Opinion · El desconcierto

Los cuatro jinetes de VOX

Estaba cantado, aunque no tan cantado como ha sido, el jaque a la Dama del PSOE por el caballo de VOX. Al comerse  a la reina de la Junta, con la ayuda de la Torre del PP y el alfil de Ciudadanos, Abascal ha pegado una patada sonora al tablero del ajedrez político de 1978. Los cuarenta años de la Constitución saltan por los aires justo cuando sus próceres van a celebrarlo el próximo jueves. Ya advertíamos que si Pablo Casado y Albert Rivera hablaban con la misma voz de Santiago Abascal, de hecho reconocían la victoria política de VOX incluso antes de que fuera certificada por las urnas. Así ha sido, y mañana presidirá la Junta de Andalucía el pepero Juan Manuel Moreno Bonilla. No por sus cinco escaños más, sino porque el ciudadano Juan Marín no cuenta con el nihil obstat de VOX.

Rivera va a encontrarse ahora con la misma respuesta con que se encontró en su día José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange, cuando Ramiro Lesdema, líder de la JONS, escribió: “Primo de Rivera utiliza una palabrería demagógica pero son notorias sus relaciones con la alta Banca y los grandes terratenientes andaluces. A la vez que dice querer la revolución nacionalsindicalista pide dinero a los directores de la Banca y los grandes terratenientes”.  No en vano, Santiago Abascal califica a Ciudadanos de derecha veleta, que puede ser una excelente compañera de viaje pero de la que no se puede confiar en absoluto. Al igual que Albert Rivera encontró la horma del zapato de Rosa Díez, Abascal ha encontrado en el zapato de Rivera la suya.

El triunfo político de las tres derechas, la recentralización del Estado de las Autonomías, no sería posible sin el populismo de VOX. Sin la siembra de Casado y Rivera, Abascal no tendría hoy el viento electoral tan a su favor. Probablemente no es lo que buscaban ni el PP, ni Ciudadanos, mucho menos los poderosos que representan, pero quien juega con fuego acaba quemándose. Aunque el botín conseguido, al desarmar en un día tanto al PSOE como a Podemos, les compensa el rompecabezas que supone un líder como Abascal. Como buscaba Aznar, España empieza a reparar los errores que, según el caudillo de las Azores, cometiera la derecha cuando la transición. Nacionalistas vasco-catalanes e izquierda no eran y no son más que dos tigres de papel.

Los cuatro jinetes de VOX, que han cabalgado bien por todos los caladeros de votos, lo demuestran. El caballo de Santiago y cierra España ha sido tan eficaz para Abascal como el potro de los ERES bien alimentado por las tribulaciones fiscales de algunos ministros de Sánchez, así como el reparto de las empresas públicas entre amigos del presidente de Gobierno. No digamos del equino de la inmigración que ha trotado de lo lindo por las provincias con mayor porcentaje de inmigrantes, o del viejo jamelgo de los politicastros que pululan por las ETT en que se han convertido los partidos políticos. Nadie en la derecha, porque no le interesaba, ni en la izquierda, porque no podían o se han percatado, ha intentado ponerlos al paso.

Más de medio millón de electores de izquierda se ha limitado a verlos galopar desde la ventana de sus casas sin echarles el freno. ¿Por qué? La pregunta que se abre paso es si la indignación social, encauzada desde el 15-M por el populismo de izquierdas, empieza a ser sustituida por el populismo de derechas. No es preciso citar a los clásicos para recordar que cuando una crisis política, como la que viven hoy casi todas las instituciones del Estado español, no encuentra una salida progresista acaba por encontrar una salida reaccionaria. Así, lo que la derecha no pudo conseguir con Rivera, tras doce años de Ciudadanos, lo ha conseguido ya con Abascal al liquidar de un golpe electoral el granero de votos del PSOE.

Esa imagen de Abascal cabalgando por el Far West de España, frente a las tribus indias de la izquierda y a los cuatreros vasco catalanes, se proyecta sobre las elecciones autonómicas, municipales y europeas de mayo. Limitarse  ahora a pedirles a los ganaderos del PP o a los banqueros de Ciudadanos que rechacen a VOX es pura retórica que parece olvidar que las tres derechas hablan como el mismo sherif de VOX. ¿Cómo van a defender la vigente Constitución si los dos líderes de la derecha oficial proponen igualmente medidas inconstitucionales como la gradual recentralización del Estado de las Autonomías o la ilegalización de facto del nacionalismo vascocatalán a través de la reforma de la ley electoral ? Nadie va echarles una mano al PSOE o a Podemos para que salgan del barranco del Lobo en el que se han metido. Cuando uno se encuentra solo ante el peligro, no hay más mano que la que termina en tu brazo.