Opinión · El desconcierto

El giro elitista de Rivera

No es una ruptura, al menos de momento, pero es mucho más que una controversia. Tanto que la formación del nuevo gobierno andaluz está pendiente del giro inesperado que ha dado Ciudadanos sobre Vox, que ahora se limita a decir lo que ayer decía el propio Albert Rivera sobre la ley de violencia de género.  No impedirá, por supuesto, que las tres derechas puedan sustituir  a Susana Díaz en la Junta de Andalucía, aunque sí que podría acabar cerrando el camino hacia la Moncloa a Pablo Casado y Santiago Abascal. De hecho, Albert Rivera anuncia a sus socios políticos que una en Sevilla y no más allende de Despeñaperros. Este brusco viraje refleja su firme deseo de abandonar la cama redonda de las tres derechas para tratar de recuperar una pareja estable con Sánchez. ¿Por qué ?

La muy potente irrupción de la derecha populista, Vox, segunda manifestación populista tras la izquierdista de Podemos, rompe el común denominador entre el Partido Popular y Ciudadanos basado en recrear un medio ambiente que facilite el procesamiento por traición de Pedro Sánchez, aplicándole el artículo 102 de la Constitución por no reeditar el 155 en Cataluña. Alternativa de las tres derechas que muere de éxito, ya que hoy suenan todas los timbres de alarma e inquietudes de esa poderosa derecha elitista que se sienta en los consejos de administración  por ese posible desembarco derechista en la Moncloa , tras unas elecciones generales, que lo único que haría es radicalizar en dos bloques el país. Urge, pues, enterrar pronto esa opción política y resucitar el non nato gobierno Rivera–Sánchez de hace casi dos años.

Esa contradicción que emerge, la  derecha elitista contra la derecha populista, puede terminar ahora siendo la que sobredetermine las restantes contradicciones que se dan cita en la sociedad española.  Ni la una ni la otra coinciden sobre la soberanía nacional: los elitistas la limitan solo a Cataluña,  mientras que los populistas la llevan a toda la Unión Europea bajo protectorado alemán; por no hablar ya de las divergencias acerca de graves cuestiones como la inmigración, la corrupción o el profundo cabreo de las clases medidas y trabajadoras de la sociedad española.  Porque el euroilusionismo elitista choca abiertamente con el euroescepticismo de los populistas. Lo que sí parece evidente es como los vientos del populismo de derecha, que soplan en toda Europa, empiezan ya a reemplazar  a los del populismo de izquierda en España.

El estratega  derechista estadounidense Steve Bannon, próximo a Vox, juega hoy en la Península Ibérica el mismo papel político que cumplieron durante la transición el teniente general Vernon Walters en la UCD o el socialdemócrata Willy Brandt en el PSOE. Desde el lejano 1975, nunca ninguna gran potencia había  estado tan presente en la política española como este antiguo asesor de Donald Trump. Su cercanía a la derecha populista alarma a la derecha elitista ligada a Angela Merkel. Así la lucha por los mercados de las grandes naciones, como son hoy Alemania o los Estados Unidos, empieza a retrotraernos a nuestro tenso siglo XIX en que, por ejemplo, los generales Nárvaez, Espartero y O´Donnell aparecían vinculados a Francia e Inglaterra. Nada es más parecido al siglo XXI que el siglo XIX.

El gran problema de la derecha elitista es Cataluña, al cortocircuitar la relación de Sánchez con un Rivera que no puede hoy dar marcha atrás so riesgo de hundirse electoralmente. No parece fácil que en la sociedad catalana, durante el juicio a los líderes soberanistas, vaya a reproducirse aquella desmovilización social que se produjo en Euskadi  cuando la condena de seis años de cárcel a Otegi y otros dirigentes de la izquierda abertazle. Y evidentemente, la distensión proyectada por Sánchez no permite que se encame políticamente con Rivera. Sería condición sine que non que se alcanzara una nueva conllevancia de Cataluña con España, como diría Ortega, para que el gobierno Rivera–Sánchez consiga salir adelante.

No hay que subvalorar la potencia del PEPE, Partido Español de Patronos y Empresarios, que en 1936 fundó el banquero Juan March, del que es heredero directo el IBEX –35.  Su capacidad para envolver, alterar y manipular parece muy infinita. Por ejemplo, no hay más que escuchar el sonoro silencio de todo el arco mediático y político, de la derecha a la izquierda, sobre el  escándalo de la Operación Chamartín, donde por contrato secreto se ha vendido al BBVA y al Grupo San José un millón doscientos mil metros cuadrados de la mejor zona de Madrid a un precio bastante por debajo del establecido por el mercado. Para mayor inri la explicación del Ayuntamiento, si es cierto lo publicado por el diario El País, se ajusta como el guante a la mano a los argumentos de la intensa campaña publicitaria mantenida por las plumas del PEPE. Si nadie rompe la operación Chamartín, cabe pues deducir que podría serles posible triunfar con la operación Rivera–Sánchez.