Opinion · El desconcierto

La VOX de Arrimadas

Inés Arrimadas o Santiago Abascal es el dilema que Albert Rivera ofrece a los electores de Ciudadanos atraídos por la coherencia del discurso de Vox. Debe ser un porcentaje numeroso y, probablemente, en in crescendo. De lo contrario, no hubiera anunciado ayer mismo la retirada de su principal activo en el parlamento autonómico catalán para incorporarlo al frente madrileño en el Congreso de los Diputados. Cuando todavía no ha terminado la áspera batalla del Ebro y los de Ciudadanos apenas se han movido de su sólida trinchera rojigualda, inesperadamente, mueven a Madrid a la lideresa ciudadana, política de fuerte tirón mediático. Algo grave ocurre en el estado mayor de Ciudadanos que tan felices se las prometían.

La coherencia de Vox se traduce en las encuestas. Si como sostiene Casado y repite Rivera, Pedro Sánchez es un traidor y el PSOE su encubridor, Abascal tiene razón. Porque hoy ni el Partido Popular, ni mucho menos Ciudadanos, responden con la firmeza que exigiría la traición y los traidores si así fuese el caso. Ese es el motivo real de la constante fuga de una buena parte de su electorado a las tesis de Santiago Abascal. Si, además, como respuesta, se  propone a Inés Arrimada que, aparte de su verbo florido, no ha hecho nada, lo que se dice nada a lo largo de un año en Barcelona, pese a ser la primera fuerza política, miel sobre hojuelas para Abascal. Sobre todo ,  por si fuera poco, cuando los intelectuales de Ciudadanos manifiestan su rechazo a la decisión de Rivera de no pactar con el PSOE. ¿ Quien dice la verdad, ellos o Arrimadas ?

Arrimadas es todo un regalo para Vox. Cuanto más habla sobre Cataluña, no habla de ninguna otra cuestión, más votos  aporta a Santiago Abascal. Aunque, por supuesto, la intención de Albert Rivera es justamente la contraria, intentar frenar la sangría electoral de Ciudadanos hacia la creciente derecha nacionalpopulista, el resultado es justamente el inverso. Inés Arrimadas ha venido para taponar la hemorragia. Lo que sucede es que entre ella y Vox, mejor el original. No tardará en verse en las encuestas el coste del nuevo error de Albert Rivera. La reciente actuación de la lideresa catalana en Waterloo es la mejor propaganda para la formación de Abascal, a la vez que para Puigdemont, deseoso de ser reconocido como interlocutor. Además, para más inri, sobre Lorena Roldán, la nueva líder de Ciudadanos en el parlamento catalán, empieza apuntarse alguna que otra veleidad nacionalista en el 2013.

Rivera encara muy mal la primavera electoral. Todos los sondeos lo señalan. Ciudadanos padece una fuga de votos hacia el PSOE y Vox. En la cadena de sus sucesivos errores hay que añadir, ayer mismo, el fichaje de una dirigente del PP en Castilla León, Silvia Clemente, marcada por el escándalo de la Gürtel, justo cuando van a abrirse nuevos juicios sobre la mafia política corrupta del Partido Popular. ¿Dónde queda, entonces, el discurso sobre la regeneración de la política? No es casual que todas las encuestas reflejen que se va hacia el práctico empate de las tres derechas, sin que se detecte signo alguno de que Inés Arrimadas vaya a cambiar la relación de fuerzas.

Así pues, todo indica que el ansiado sorpasso de Ciudadanos al Partido Popular quedará como el sueño inalcanzable de Albert Rivera. Quien mejor lo intuye es él mismo cuando quema a Inés Arrimadas en una tarea imposible. Ya le ocurrió en Andalucía, donde ni siquiera pudo rentabilizar la doble corrupción de Pablo Casado y Susana Díaz, y es muy probable que le vuelva a ocurrir el 28 de abril. No sustituyó a Mariano Rajoy, tampoco sustituirá a Pedro Sánchez. Más allá de ser un partido estraportín, no tiene futuro. Su destino es acabar muriendo de éxito. Tanta demagogia airada sobre Cataluña, el auténtico ADN de Ciudadanos, desemboca en quien como Vox lleva hasta sus últimos términos el discurso de la traición.

Si hablas como Vox, te mueves como Vox y gesticulas como Vox, lo más probable es que seas de Vox aunque aún no lo sepas. Rivera es como el pato que describen los estadounidenses para señalar que quien se mueve como un pato, lo más seguro es que también sea un pato. Sensación que crece hoy con la nueva imagen de Inés Arrimadas como alter ego de Rivera. No es extraño que desde la dirección de Vox se empiece ya a insinuar la posibilidad de terminar adelantando al Partido Popular y a Ciudadanos. A unos tres meses de la apertura de las urnas, nada es descartable en la reconfiguración del mapa de las tres derechas. Mucho menos, tras el voxerío de Inés Arrimadas.