Opinión · El desconcierto

El chantaje de la Guardia Mora a Sánchez

Un serio error de coordinación del Gobierno Sánchez, donde la vicepresidenta Calvo no ha estado a la altura de las circunstancias, ha evidenciado que la Guardia Mora que escoltó policialmente al dictador Franco hasta la primavera de 1956, continua hoy escoltando económicamente al Borbón. Tanto que el presidente Sánchez se ha visto obligado a doblegarse al descarado chantaje de la dictadura feudal de Arabia Saudita patente en el te compro corbetas a cambio de que me vendas bombas. No tenía otra opción dada la situación de Navantia en Cádiz y el Ferrol, pero los votos que va a conservar en Andalucía y Galicia corre el riesgo de perderlos en el resto de España.

Sánchez ha topado con la Guardia Mora. A través del Borbón la imagen del dictador, estrechamente vinculada con todos los sátrapas con fez o turbante que viajaban a Madrid, viene repitiéndose desde hace cuarenta años. Ya en el muy lejano 1979 el hoy Rey Emérito escribía al rey saudita una carta solicitándole ayuda para luchar contra la posibilidad de que la izquierda venciera en las elecciones generales. Desde aquella fecha, la Guardia Mora, ahora en jet, es tan asidua a la Zarzuela como lo fuera al Pardo. No sólo la de Riad, sino también la del Cairo,Túnez, Tripoli o Rabat. Tanto que, bajo el gobierno Aznar, la Moncloa se contagió tras el caballo alazán que un  Muanmar Gadafi regalara al pequeño caudillo del PP.

Aún Juan Carlos I y Mohamed VI continúan llamándose primos en sus conversaciones o misivas y hasta Sánchez el primer viaje al exterior de un presidente de Gobierno era, inevitablemente, a Marruecos.  Quizás por ello, el reciente cierre de la frontera de Beni Enzar , entre Melilla y Nador, apenas ha encontrado un eco mediático  pese a los problemas económicos que supone para esta ciudad norteafricana bajo soberanía española. Por lo visto, ya no soplan los fuertes vientos de levante de los que hablaba el  ridículo ministro Trillo justo antes de proceder al desembarco de Perejil que vendió como si fuera el de Normandía. O, tal vez, la sorda insurrección tácita contra la dictadura alauita que hoy vive el Rif les haga todavía mas primos hermanos.

Sin la harka castellana, que siempre ha acompañado a esta Guardia Mora, España no sería tratada como una tribu saudita. Juan Carlos, Corina, constructores, traficantes de armas, diplomáticos, ministros, periodistas e intelectuales configuran esta tropa de comisionistas. No en vano el mismo teniente general Vareja llamaba harka Varela a las unidades militares bajo su mando que se habían sublevado contra la legalidad republicana. Si la Fiscalía hubiera solicitado investigar las cintas del chantajista Villarejo sabríamos ahora bastante más sobre el chantaje saudita. Porque la preocupación oficial sobre los trabajadores de Navantia, auténticos rehenes, no puede tapar la preocupación por las sustanciosas comisiones de la harka castellana.

Esa imagen bochornosa, el embajador español Manuel Alabart representando a España junto con Corina en una negociación comercial en Riad en la etapa final del gobierno Zapatero, refleja bastante bien esa fusión de los intereses públicos con los privados o, mejor, dicho la cobertura pública de los chanchullos privados. No se sabe bien donde terminan unos y empiezan los otros, aunque claro está que los beneficios de la Guardia Mora y  de la harka castellana acaban encontrándose en las cuentas secretas de los bancos suizos. España no puede ser tratada como lo es, por ejemplo, Canadá que también comercia con Riad, porque sus representantes son decentes.

Causa sonrojo hoy escuchar a los ministros Borrell o Celáa hablando sobre Arabia Saudita. Salta a la vista su mala conciencia al tener que tragarse ese sapo saudita que quisieran vomitar. Es patético e inútil su tentativa de justificar lo injustificable. No hay en España quien ignore que el Gobierno Sánchez ha aceptado el chantaje de las bombas a cambio de las corbetas para Navantia y de las comisiones para la harka castellana. Trabajo para unos, cuentas corrientes para otros. Sin embargo, solo se habla de lo primero sin que se abra la boca sobre lo segundo. Puede ser que sea necesario aceptarlo, si la correlación de fuerzas es desfavorable, pero siempre que se explique por qué y para qué.