El desconcierto

Pasarela de imputados vips

¡Vaya cuerda de investigados e imputados!. Rita Barberá, Rodrigo Rato, Gómez Besteiro, Eva Borox, Chaves y Griñán. Están todos los que pueden ser la Gran Coalición. PP, PSOE y Ciudadanos contemplan estos días como los jueces indagan sobre estos políticos que creían estar por encima de toda sospecha. Los juzgados de Valencia, Mallorca, Lugo, Madrid y Sevilla son hoy pasarelas judiciales por donde desfilan testimonios, indicios y pruebas contra altos dirigentes implicados en sumarios de corrupción. No es por casualidad que el Congreso de los Diputados acabe de votar, tras años de espera, la creación de una comisión de investigación que analice el por qué de la multiplicación de los corruptos.

Basta con que se miren al espejo para encontrar la primera de las causas: el nefando patriotismo de partido que obliga a cerrar filas con el compañero cogido in fraganti. Es lo que hace Rajoy al no exigir la dimisión de Rita Barberá, es lo que hace Sánchez al mantener a Gómez Besteiro como secretario general gallego, es lo que hace Rivera al no pedir el acta a Eva Borox ligada a la trama de la Púnica. El pretexto es común. Hay que esperar a la apertura de juicio oral, sostiene el código ético, nada estético, del PP y del PSOE, o hay que aguardar a la imputación, según las normas de Ciudadanos. Es una letanía que llevamos escuchando desde hace más de tres décadas.

Es aún  mucho más irritante comprobar que cuando se da un paso adelante, inmediatamente se dan dos atrás. No se entiende por qué el PSOE, que había exigido la dimisión de los responsables de los ERES andaluces, no se la exige ahora a Gómez Besteiro. Es un serio agravio comparativo para Chaves y Griñán, que han sido presidentes del PSOE, de la Junta de Andalucía y ministros de Felipe González, el haber acudido a declarar sin ningún blindaje. Es una ocasión perdida por Pedro Sánchez para marcar distancias con Rajoy, ahora que el camión de la basura acumulada por el PP ha volcado sobre la Moncloa. Así, desaprovecha la rentabilidad electoral que podría sacarle a esta investigación judicial sobre la doble mafia que ha asolado tanto a Valencia como a Madrid.

Que el dúo bipartidista pierda aceite es lo habitual, pero que Ciudadanos corra el peligro de perderlo también, es síntoma de que, como dice una imputada del PP, en España lo único que funciona bien es la corrupción. No es grave que en un partido de aluvión, montado deprisa, se cuelen corruptos del bipartidismo; pero sí lo es la tardanza con la que responden. Eva Borox, socia de Marjaliza-Granados, puede iniciar una Semana de Pasión para Ciudadanos, si no es dimitida antes del Domingo de Ramos. Ya es muy complicado para Albert Rivera tener que lidiar con los viejos partidos para contagiarse, además, de sus enfermedades vergonzosas.

Este mapa de corrupciones varias no puede ser más perjudicial para quienes se afanan en sacar adelante la Gran Coalición. El tú más, que vuelve a estar a la orden del día, complica el difícil acercamiento del PP con el PSOE. No digamos del diálogo de Rajoy con Sánchez. Desarma a los que colaboran con Ciudadanos, arma a los contrarios a la colaboración. Esa tentación electoralista, antes potente, se refuerza extraordinariamente. La viga en el ojo ajeno, la paja en el propio, es el defecto ocular de los patrioteros del bipartidismo. Albert Rivera es como la Penélope oligárquica que hilvana la manta de la Gran Coalición que tanto Rajoy como Sánchez deshilvanan.

Es un éxito democrático el que se haya aprobado una comisión de investigación parlamentaria sobre la corrupción, pero conviene no olvidar que la experiencia de comisiones análogas en el Congreso de los Diputados o en los parlamentos madrileño o andaluz no es muy alentadora. Lo más probable es que su puesta en marcha se vea condicionada por los acuerdos de los tres partidos que intentan la Gran Coalición. Nadie desconoce que la comisión que investigó el tamayazo, la compra de dos diputados socialistas, fue presidida precisamente por Granados que despotricaba contra aquel golpe de talón que precedió la captura de Madrid por la mafia de Aguirre. Ya se sabe, públicas virtudes, vicios privados.