios, con el visto bueno del presidente López, que se sienta en su sillón por haberlo previamente abonado al PP y Cs. Lapsus del subconsciente, diría Freud, que revela el muy latente objetivo político de perder de vista a los podemistas que han quebrado el turnismo. Ese muy oscuro objeto de deseo, el invisibilizarlos, los visibiliza todavía mucho más a  os ojos de los propios electores socialistas que toman buena nota para pasarle factura en las próximas urnas.
Si como parece, lograsen normalizar a Sánchez, sería apenas una victoria pírrica de Alemania. Porque este paso de la oca de Merkel cabe imponerlo a sus agentes, pero no a los que hasta ahora los han votado. En su desesperado intento de que España no siga el modelo de Portugal, la encaminan hacia Grecia, a la vez que conducen al PSOE a ser un PASOK bis. El aceite de ricino social que ya han cocinado para esta recién iniciada legislatura va a llevar, más pronto que tarde, a una victoria electoral del movimiento popular, nacido el 15-M, con o sin la ayuda del PSOE. Ese drástico veto alemán busca impedir hoy el gobierno de progreso- PSOE, Podemos e IU- que mañana el voto español hará llegar a la Moncloa. En el proceso político que se ha abierto en España desde el 20 de diciembre, es cada vez más patente que sin defender la soberanía nacional, no cabe defensa alguna de los intereses españoles. No hay más que ver estos mismos días como el gobierno elegido por la mayoría de los españoles no puede ni siquiera constituirse, para concluir que sin terminar con la intervención alemana en España- más de medio siglo con todo tipo de regímenes-  se intensificará el estado de malestar de los españoles.