Opinion · El desconcierto

Chantajes, vídeos y votaciones

Apenas dos meses después de haber llegado a la Moncloa, como consecuencia de la corrupción del Partido Popular, Sánchez vuelve a tropezar con la corrupción en los aledaños de la Zarzuela, residencia oficial del Jefe del Estado. Hoy, las cloacas del Estado se revuelven contra el Estado, intentando doblegar el pulso al propio Estado. El comisario Villarejo, encarcelado por organización criminal, cohecho y blanqueo de capitales, no desea seguir en prisión y, por lo tanto, ha comenzado el chantaje. El mensaje es claro: si no sale de la cárcel, continuará desvelando algunas grabaciones tan jugosas como las protagonizadas por  Corinna zu Sayn-Wittgenstein, donde se despacha a gusto sobre la estructura financiera opaca del emérito rey Borbón, padre de Felipe VI.

Toda prudencia es poca, siempre que se evite caer en la prudencia peligrosa. Centrarse sólo en el escándalo del Borbón, olvidando al chantajista Villarejos, sería tan equivocado como centrarse en este caudillo de las cloacas y prescindir de don Juan Carlos. Quienes chantajean, intentan lo primero, quienes blindan al chantajeado, apuestan por lo segundo. Si no se deslindan los dos hechos, se corre el riesgo de ayudar, volens nolens, a los que echan un pulso al Estado o, por el contrario, a los que buscan encubrir las denuncias formuladas en las citadas grabaciones. Solo afrontando hoy a los chantajistas, manteniéndoles en prisión, cabe posteriormente investigar lo denunciado. De no ser así, se estaría haciendo el juego a las cloacas.

¿Por qué y para qué ahora? Villarejo está encarcelado desde el pasado año, cuando anunció, reiteradamente, su decisión de recurrir al chantaje. Sin embargo, por un momento amagó, paciente, a la espera de que la mafia política del PP pactara su salida de la prisión. Probablemente, la llegada a la Moncloa de un gobierno decente le ha llevado a la convicción de que su única opción es emitir a bombo y platillo las cintas de “la conseguidora” Corinna. Posiblemente, además, el previsible relevo, dentro de un año, del director del CNI, con el que mantiene un tenso quid pro quo, haya acelerado también la decisión del chantaje. No hay que olvidar que el general Felix Saenz sigue estando al frente del CNI, solo debido a que la pugna entre Rubalcaba y Chacón impidió que un socialista le reemplazara, y facilitó por tanto que la Zarzuela aconsejara su elección.

Sumar, o mejor dicho multiplicar, la crisis del modelo de Estado, tanto en Cataluña como en Euskadi, con otra crisis en la Jefatura del Estado puede, igualmente, haber contribuido a que Villarejos y sus amigos se hayan plantado aquí y ahora. Combinar, pues, la cuestión territorial con la borbónica es un cóctel explosivo del gusto de la factoría de las cloacas. Exacerba la tensión, agrava las dificultades, e intenta agrietar la cohesión interna de la mayoría parlamentaria progresista que sostiene actualmente al gobierno de Pedro Sánchez. De hecho, es mucho más que un marrón para quienes acaban de llegar a la Moncloa denunciando la corrupción política que asola las instituciones del Estado.

La pregunta es obligada: ¿José Manuel Villarejos estaría en condiciones de chantajear al Estado si el Jefe del Estado no fuese inviolable ? Si The New York Times informó hace dos años que la fortuna de Juan Carlos asciende a  2300 millones de dólares, unos 1800 millones de euros, es lógico que las grabaciones de Corinna encuentren un eco amplísimo en toda la sociedad española. Puede que sean o no exageradas, pero el hecho cierto es que oficialmente no existe ni la más mínima información. La desigualdad jurídica de los españoles ante la Ley, patente en la inviolabilidad, se multiplica, además, con la desigualdad jurídica de los Borbones ante la Ley, dado que el  mismo cuñado del Jefe del Estado se encuentra por corrupción en la cárcel de Brieva.

Afortunadamente, Pedro Sánchez cuenta con la ministra Robles, responsable del CNI, la persona idónea para afrontar este grave desafío al Estado. Su experiencia en Interior, donde lidió con la plana mayor de las cloacas, le servirá  probablemente de mucho para dirigir con pulso firme los servicios del Estado, sin red alguna, a la hora de doblegar el pulso a los chantajistas. Aunque Sánchez debería prestar atención a la votación que perdió ayer sobre RTVE, utilizada por algún diputado del viejo PSOE, vinculado con las cloacas, donde le envía un aviso de lo que puede ocurrirle  si va más lejos de lo debido contra esta mafia. La corrupción se apoderó de Interior, la corrupción se hizo Gobierno con Rajoy, y la corrupción amenaza ahora a todo el Estado. O el gobierno de Pedro Sánchez la aplasta o la corrupción aplastará la democracia. Aquella lúcida advertencia de Azaña, “o la República acaba con March o March acaba con la República”, vuelve  a ser hoy vigente.