Opinion · El desconcierto

La telaraña Villarejo

Imposible desactivar hoy el chantaje del comisario Villarejo sin deshilvanar  la telaraña que ha colaborado con el chantajista , en mayor o menor grado, con participación de todas las instituciones del Estado, desde las más altas a las más bajas. Sin una muy drástica separación incondicional de la función pública de todos los altos cargos( políticos, jurídicos, policiales) que le han promovido  durante un cuarto de siglo sabiendo que delinquía, al gobierno Sánchez , así como al Congreso de los Diputados, no le quedaría mas opción que la de pasar por las horcas de este héroe de las cloacas. Al fin y al cabo, son legión los  políticos especialistas en someterse para sobrevivir.

“Plus royaliste que le roi”, en su afán por demostrar que tienen el Estado ( leáse la cloaca) en la cabeza, parecen muy tentados por sacrificar su reputación, si es que aún la conservan, con tal de no enconar mucho al chantajista. Medallas de Interior a la jueza que tapó la investigación sobre este comisario canalla, como la que hoy dos de octubre el juez Marlaska otorgará a María Pilar Martínez Cano, junto con la relegación de todos los policías que destaparon las actividades corruptas de Villarejo. Por no hablar, según cuenta algún medio de comunicación, de importantes iniciativas judiciales, promovidas por el entorno leguleyo del comisario, tendentes a archivar ya el sumario incoado por el juez Egea. Todo ello bien acompañado por el equipo mediático habitual, que corea que tout va bien madame la marquise

Es demasiado arriesgado para el nuevo PSOE de Sánchez hacer un ejercicio transparente cuando carga con la  pesada mochila del viejo PSOE; como botón de muestra, la aún ministra Dolores Delgado y su agenda de amistades peligrosas encabezadas por su comisario preferido. ¿Cómo apostar por la claridad, si antiguos secretarios generales, ministros, dirigentes o simples diputados de a pié del viejo PSOE han mantenido tan estrecha relación con Villarejo ?  Lo cierto es que pese a tener bastante fácil barrer la basura de su propia casa,  que puede acabar embarrando la Moncloa,– la actual jefa del CNI puede suministrar buena información sobre los dirigentes socialistas amigos de Villarejo– , titubean tanto que, llegado el caso, podrían optar por volver a las urnas antes que meter el bisturí en la tupida telaraña de la que cuelga el chantajista.

El temor a que se extienda el cáncer Villarejo, como consecuencia de operar en órganos vitales del Estado, hace que Sánchez se lo piense dos veces antes de recurrir al bisturí, bajo la mirada  censora de ese sottogoverno –PP, Cs y el clan de la tortilla socialista– que achica cuanto puede el espacio de juego del gobierno progresista sostenido por Podemos y  los partidos nacionalistas. Tanto Pablo Casado como Albert Rivera coinciden en presentar   el  caso del comisario Villarejo como irrelevante y que, por lo tanto, todo se arregla si se convocan las urnas cuanto antes. Nada más lógico, ya que hace tan solo un año  PSOE, PP y Cs se negaron a pedir  su comparecencia parlamentaria. ¿Por qué ?

La larga carrera delictiva del comisario Villarejo, siempre a lomos del PP y del PSOE, culmina en sus actividades ilegales en Cataluña  donde, como exhaustivamente han informado en este periódico Carlos Bayo y Patricia López, ha sido el auténtico cerebro de todo tipo de operaciones sobre las fuerzas soberanistas democráticas desplegadas bajo el gobierno Rajoy, amén de las realizadas  simultáneamente sobre Podemos, a través de una Policía Patriótica  heredera de la Brigada Político Social de la dictadura franquista. Precisamente por ello, el mencionado sottogoverno considera que es puro aventurerismo político desmontar  la cloaca cuando podría seguir  siendo necesaria para obstruir toda salida política del conflicto catalán.

De la cloaca de Estado al Estado cloaca, ese es el grave riesgo que corre el Estado español si no se frena este descenso a los infiernos de la política. Ese rechazo a la democracia, negando el derecho a decidir a todos los pueblos y clases sociales existentes hoy en España, ha terminado pariendo un monstruo apellidado Villarejo, que ahora les chantajea sabiendo que los chantajeados  a su vez presionarán para que el Estado se doblegue.  Pedro Sánchez cuenta con el firme apoyo de la mayoría parlamentaria para doblegar el pulso al chantajista, aunque diestro en el arte de la emboscada y del giro político puede caer en un exceso de astucia táctica que autodestruya su estrategia progresista.