Opinión · El desconcierto

¿Por qué el dependiente Rivera se reviste de independiente?

Cuando un dependiente del Ibex, como Albert Rivera, afirma que han votado los españoles y no la CEOE ni un banco, solo caben tres opciones para poder entender lo que dice. Se ha pasado de la raya, ha sido despedido, o bien, comienza a ponerse hoy mismo el traje de independiente para intentar, pasadas las triples urnas del 26 de mayo, que Sánchez le acepte como socio en un gobierno de coalición. Nada perjudicaría hoy más los intereses de los que quieren birlar y  burlar el voto mayoritario de la soberanía popular, en pro de un gobierno progresista, que Ciudadanos aparezca como una sucursal bancaria del Santander. Toca, pues, cuestionar a Botín para mejor servir a Botín.

Por decir mucho menos, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias vienen siendo empapelados desde la misma noche del 28 de abril por el brazo mediático de la banca. Sintomáticamente, ninguno de sus publicistas ha criticado la afirmación del líder del partido de la banca. Todo lo contrario. Se elogia la autonomía de quien, políticamente hablando, es apenas algo más que un mero ejecutivo de La Caixa. Conviene pues, a los padrinos de Albert Rivera, vestirle con un nuevo traje que lo haga mucho más presentable justo antes de las grandes maniobras financieras a desarrollar después del 26 de mayo. Así se explica que goce de bula papal para decir lo que dicho por Sánchez e Iglesias siempre es descalificado en los juicios sumarísimos que los poderosos montan mediáticamente.

La nueva máscara de Albert Rivera, además de ser un primer paso hacia Sánchez, es como una red de pesca que trata de capturar el voto autonómico, municipal y europeo. Porque el muro del dinero solo podrá incrementar su presión, para vetar el posible pacto de Sánchez con Iglesias, si consigue condicionar la formación de los gobiernos municipales y autonómicos en los que algunos barones socialistas, supervivientes del viejo PSOE, estarían encantados de sostenerse sobre Ciudadanos. Es decir, doblar la presión externa, bien patente en los medios de comunicación, con la intensificación de la presión interna del viejo socialismo deseoso de intercambiar cromos políticos con los independientes de Rivera. Bien a corto plazo, bien a medio, cuando reviente un posible acuerdo del PSOE con Podemos, como indica un buen conocedor del milieu financiero, Manel Pérez, de La Vanguardia.

Cerrado el nuevo mapa político, los independientes de Albert Rivera podrían abrirse hacia el PSOE para evitar, claro está, el viraje socio-económico real que supondría un programa común de Sánchez e Iglesias. Habría llegado la hora del recuperar el primer traje centrista de Adolfo Suárez con el que Albert Rivera fue enviado a Madrid por el Banco Sabadell con la misión de frenar al primer Podemos. Ni verdes, ni morados, sería la consigna mediática, por supuesto patriótica, de Ciudadanos para emplazar al PSOE a que se dirija mañana por la senda financiera. Con el objetivo, muy bien definido, de recuperar el programa de aquel gobierno non nato del invierno de 2016. O sea, que el salario mínimo no vuelva a subir un 22 %, fruto del acuerdo del PSOE con Podemos, sino el 1% que fijaba el PSOE con Ciudadanos.

Así, Albert Rivera sería presentado como un independiente del Ibex, cuando no lo es, frente a Sánchez como dependiente de Podemos, cuando dirige una organización rival. La falacia de un seudo centro izquierda enfrentado, como no, a los rojoseparatistas de Sánchez e Iglesias. El brazo mediático se encargaría, una vez más, de encaminar al líder socialista por un auténtico vía crucis, si no atiende pronto a las razones de los promotores de Ciudadanos, y de volver a crucificar al líder morado por continuar defendiendo el voto mayoritario progresista de la mayoría de la sociedad, como se volvió a evidenciar bien en las declaraciones de los dos dirigentes sindicales, Unai Sordo de CCOO y José María Alvárez de UGT, en el 1 de mayo.

El problema de Ciudadanos y de sus padrinos es que aunque la mona se vista de seda, mona se queda. No le puede quedar peor el traje de independiente a un dependiente tan genético como es Rivera. Por mucho que se mire en el espejo político, Ciudadanos es una de las tres derechas que gobiernan en Andalucía y van a volver a hacerlo, si es que pueden, en otras comunidades y municipios. Es ahí, justo en las urnas del 26 de mayo, donde la recién reeditada mayoría progresista debe intentar romperles los dientes electorales e impedir que logren presionar al nuevo socialismo para que reedite la amarga experiencia del viejo socialismo. O sea, invitarle a que se suicide, porque los socialistas solo han renacido de la mano de quien como Sánchez respeta el voto popular. Ayer, con el no es no a Rajoy, y hoy con el no a Rivera.