El desconcierto

Las tres conspiraciones del IBEX

Va a ser la foto de este miércoles, la que refleje el encuentro de Sánchez con Iglesias, pero debería ser la de los próximos cuatro años presididos por un gobierno progresista formado por PSOE, Podemos, Compromis e IU. No será así. Quienes no se presentan a las elecciones, grupos de presión e instituciones, lo han impedido por el temor que  suscita Podemos. Han obstaculizado los dos gobiernos posibles, socialdemócrata o neoliberal, para tratar de imponer un tercer gobierno contra natura en base a los ocho millones de votos que suman el PSOE más Ciudadanos. Puesto que fracasaron a la hora de frenar el empuje de Iglesias— en este sentido Rivera ha sido su gran apuesta fallida —, promueven ahora lo que describen como un gran centro. O sea, continuar con la misma política económica recubierta hoy bajo otras formas. Una vez más, que todo cambie para que todo siga igual.

Los poderosos han perdido todo un largo trimestre intentando desarrollar este guión. Su control mediático les ha permitido vender la mercancía del mestizaje ideológico, la traducción traicionada del compromiso histórico o un gran centro alejado de la derecha e izquierda. Pero como la letra con sangre entra, sobre todo la copla socioneoliberal, han conspirado ampliamente en el PP, en el PSOE y en Podemos. Cuando se escriba lo sucedido en estos tres meses, probablemente, se verá que ha sido como una de esas letras a noventa días, extendida por quienes no se presentan a las elecciones, a descontar con un Pedro Sánchez mal sentado en el sillón presidencial de la Moncloa.

El mes de enero estuvo protagonizado por la intervención de estos grupos de presión en el PSOE. Treinta días que desembocaron en la claudicación de Pedro Sánchez, que renunció a formar el gobierno que quería con Podemos por el que le dejaban con Ciudadanos. Febrero fue el mes del PP. Rendir a Rajoy, obligándole a volver a casa, a la vez que subordinar la política del Partido Popular a los oscuros intereses de los conspiradores. Objetivo malogrado en ambos casos. En marzo llegó la hora de Podemos. Fracasada la investidura de Sánchez, les tocó a ellos padecer la andanada  en que se vieron reventados mediáticamente, sin que lograran doblegarles.

La conspiración de los poderosos no tuvo escrúpulos. A Sánchez le cercaron con los 22 caballos de Troya de Susana Díaz, que cada vez que habla el PSOE con Podemos vuelven a trotar como está ocurriendo estos días. Con Rajoy, pasearon a diario el camión de la basura de Rita Barberá, que no volvió a salir del garaje en cuanto se filtraron los correos del Jefe de Estado y señora con un yerno corrupto de un preboste del IBEX, apellidado Javier López Madrid. Y por último, a Podemos se le sometió en la mesa de operaciones a una disección en busca de quintacolumnistas,  especialmente en su organización madrileña, que pudieran abrir las puertas a lo que llaman el gran centro en la Comunidad de Madrid, como ensayo general para la Moncloa.

Fracasadas dos de las tres conspiraciones, los artífices buscan cómo volver a la gran coalición PP, PSOE y Cs. Difícil  es que lo consigan antes de unas nuevas elecciones generales, más fácil será después. Pero ya bajo la dirección de una derecha política liberada de la grave equivocación de la derecha económica antes, durante y tras el 20-D. Ante tanta torpeza financiera, cabría parafrasear lo que Clemenceau dijera en la I Guerra Mundial. Si entonces en Francia, como dictó este viejo político, la guerra era un asunto demasiado serio para dejarla en manos de los militares, aquí y ahora en España no sería ninguna exageración decir que la política es un asunto demasiado serio para continuar dejándola en manos de los banqueros.