Opinion · El desconcierto

¡A buenas horas, Rita!

Tras comprobar desde la cristalera del palacio de Nuestra Señora de las Comunicaciones– como denominara León Trotski al edificio de Correos, ahora sede del ayuntamiento de Madrid– las llamas del incendio que ha provocado en el escenario político madrileño, Rita Maestre, directora del quinteto Rita, pide ser cuidadosa, cauta y conservar la sangre fría a la hora de analizar el reto de los cinco concejales morados a la dirección de Podemos Madrid. ¡A buenas horas, mangas verdes!, demandar hoy los adjetivos de la calma que no tuvo en cuenta ayer. El mal ya está hecho y y sólo queda encontrar el camino para que sus consecuencias sean lo menos lesivas para la candidatura de la señora Carmena.

Que no cuenten hoy conmigo, ha venido a decir ayer la alcaldesa Carmena, porque, son sus palabras, es un asunto interno de Podemos y ella es ajena a la formación morada, pese a que hace cinco años fuera su candidata oficiosa. No lo ha sido antes, no lo es ahora y no lo será en un futuro; por lo tanto, le sobra razón al lavarse las manos como Poncio Pilatos y mantenerse al margen del desafío del quinteto de Rita a Julio Rodríguez y a Ramón Espinar. Es tarea de estos líderes morados madrileños resolver la crisis de Podemos, es tarea de la edil seleccionarlos como concejales del municipio de Madrid. Habituada a decir sí o no, como Cristo nos enseña, Manuela Carmena no engaña a nadie salvo a los que desean ser engañados.

Ahora bien, ¿cómo apoyar a la alcaldesa y al mismo tiempo a los dirigentes morados que proponen expulsar a los cinco concejales rebeldes?. Esa es la pregunta que debe contestar Podemos. No puede, ni quiere sostener otra candidata que Carmena; pero no puede ni quiere, tampoco, aceptar el desafío del quinteto de Rita de saltarse los estatutos de Podemos. Contradicción que puede ser superada si se separa la cuestión política, el apoyo a la edil, de la cuestión orgánica, el obligado respeto a  todas las normas estatutarias del partido. No quedarían en buena posición Julio Rodríguez ni Ramón Espinar, cierto, pero quedarían bastante desairados si rectificaran hoy la suspensión de los cinco concejales adoptadas ayer.

Que hasta Jesús Montero, anterior responsable de Podemos Madrid, critique la decisión de su sucesor empeora mucho la situación de la formación morada madrileña. Máxime, cuando el crítico es tan ajeno a las huestes de Errejón, que algo tiene que ver en la partitura de fondo del quinteto de Rita, como próximo a la tropa de Rodríguez con la que está alineado. Como si se hubiera contagiado de aquella enfermedad incurable de la federación socialista madrileña, desde los primeros tiempos de la transición, Podemos Madrid repite el gallinero que ha sido y es el socialismo madrileño. En ninguna otra comunidad, la nueva política aparece tan aventajada como la vieja política.

Podemos vuelve a pagar el precio de no ser un partido político. Al no serlo, es imposible que pueda encauzar el pluralismo social, organizar el debate político y flexibilizar la cintura organizativa. Mientras no lo sea, no podrá tener la autoritas política a la que aspira, por mucha autoridad estatutaria que le sobre. Los problemas internos de un partido, como los problemas políticos de un estado, nunca pueden resolverse ni con métodos administrativos ni jurídicos. Esta crisis ha sido mal llevada y peor gestionada por todos los actores morados que han intervenido en ella, sin percatarse de que su estallido se producía en el peor momento posible, antes de la inminente apertura de las urnas municipales.

Sea cual sea el desenlace, y será positivo, todos pierden en este espectáculo que están dando a la ciudadanía, por emplear la expresión de Pablo Iglesias. Manuela Carmena se ha pegado un tiro en el pie al apoyar objetivamente a los rebeldes de un partido que la sostiene; Julio Rodríguez y Ramón Espinar se lo pegan al suspender y proponer la expulsión del quinteto de Rita; Podemos Madrid se lo pega al aparecer como la Casa de Tócame Roque; y finalmente a Podemos estatal se lo pegan por el infantilismo político desplegado sobre los despachos del ayuntamiento de Madrid, justo en las vísperas de unas elecciones. Ojalá que el pueblo madrileño sepa hacer abstracción de los desastres de la política por la cuenta que le trae.