Opinion · El desconcierto

Rivera y el gobierno Chamartín

Con agudeza e ingenio, ese brillante portavoz parlamentario del PNV que es Aitor Esteban,  ha llamado crisis del botijo a la ruptura de la mayoría progresista que hasta hoy mismo ha sostenido el gobierno de Pedro Sánchez. Les hubiera dado lo mismo un relator que un botijo de agua, dijo textualmente, respondiendo así al histerismo de la derecha que, tras aceptar a la etarra Belén Peñalva como relatora en su negociación  con ETA en 1999, además de a Juan María Uriarte, como mediador episcopal , ponía el grito en el cielo porque en el diálogo sobre el conflicto catalán aparecía asimismo un relator. Un alarde de cinismo, que al ser comprado por Felipe González, quien también, en 1989 y 1995, aceptó como mediador al Gobierno argelino y a Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, en las conversaciones con ETA, dejó prácticamente solo a Sánchez.

 La segunda defenestración de Pedro Sánchez no ha sido posible, lo ha impedido el gran fracaso de las tres derechas el pasado domingo 10 de febrero. La manifestación contra el traidor terminó en el ridículo más espantoso. Juntos, Pelayo Casado, el Cid Rivera y Santiago Apóstol Abascal apenas reunieron a unos 50.000 mil guerreros contra la AntiEspaña de la Moncloa y el Palacio de San Jaume. Sin embargo, pocos días después, el pasado miércoles 13, los independentistas catalanes les tendían las manos para, como pedía Albert Rivera, echar a Sánchez de la Moncloa. Gracias a esta pinza contra natura, con los líderes catalanes sentados en el banquillo del Supremo, Albert Rivera podía reivindicar esa España, una, grande y libre.

Pero no se trata únicamente de echar a Sánchez de la Moncloa, sino también de Ferraz. Rivera, tras soltar el botijo, lo ha dicho alto y claro: cabe cogobernar con el PSOE, tras las próximas elecciones, si los socialistas decapitan a Sánchez. Rápidamente, ha tomado nota de como el PSOE apoltronado se lavaba las manos en el botijo de Rivera, como si fuera la palangana de Poncio Pilatos, cuando se produjo la reacción histérica ante la posibilidad de un relator. Un torpedo en la línea de flotación de la Moncloa. Desde los tensos tiempos de Unión de Centro Democrático, ningún partido había quedado tan tocado como el PSOE, ni ningún líder político, desde Adolfo Suarez,  tan noqueado como el presidente del Gobierno.

Rivera, mejor dicho quienes le promovieron políticamente, necesita resucitar aquel gobierno no nato de Rivera-Sánchez, bien fallido en febrero del 2016 por la reacción democrática de Podemos. Ahora, lo que propone es lo mismo, pero sin Pedro Sánchez. Es decir, un pacto Ciudadanos-PSOE, que sea una alternativa al gobierno de las tres derechas, que rechazaría por la presencia de Vox, o a un gobierno progresista, que también rechazaría, porque supondría poner en marcha la política social de unos Presupuestos similares a los que acaba de tumbar en la crisis del botijo. No es más que una cuestión de formas, pero en este caso la forma es el contenido. Es mucho más eficaz vender la misma política económica con la cobertura del PSOE que con la de Vox . Se impone, pues, liquidar a un político tan poco fiable para ellos como es Sánchez.

Estamos hoy ante la gestación del gobierno Chamartin, dícese del formado por los partidos que han firmado el contrato secreto de la Operación Chamartín de Madrid, en el que se ha acordado la venta de unos 1200 millones de metros cuadrados públicos al BBVA a un precio bastante por debajo del valor fijado por el mercado madrileño. O sea, Ciudadanos, PSOE y la nueva llamada izquierda amable con la benevolencia, por supuesto, del PP, que  mañana no tendría vela en este entierro de los bienes de titularidad pública ya que se vería tan marginado como Vox. Es decir, la venta como un prospero desarrollo urbanístico y no como lo que es, un puro negocio inmobiliario. Este es el eje social del posible gobierno Chamartín que el líder de Ciudadanos proyecta, con un PSOE sin Sánchez y la izquierda amable escindida de Unidos Podemos.

Albert Rivera vende la piel de Sánchez antes de haberla cazado en las urnas, e intenta embridar el corcel de Abascal que ha montado en la crisis del botijo. No va a tener nada fácil ni lo uno ni lo otro. Los electores socialistas pueden salvar al presidente del Gobierno, al igual que le salvaron los militantes en las primarias de hace dos años, y Vox no solo ha venido para quedarse sino que ya es un potente altaVOX de toda la derecha. Mal que le pese, Rivera ni domina en la derecha, donde todo lo más  ostenta un condominio junto con Abascal, ni le es fácil quitar y poner secretarios generales en el PSOE, mucho menos desde que cabalga junto con Vox. En realidad, podría ocurrirle con su botijo lo que le sucedió a la lechera del cuento con su cántaro.