Opinión · El desconcierto

La impaciencia de Más Madrid

Ganar Madrid , tanto para la derecha como para la izquierda, es mucho más que ganar Madrid. Al ser capital del Estado español, sus urnas tienen una dimensión simbólica que a nadie escapa. Perder Madrid, por mucho que se gane en otras capitales, es no ganar en España. La batalla electoral del 26 de mayo sobredetermina a las tres urnas que cierren la noche del próximo domingo No en vano, desde ambos sectores sociopolíticos, se pone toda la carne en el asador madrileño, donde las tres derechas se enfrentan, algo inédito hasta ahora, a las tres izquierdas. Es decir, las fuerzas progresistas, al triplicar su oferta , pierden la ventaja electoral que supone enfrentarse a la tríada conservadora.

Carmena no correría  hoy riesgo alguno de perder la alcaldía, ni Gabilondo de alcanzar la presidencia de Madrid, si los progresistas hubieran concentrado su voto en el Partido Socialista Obrero Español o en Unidas Podemos. Su triunfo sería ya una realidad en todos los sondeos. Si no es así, se debe a que un nuevo partido, Más Madrid se presenta en las elecciones madrileñas. Así, la actual división morada, entre las dos almas que insuflaron la vida a Podemos hace un quinquenio, proyectada al escenario social de la izquierda madrileña se convierte, volens, nolens, en un serio peligro para el conjunto de las fuerzas de progreso. Con el riesgo cierto, sobre todo en el municipio, que todos pierdan y ninguno gane.

Era lógico e inevitable. Quienes han optado por Más Madrid, Menos Podemos, que rompe la unidad de los morados, encuentran la respuesta de Madrid en Pié, que rompe el electorado común. Así todas las fuerzas progresistas que llevaron a Carmena al Palacio de Comunicaciones se bifurcan hoy en dos opciones electorales rivales. En la misma medida en que trasladan a la sociedad sus controversias internas, las respectivas ofertas electorales se adentran en un terreno pantanoso. Atentar contra la rica heterogeneidad de un amplio movimiento social que se impuso en 2015, tratando de imponer una concepción unilateral, contribuye a debilitar extraordinariamente el bloque de progreso.

A unos cinco días de las elecciones, a la vista de los sondeos, sus promotores apelan  angustiosamente al voto útil a la vez que descalifican los restantes votos progresistas. O se vota al fundador o se vota a la derecha, es hoy el eslogan nada socialdemócrata de quienes aplauden el parto de un nuevo partido aquí y ahora. No es más que una mera copia del llamamiento implícito, eso sí con mucho más fundamento, que el que pide el PSOE cada vez que se convocan elecciones desde hace cuarenta años.  ¿Por qué va ser más útil votar a Más Madrid que votar al PSOE ? Ya puestos, podrían volvérselo por pasiva y continuar votando a Unidas Podemos, y ahora Carmena sería ya alcaldesa in pectore.

La cuestión es: ¿La situación interna en Podemos era tan grave que se hacía urgente la fundación de un nuevo partido en las mismas  vísperas de unas cruciales elecciones municipales-autonómicas ? Probablemente, necesitaban las urnas para mezclar un problema interno, la lucha por el poder en la cúpula de Podemos, con uno externo, la lucha por el poder municipal. Combinando una con otra, tal vez, les sería menos complicado alcanzar sus objetivos de lo que, evidentemente, está siendo. Sea como sea, el hecho cierto es que han colocado los bueyes de los partidos justo por delante de la carreta progresista, obstaculizando seriamente que llegue a la alcaldía y a la presidencia de la Comunidad de Madrid.

Antes de que se pueda dilucidar si es necesario Más Madrid y Menos Podemos, es previo saber si  Madrid  va a continuar en manos de la izquierda, en el Ayuntamiento, y si la autonomía madrileña puede ser arrebatada a la derecha. Reasentada Manuela Carmena en el ayuntamiento y sentado Gabilondo en la Comunidad, cabe entonces ajustar todas las cuentas políticas internas sin poner en riesgo el interés común. Intentarlo antes, justo cuando se abren las urnas, es allanar el camino a los contrarios. La impaciencia es un  grave defecto político, máxime cuando va acompañada de la ambición. Un error de tiempo en política, advertía alguien, es  muchísimo más lesivo que en gramática. Para vencer a los enemigos del pueblo, parafraseando a Danton, hace falta paciencia, paciencia y paciencia.