Opinión · El desconcierto

Las buenas intenciones de Errejón

De buenas intenciones, como se suele decir, está empedrado el camino del infierno. No escapan tampoco las buenas intenciones de Errejón de esta sentencia popular. Nos referimos a su ofrecimiento público al PSOE y C’s de un pacto político que pudiera impedir que Vox gobierne, junto con el PP y Ciudadanos, el municipio madrileño y la Comunidad de Madrid. Oferta bien intencionada, desde luego, pero tan inviable como claramente contraproducente a la vez que del todo inútil. Aunque, ciertamente, coherente con la trayectoria del líder del nuevo partido escindido de Podemos, Más Madrid, cuando como portavoz aún morado manifestaba su acuerdo con la tentativa en febrero de 2016 de formar aquel non nato gobierno Rivera- Sánchez.

La principal argumentación de Errejón, frenar a la extrema derecha, es contradictoria con su propuesta de incluir a Ciudadanos en dicho pacto. No sólo porque ya Rivera cogobierna Andalucía con Abascal sino, sobre todo, porque es precisamente la política neoliberal la que alberga en su seno el huevo de la serpiente fascista. Ello es bien evidente en Francia, Italia, Austria, Holanda o los Estados Unidos. En la imposible hipótesis de que fuera viable dicho ofrecimiento, ya se ha encargado ayer José Manuel Villegas de rechazarlo en nombre de la formación naranja, equivaldría tanto a pan para hoy como a hambre para mañana. Lo que se pudiera frenar en 2019 se multiplicaría a partir de 2020. Sin un cambio de política económica, impensable con Cs, es una oferta inútil.

Sin una política de alianzas democráticas, que combine los intereses de las clases medias con los de las clases populares, no cabe una respuesta contundente a la extrema derecha. Creer, por el contrario, que es suficiente respuesta la de articular un compromiso de las clases medias con las clases altas es alimentar todo aquello que se busca combatir. Precisamente en Madrid, donde Errejón acaba de sufrir una dura derrota, muchos electores han votado sin votar en desacuerdo con la total subordinación de los intereses del Sur a los del Norte de Madrid. Aliarse con Rivera sería acelerar este proceso que puede llevar a estos distritos a la reconversión habida en el cinturón rojo de París que hoy vota a Le Pen.

Con Rivera no, gritaban las bases socialistas a Sánchez la noche del 28 de abril. Es el mismo grito que se oye en los círculos de Podemos desde aquel febrero de 2016 en que ya Iñigo Errejón defendía aquel acuerdo fallido de Sánchez con Rivera. No puede ser, por lo tanto, más inoportuna esta oferta de hoy por cuanto coincide con la presión del Ibex sobre la Moncloa para que pacte con Ciudadanos. Equivale a un auténtico guiño de ojo a Botín and cia aunque, por supuesto, no sea éste el objetivo buscado por el líder de esa nueva izquierda que, según él,  ha devuelto la esperanza. Veremos si es así o no, el tiempo lo dirá, pero no con esta propuesta política que provoca, por el contrario, la desesperación social.

Quizás sea esa, la difícil creación de un nuevo partido entre el PSOE y Podemos, la explicación de esta oferta. Tal vez, el sueño de una vicepresidencia en la Comunidad de Madrid pueda tener algo que ver, inconscientemente, con una propuesta inviable que, si fuera viable, proporcionaría a Errejón la plataforma ideal para lanzar una nueva sigla a un mercado como el de la izquierda dominado por el duopolio de Sánchez e Iglesias. Ni quien es hegemónico como el PSOE, ni quien es subalterno como Podemos, pese a su interminable crisis, parecen dispuestos a abrirle un hueco por donde colarse. Con toda una nueva legislatura por delante, cuatro años, ni Sánchez ni Iglesias están por la labor.

Contra lo que sugiere una buena pluma amiga de Iñigo Errejón, la de Germán Cano en un interesante artículo en la edición de ayer de El País, la implosión de Podemos, más allá del envoltorio ideológico, muy poco tiene que ver con la sufrida por el PCE en la transición. En la del Partido Comunista y el resto de las fuerzas políticas emergentes la pugna era sobre todo generacional– Carrillo versus Bravo, Llopis versus González,  Fraga versus Suárez– donde tanto los viejos como los jóvenes luchaban por el poder interno. No existe hoy ninguna lucha generacional, ni en Podemos, el PSOE o el PP. Son sólo jóvenes contra jóvenes: Iglesias, Sánchez, Casado y Rivera. De este cuadro juvenil ha quedado fuera quien como Iñigo Errejón intenta no verse desenfocado. Lógico que lo intente, pero no con iniciativas que si se concretaran solo beneficiarían a quien quiere combatir. La ambición nunca debería ser mayor que la inteligencia.