Opinion · El desconcierto

A garrotazos Rivera con Casado, Errejón con Iglesias

Duelo a Garrotazos es el título que Goya puso a una de sus pinturas negras, en la que dos hombres se golpean enterrados hasta las rodillas. Nada más idóneo para describir el doble duelo electoral del domingo 26 de mayo. En la derecha, Albert Rivera frente a Pablo Casado; en la izquierda Iñigo Errejón contra Pablo Iglesias. Los dos primeros ante toda España, los segundos solo ante Madrid, aunque es bastante evidente la posterior repercusión política que tendrá su enfrentamiento en el marco estatal. Junto con la incógnita sobre los resultados de las triples urnas, que volverán a dar la victoria al Partido Socialista como señalan los sondeos, es este doble duelo a garrotazos electorales el que centra la atención de los observadores.

El ego exacerbado y el impulso cainita enmarcan la desesperada lucha de estos contendientes que se hunden ante un Pedro Sánchez plácido, sentado en la puerta de Ferraz, viendo pasar los cadáveres de sus contrincantes. Nada separa, ni en lo político ni en lo ideológico, a Rivera de Casado, ni a Errejón de Iglesias. Se trata únicamente de saber quién va a detentar mañana el poder en la derecha elitista, PP y Ciudadanos, y en la izquierda progresista, en la que ha derivado aquel Podemos nacido hace un quinquenio. En otras palabras, ¿quién va a liderar la oposición de derechas al socialismo? y ¿quién se va a sentar en la mesa con los socialistas? Recordemos que nada más español que aquello de quítate tú para que me ponga yo.

Si Rivera vuelve a fracasar en el sorpasso al Partido Popular, podría acabar siendo incluido en los ERES de la Caixa actualmente en tramitación. Nunca un ejecutivo de la Banca, trasladado hace un quinquenio a Madrid en comisión de  servicios, ha sido más torpe ni desleal. Si Casado no logra mantener el liderazgo de la oposición de derecha, ya pueda ir haciendo las maletas a partir del próximo lunes. Las sobreactuaciones de los últimos días, tanto en el Congreso de los Diputados como en la plaza pública, reflejan las inquietudes de ambos líderes sobre su futuro. Nunca como hoy la derecha, el partido de Manuel Fraga y de Rajoy, había caído tan bajo. Y mal augurio es que ni el PP ni Ciudadanos sepan ahora cooptar y cribar la elección de sus líderes.

Si Errejón se sitúa por delante de Podemos en la Comunidad de Madrid y, sobre todo, si Carmena continúa como alcaldesa, Iglesias acabará siendo relevado por Irene Montero; aunque consiga dilatar la sucesión, si Pedro Sánchez le echa una mano. Si, por el contrario, la impaciencia de Iñigo Errejón por construir un partido en las vísperas de las elecciones del 26 de mayo, provoca que el ayuntamiento de Madrid pase a manos de la derecha, ya puede ir buscándose un acomodo en el PSOE, tal y como hicieron con anterioridad  los políticos que intentaron montar en una probeta, apoyada por determinados medios de comunicación, un partido entre el PSOE y la izquierda comunista. En cualquier hipótesis, nada cambia políticamente si gana uno o gana el otro. Tanto monta, monta tanto Errejón como Iglesias.

Aconsejaba San Felipe Neri, cuya festividad se celebra el próximo domingo 26 de mayo, vencer la tentación de la ira, resistiéndola, y también de la vanagloria, despreciándola. No es el caso de estos cuatro políticos airados por la soberbia que les caracteriza. ¿Dónde reside la diferencia entre Casado y Rivera si compiten por ver quien  dice más disparates? ¿Puede explicar  Iñigo Errejón por qué funda un partido similar a Podemos cuando ya  fundó con Iglesias Unidas Podemos? Sobre todo, cuando los dos de la derecha carecen de alternativa al Partido Socialista, y los de la izquierda no tienen más alternativa que la de acompañar a Pedro Sánchez, que es quien en esta coyuntura lidera las fuerzas progresistas.

Las mismas causas producen siempre los mismos efectos. Si González gobernó, fue porque ni el PP ni el PCE disponían de capacidad gubernamental. Sánchez gobernará por idénticas razones. Una derecha lunática, PP y UCD, son los actuales modelos suicidas del PP y Ciudadanos, y una izquierda fratricida, en la que las microfracciones del PCE se enzarzaban a la yugular, tal como ahora lo hacen los dos micro partidos, Más Madrid y Podemos. Cuando San Felipe Neri llegó a Roma en 1533, la corrupción de los Médicis era bastante análoga a la existente en el Madrid del caudillo Aznar, y el infantilismo político de los que la denunciaban, similar al de nuestros progresistas. Hasta el punto de que la interrogante preferida de San Felipe Neri  ¿cuándo vamos a esperar a volvernos mayores?, continúa siendo de actualidad.