Opinion · El desconcierto

Del expediente Picasso a la pieza del juez Egea.

Casi cien años después del expediente del general Juan Picasso, por la derrota militar de las tropas españolas en Annual, Marruecos, la pieza número 5 del magistrado Diego de Egea, sobre las acusaciones formuladas por la llamada amiga entrañable de Juan Carlos, vuelve a conmocionar a los Borbones. Como Alfonso XIII, entonces implicado directamente, Felipe VI, de alguna manera implicado indirectamente, revive hoy el peor escenario para el acontecer de la monarquía. Aquel expediente Picasso fue el primer peldaño que recorrió su bisabuelo antes de ser expulsado de España; el significado de la pieza número 5 es todavía una incógnita judicial, pese a estar preñada de graves incertidumbres y malos presagios para el inquilino real de la Zarzuela.

Si Alfonso XIII tuvo que hacer frente entonces hasta dos comisiones parlamentarias de responsabilidad, la de los 19 y los 21, Felipe VI va a ahorrarse ahora el evidente mal trago de una nueva comisión de investigación parlamentaria, solicitada por Podemos, PNV, PdCat, Esquerra Republicana y Bildu, gracias a los buenos oficios del Partido Popular que, acompañado por Ciudadanos, controlan la Mesa del Parlamento. No cabía esperar otra decisión, si se tiene en cuenta que el PP ha sido desalojado de la Moncloa por la sentencia del Tribunal Supremo sobre la Gürtel y Cs, preocupado por guardar la identidad de los 29.000 españoles acogidos a la amnistía fiscal de Montoro, no va a facilitar que se investigue  la supuesta presencia de Juan Carlos en tan honorable listado.

Nada le puede venir mejor a Pedro Sánchez,  casi recién llegado a la Moncloa, se encuentra con esta patata caliente, por cuanto puede eludir la presión del viejo PSOE, inseparable de las cloacas, que se evidenció con el aviso que le enviaron bien envuelto en la primera derrota parlamentaria del Gobierno sobre RTVE. Ahora, el voto de sus dos miembros de la Mesa son irrelevantes, dada la mayoría PP-Cs, por lo que a meros efectos prácticos que voten, veten o se abstengan es meramente simbólico. No sabremos, pues, si hoy el Congreso de los Diputados volvería a escuchar la histórica intervención de Indalecio Prieto, socialista moderado, sobre aquel “lupanar y ladronera”, que precedió a la aplastante victoria de las harkas de Ab del Krim en Annual, traducida a las hazañas de Corinna.

Sin embargo, haría muy mal la Moncloa en ignorar que  la actual mayoría parlamentaria, sobre la que descansa el gobierno de Sánchez, está por la labor de crear una comisión de investigación parlamentaria sobre un gravísimo problema que afecta a la Jefatura del Estado, Hacienda, el CNI y la administración de Justicia, y que sólo ha dado sus primeros pasos. Máxime cuando el PSOE gobierna hoy porque la totalidad de los grupos parlamentarios se hartaron de la corrupción generalizada que bajo el gobierno de Rajoy se había apoderado de  España. Un nuevo gobierno, limpio de polvo y paja corrupta, se equivocaría gravemente si optara por no investigar  los indicios delictivos que aparecen en las cintas de Corinna sobre Juan Carlos.

O Felipe VI “destrona” mañana de algún modo al llamado Rey Emérito, adoptando medidas que le alejen de la Casa Real, o como Jefe de Estado complicará mucho su futuro ya de por sí difícil. Como hijo que es de Juan Carlos, se va a ver obligado, probablemente, a repetir el gesto que su padre efectuó con su abuelo, el conde de Barcelona. Si entonces Juan Carlos se saltó el orden dinástico, que correspondía a don Juan, porque de lo contrario los Borbones se hubieran quedado sin la corona que otorgaba Franco, mantenerla hoy, en un Estado de Derecho, va exigirle a Felipe VI ser tan firme como lo fue su padre en el tardofranquismo. Como ya sostienen hoy incluso  voceros autorizados de la monarquía, la abdicación de Juan Carlos, de junio de 2014, es una abdicación inacabada.

Todo esto sin olvidar que el chantaje al Estado no ha terminado. El peso de las cloacas, in crescendo con los gobiernos de Rajoy, no puede ser devaluado de la noche a la mañana y, con seguridad, asistiremos a nuevas revelaciones delictivas. Máxime cuando la inesperada llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa, cortocircuita cualquier pacto al que se hubiera llegado antes de la moción de censura. La misma fecha del pulso chantajista al Estado, tras la caída de los corruptos del PP, así parece indicarlo. Una auténtica carrera contra reloj, entre el desarrollo de la pieza número 5 del magistrado Diego de Egea y la agenda de publicaciones de los chantajistas, va a marcar el próximo otoño. Ya veremos lo que el viento otoñal acabará llevándose.