Opinion · El desconcierto

El fracaso de la reunificación de Aznar

Cuanto más clama Aznar a las tres derechas, para que acepten su decreto de reunificación, menos se le oye. Ni siquiera su impostada mirada, de la que tanto alardea, atemoriza. Quiere imitar a Franco, cuando reunificó en 1937 a a Falange, Comunión Tradicionalista y las Jons, pero Franquito, como le llaman sus íntimos, por mucho que lo intenta no logra siquiera reunificar al Partido Popular, Ciudadanos y Vox. Solo el más débil e incompetente de los tres líderes, Casado, le escucha por la cuenta que le trae; dado que el ayer caudillo de las Azores intenta colocar a Albert Rivera y a Santiago Abascal como acólitos a su servicio. Hasta los nacionalpopulistas se ríen en su cara de su inútil reto. No parece que pueda ser el encargado de llamar al orden, el político que alardeó de hablar catalán en la intimidad, y definió a ETA como Movimiento de Liberación Nacional Vasco, justo antes de enviar a Zarzalejos, Martí Fluxá y Pedro Arriola  a negociar con los etarras en Zurich.

Las tres derechas son como el camarote de los hermanos Marx. Casado le ofrece a Rivera el ministerio de Asuntos Exteriores, Rivera a Casado el de Universidades, Abascal pasa de la derechita cobarde del PP y de la derecha veleta de Ciudadanos. Todos contra todos. Están a minuto y medio de acusarse de traición, e incluso disputan en Barcelona, donde Arrimadas y Alvárez de Toledo compiten por ver cual de las dos paga el coste de los inútiles que dirigen sus respectivos partidos. Tanto que las tres derechas sustituyen a los profesionales de la política por aficionados, periodistas, ejecutivos ad hoc de medio pelo, toreros, militares en la reserva y demás personal  amateur sin relieve ni graduación. Si Fraga o Suarez vieran hoy en lo que se ha convertido  la derecha política, los correrían a gorrazos. Sin embargo, la pregunta procede:  ¿qué pasa en las tres derechas ?

Exactamente lo mismo que les pasó a Armada, Milans del Bosch y Tejero aquel 23 de febrero de 1981. Aquellos tres golpistas, como sucederá con estas tres derechas, se perdieron en el laberinto de los tres golpes porque cada uno de ellos creía y tenía  su propio golpe. PP, Ciudadanos y Vox repiten la confusión protagonizada por los tricornios de Tejero, la acorazada de Milans del Bosch y la infantería de Armada. Desean el mismo objetivo, la involución, pero no de la misma manera. Cada uno de estos líderes intenta manipular a los dos restantes, al tiempo que llevarse la tajada mayor de la piel de Sánchez que anhelan cazar. En lo que resta, hasta el proximo 28 de abril, las tres derechas van a quedar muy reducidas políticamente, como también quedaron igualmente menguados los tres golpistas del 23 F.

Al caudillo Aznar le ha salido el tiro político por la culata de las tres derechas. Comenzó nombrando herederos a Pablo Casado, a Albert Rivera y a Santiago Abascal, y termina desheredando a los dos últimos en beneficio del primero. El programa de la FAES, 155 en Cataluña, recortes sociales y recentralización de España, es también el de Partido Popular, Ciudadanos y Vox; pero Casado sospecha que Albert Rivera le va a traicionar con Pedro Sánchez, a la vez que Vox considera siempre a Rivera como un traidor potencial y a Pablo Casado como un líder sin carisma. Paralelamente, Rivera contempla a Casado como  un sosias de  Antonio Hernández Mancha, y a Abascal como el portavoz de esa derecha nacionalpopulista, que la derecha elitista rechaza por su defensa de una política de estado ajena al proyecto globalizador de Ciudadanos.

Del mismo modo que los tres golpistas del 23 F. se anularon entre sí, las tres derechas se neutralizarán en las urnas del 28 de abril. Los electores más ideologizados se encaminan ya hacia Vox, los más moderados hacia el PSOE. Son dos proyectos claros, coherentes y potentes frente a la casa de tócame Roque que son hoy  el Partido Popular y Ciudadanos. Si Sánchez es el conde Don Julián, como sostienen las tres derechas, la única respuesta es  la que encabeza Abascal; si no lo es, no proceden las propuestas de Casado o Rivera porque serían cómplices de la difamación. Ese es el problema de Aznar. Ha sido tan pirómano en su desaforado ataque a los socialistas que ya se le queda pequeño un bombero como Pablo Casado, que no hace más que repetir todo lo que dice Vox.

González vivió catorce años en la Moncloa de la desintegración de la derecha, Sánchez podría aspirar a vivir  de esta tensa implosión de las tres derechas. Hoy por hoy, ni la derecha corrupta de Casado, ni la derecha elitista de Rivera, ni la derecha nacionalpopulista de Abascal pueden ser alternativa al Gobierno progresista de Sánchez, juntas o por separado. Aunque aún está por despejarse la incógnita sobre la real dimensión de la irresistible ascensión de Vox, que puede ser una buena radiografía de las pulsiones políticas existentes en la derecha sociológica, puede decirse que el estallido de las tres derechas es el epílogo de la derecha española tal como la hemos conocido desde la transición. Solo falta por saber si el nacionalpopulismo de Vox es el prólogo. La noche del 28 de abril tendremos la respuesta.