Opinión · El desconcierto

Los propietarios de la libertad de expresión

Bajo el título Informe sobre la información, Vázquez Montalbán publicaba su primera obra redactada en la cárcel de Lleida. Más de medio siglo después, fue editada en 1963, sigue siendo hoy una referencia ineludible a la hora de analizar la situación de los medios de comunicación en España. Porque la libertad de expresión, reconocida por el artículo 20 de la Constitución, continúa siendo controlada por aquellos mismos grandes grupos financieros que ya lo hacían en la dictadura con la Ley de Prensa de Fraga. Cada vez que se recuerda esta evidencia, que da la razón a Orwell cuando señalaba que todos somos iguales, pero unos, los bancos, son más iguales que otros, las afiladas plumas de Florentino Pérez, Botín, Fainé y Llorente asociados, devienen bayonetas contra quien sostiene, en palabras del teórico laborista, Harold Lasky, que ningún hombre debería estar situado en la sociedad de tal forma que su ventaja pueda disminuir la capacidad ciudadana de su vecino.

Las grandes familias propietarias que conoció Vázquez Montalbán –Luca de Tena, Godó, Polanco, Asensio, Lara– han sido sustituidas por los consejeros de las entidades financieras y sus descendientes son apenas jarrones chinos bien colocados. La misma Televisión Pública, además, ha sido descapitalizada al privársela del mercado de la publicidad ahora teledirigido hacia las grandes cadenas en manos de los grandes bancos. Allí donde aún no llega directamente este control financiero, las productoras privadas, llega el indirecto a través de Antena-3, TeleCinco o la Sexta. El proceso de concentración y centralización informativo alcanza niveles inquietantes sin que, por ahora, el parlamento haya adoptado medida alguna tendente a limitarlo pese a sus muy graves efectos políticos sobre el sistema democrático.

Santander, la Caixa y el BBVA ocupan los puestos decisivos en los consejos de administración de los más importantes medios de comunicación. Prensa, radio, televisión y, ahora también, algunos digitales, están bajo las Horcas Caudinas de los créditos, préstamos e incluso subvenciones de las entidades financieras. Estos días, la banca acaba de facilitar la singular entrada del Grupo Moll en la editorial Zeta, propietaria del diario El Periódico, de Barcelona, pese a que la oferta de compra de Mediapro era mucho más elevada; por no hablar del Grupo Prisa, beneficiario de una sustanciosa ayuda para recuperar la editorial Santillana. No son, pues, criterios de rentabilidad, todo lo contrario, los que han determinado estas decisiones de los financieros sobre estos dos importantes medios de comunicación.

Desde 1982, año en que desaparecieron las dos últimas cabeceras de izquierda, Triunfo y La Calle, no ha existido ningún otro medio de comunicación impreso independiente de los bancos. Desde aquel entonces, tanto con cabeceras conservadoras, centristas, como progresistas, se ha vivido, se continúa y se continuará  viviendo, informativamente hablando, bajo los  estereotipos informativos de los poderosos. Un único denominador común, la línea editorial económico-social, los vincula desde el ABC a El País a un bipartidismo periodístico que reflejaba el bipartidismo parlamentario. No es casual que  algunos periodistas hayan dado el salto político a las candidaturas de las tres derechas, ni que otros hayan aspirado a reeditar a Fouché en el PSOE o en el PP. Esa es la práctica de la teórica libertad de expresión en la sociedad española.

Estos diarios de orden coexisten con el periodismo de las cloacas que es una peculiaridad española del viejo periodismo amarillo. Son los que hacen el trabajo sucio, que luego son promovidos desde las tertulias de los medios que se autocalifican de socialdemócratas. La larga dictadura de Franco, la opaca lucha antiterrorista que se ha desarrollado durante medio siglo –¿por qué no se publica la lista de periodistas que cobraban de los fondos reservados de Interior?–, y la muy extensa e intensa corrupción congénita de la mafia del PP, han generado  una especie de subgénero informativo, bastante conectado con Villarejos y demás basura policial patriótica, que se reviste como periodismo de investigación. Líderes demócratas son atropellados por ese camión de la basura que se pasea semanalmente por los platós televisivos.

Coherente con este orden informativo es que todo lo que se refiere a la información sobre Podemos, que denuncia la brutal desigualdad informativa de la sociedad española, sea mal ajustada ahora a una específica prueba de algodón democrático. Basta poner un ejemplo para explicarlo. Si Pablo Iglesias hubiera despedido a Iñigo Errejón tras Vistalegre II, tal y como Pedro Sánchez acaba de despedir a la quinta columna de Susana Díaz en el grupo parlamentario del PSOE, no hay duda de que hubiese sido presentado como el buen nieto predilecto de Stalin. No es más que una anécdota, pero que junto a otras revela que, una vez más, el trato con Podemos es más desigual que con otras siglas. Cierto que los problemas internos de Podemos no surgen ni son responsabilidad de los informadores, pero no lo es mucho menos que se cocinan con saña  por los más reputados altos chefs de los medios de comunicación cooptados previamente por los propietarios.

Por si faltara alguna prueba de este control de la Banca sobre los medios de comunicación, es que tanto antes, como durante y seguramente después del 28 de abril, todos a una defienden la coalición PSOE-Ciudadanos. O sea, todos se posicionan, muy bien alineados, contra la opción del gobierno progresista de Sanchez que todas las encuestas señalan como la preferida por la mayoría de los españoles y, por supuesto, de los electores socialistas. Que, mire usted por donde, es la que rechazan el Santander, el BBVA y La Caixa. Los mismos, banqueros y medios, que contribuyeron ayer a defenestrar a Pedro Sánchez, los mismos, banqueros y medios, que apoyaron en las primarias socialistas a Susana Díaz, volverán hoy a las andadas si Sánchez no dobla la rodilla tras el triunfo progresista. Evidentemente, esperaban que tal vez Iglesias les ahorrase el trabajo arremetiendo hoy contra la Moncloa, lo que hubiera facilitado el gobierno Sánchez-Rivera que buscan, pero la inteligente respuesta de Podemos desnuda todas las vergüenzas políticas y mediáticas de los que juegan a burlar el voto soberano del pueblo español.