Opinion · El desconcierto

Carmena y el profesor Besteiro

Dos políticas disputan la alcaldía madrileña: Manuela Carmena y Begoña Villacís. O es reelegida la primera o será alcaldesa la edil de Ciudadanos. Esta es la principal incógnita de las próximas elecciones municipales madrileñas. Todas las encuestas coinciden en la urgente necesidad de ambas de lograr las alianzas suficientes para poder formar gobierno municipal. Lo saben el resto de los candidatos, cuentan con ello todos los restantes partidos, que sólo aspiran a poder aportar los suficientes concejales necesarios para la reelección de Carmena o la elección de Villacís. Tanto que el Partido Popular, el PSOE o Podemos, que ha decidido “mantenerse de lado” en la urna municipal, centran sus esperanzas en la disputa por la Comunidad de Madrid.

Begoña Villacís es la candidata de las 3 derechas. De hecho, es la candidata común de Ciudadanos, Partido Popular y VOX. Como en la Santísima Trinidad, son tres en una y una en tres. Dios, en esta ocasión es Albert Rivera; el hijo lo encarna Santiago Abascal y el Espíritu Santo, Pablo Casado. Es el modelo andaluz traducido al castellano. Situar al mejor colocado como caballo ganador para desalojar a Carmena de Cibeles. El apoyo nacionalpopulista es gratis total, y el de los mal llamados populares pediría a cambio, si el parlamento autonómico lo permitiese, la presidencia de la Comunidad  de Madrid para su nueva candidata, Isabel Ayuso, con una imagen similar a Esperanza Aguirre.

Tanto es así, que sectores del PSOE, siempre partidarios de las grandes coaliciones con la diestra, junto con el nuevo partido, recién escindido de una costilla de Podemos, calculan hoy como evitarlo. Bastante equivocados, trabajan con la nada probable posibilidad de una ruptura política de las tres derechas. Un pacto Ciudadanos, Más Madrid, PSOE, que pudiera reeditar aquel gobierno non nato de Rivera con Pedro Sánchez de febrero de 2016. Algo así como un traduttore, mejor dicho traditore, compromiso histórico castizo, o un gran centro carpetovetónico, para cerrar el paso al hipotético pacto municipal de las 3 derechas, a la vez que a la reedición del gobierno de izquierda que, con notable eficacia, ha gobernado Madrid desde 2015.

Esta perspectiva euroilusa, el modelo antipartido Macron en Madrid, complica extraordinariamente la difícil reelección de Carmena, ya de por sí harto complicada. No ha dado más que sus primeros pasos y ya ha roto la  actual mayoría de gobierno sobre la que se ha sostenido la alcaldesa. Tanto Podemos, que ahora permanece de perfil, como Ganemos, Equo e Izquierda Unida, han suspendido de momento el acuerdo político que mantenían con la alcaldesa Carmena en espera de poder comprobar cómo se recompone, si todavía es posible, una alternativa municipal de izquierda. Porque, conviene precisarlo, Manuela Carmena ha perdido el importante blindaje político que le proporcionaban los morados de cara a la izquierda de la izquierda. La suma que la llevó a la alcaldía ya no existe o, mejor dicho, solo existe dispersa.

Los experimentos con gaseosa, no con ese buen champán que es el ayuntamiento de Madrid.  Si las fuerzas progresistas perdieron en 2004 la Comunidad de Madrid, con la traición del llamado tamayazo, igualmente pueden perder en 2019 el municipio experimentando con la gaseosa made in Macron.  Aún no se ha salido de aquella metedura de pata en la Comunidad, y quince años más tarde parece que están a punto de volver a meterla en el municipio. La razón estratégica que pudieran tener los que ahora buscan reconvertir a Ciudadanos en un PSOE bis, como bastante oportunamente ha recordado hasta el propio Felipe González, la pierden completamente al poner en serio riesgo la continuidad del municipio progresista.

Parafraseando a Juan Negrín, sin ganar la guerra electoral no cabe cambio alguno, sea del carácter político que sea. Madrid vuelve a estar cercado en 2019, como lo estuvo en noviembre de 1936 y febrero de 1939, por los herederos de quienes lo cercaron. Entonces, con la brutal crítica por las armas; ahora, con la potente arma de la crítica mediática. Lamentablemente, el escenario de 2019 lleva camino de reproducir el habido en el largo invierno de 1939, donde algunos progresistas apoyaron incluso un golpe de Estado contra el Gobierno democrático, mucho más que el del otoño de 1936, donde la unidad popular impuso el no pasarán. No es, desde luego, imitando el golpe de partido del profesor Julián Besteiro, la mejor forma de defender a Carmena.