El desconcierto

El 155, último refugio de los canallas

Si Samuel Johnson viviese, encontraría en Mariano Rajoy al personaje perfecto donde encajar su  conocida definición del patriotismo como el último refugio de los canallas. Basta comprobar como el líder del PP se envuelve  en la bandera rojigualda, frente a un Carles Puigdemont, bien revestido igualmente por la cuatribarrada, retroalimentándose mutuamente en el común objetivo de esconder las corrupciones generalizadas de la derecha española y catalana. Mientras desde la Moncloa, el Partido Popular amenaza con la aplicación del artículo 155, desde el Palau de San Jaume, el Partido Demócrata de Cataluña espera a que se aplique. Ya no ocurrirá lo que sucedió aquel 9 de noviembre de 2014, cuando fueron colocadas las urnas del referéndum; ahora unos y otros se frotan las manos por el tan anunciado choque de trenes. De nuevo, el no resuelto modelo de Estado, es convertido en el eje de la coyuntura política.

Con este juego de patriotas, Rajoy va a recuperar el arma del chantaje electoral que acaba de perder con la inesperada quiebra política de la Gran Coalición (PP-Ciudadanos-PSOE ), tras la derrota ayer de su candidata Susana Díaz en las recientes primarias socialistas. El reto de la derecha catalana a la castellana le permitirá crear el marco indispensable para que muchos cientos de miles de votos transferidos a Albert Rivera vuelvan con él. Lo que la corrupción del PP traslada a Ciudadanos retornará, con el inexistente peligro de la ruptura de la unidad de España, al Partido Popular; sin que la formación naranja pueda articular siquiera una respuesta, dada su  evidente condición de adelantada en el combate contra el nacionalismo catalán en la misma Cataluña. Este botón electoral no tardará en encontrarse a disposición de Mariano y cierra España.

Buen índice del cemento unificador de la derecha, que encierran los "polacos" de Cataluña, es el anuncio del acuerdo secreto de Rajoy con el lehendakari Urkullu sobre el acercamiento de los presos vascos - un eufemismo utilizado para no mencionar a los presos de la organización ETA- a prisiones cercanas a Euskadi, sin que José María Aznar musite ni la más mínima protesta, ni, por supuesto, las asociaciones de víctimas, ni los acostumbrados intelectuales, abajo firmantes, denuncien este pacto soterrado regado con miles de millones de euros para la comunidad vasca. Cuando aún resuenan los ecos de los insultos proferidos por la derecha, contra quienes ayer osaron señalar que la política de dispersión carecía de sentido, tras el  final de la violencia terrorista, se abate un elocuente silencio en toda la derecha madrileña.

Es en este ambiente tenso de la desconexión catalana, donde va a celebrarse, el próximo martes 13 de Junio, la moción de censura presentada por Podemos. Un marco idóneo para que Rajoy vuelva a sacar del baúl de los recuerdos familiares del franquismo más rancio la conocida ristra de eslóganes sobre los separatistas, Carles Puigdemont, y los rojos, en esta ocasión sobrevenidos en los morados de Iglesias. El objetivo es envolver la discusión sobre la corrupción azimut del PP en el patrioterismo, para eludir así la responsabilidad del Gobierno corrupto del presidente Rajoy, y con la finalidad de aislar al máximo posible la iniciativa de Pablo Iglesias, reduciendo tanto los votos a favor como las abstenciones en la votación parlamentaria. O sea, la trasnochada dialéctica neofranquista, España frente a la AntiEspaña, sustituyendo la dialéctica democrática, corruptos del PP contra los incorruptos de la oposición. Puestos a elegir, es la máxima del Partido Popular, más vale nuestra derecha castellana corrupta, que la derecha catalana que rompe España.

Es, además, un claro mensaje al sector judicial aún no controlado por los jueces, fiscales y abogados del Partido Popular. Si hoy el poder ejecutivo y el legislativo encaran el desafío de la Generalitat, ¿cómo el Poder Judicial va a empurar a quienes defienden la unidad del Estado español? Como señala con mucha sorna un muy destacado intelectual de la derecha española, ahí está San Agustín que fue canonizado pese a su poco edificante pasado, como cuenta el propio santo en Las Confesiones. Mensaje  muy bien articulado, además, en una hábil política de nombramientos judiciales destinados a controlar todos los tribunales con los banquillos de acusados repletos de socios, amigos y compañeros del presidente del Gobierno. Los patriotas deben ser ciudadanos por encima de toda sospecha judicial.

Este descarado baile del 155 de las tres derechas, que la castellana junto con la catalana aprovecha para escaparse de los jueces, a la vez que la vasca utiliza para forrarse a costa del Estado español, es únicamente posible por el creciente cainismo de las fuerzas progresistas españolas, siempre tendentes a destruirse mutuamente como a autodestruirse, y donde hay algunos verdaderos virtuosos anarcoides expertos en el asesinato y en el suicidio político. Si en estos días el artículo 155 de la Constitución es el último refugio de los canallas del Partido Popular, se debe a que nadie busca la unidad para poder dinamitar a Rajoy desde la oposición, mientras se coloca toda la dinamita para hacer estallar la sigla vecina. Así les va, así nos va y así nos irá en tanto que la sensatez acompañe la estrategia defensiva del Gobierno corrupto y la insensatez la ausente ofensiva de la oposición.